Sábado, 10 de enero de 2026 Sáb 10/01/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Jörgen Boassen, el amigo inuit de Trump Jr. que quiere hacer de Groenlandia un paraíso libertario: "O EEUU o China"

Jörgen Boassen, el amigo inuit de Trump Jr. que quiere hacer de Groenlandia un paraíso libertario: "O EEUU o China"
Artículo Completo 2,935 palabras
Lo acompañó junto a Charlie Kirk durante su visita a Nuuk. Es amigo de Tom Dans, presidente de la Comisión de Investigación Ártica de EEUU (USARC). "Si Trump no viene lo harán los chinos, que también quieren comprar nuestra tierra. La UE no nos va a proteger. No puede defenderse ni a sí misma", afirma. Más información: Groenlandia, paraíso de las tierras raras y puerta de acceso para el control del Ártico: por qué Trump desea conquistarla.

Jörgen Boassen es uno de los principales defensores del trumpismo en Estados Unidos; en la foto, junto a Donald Trump Jr. (d) en su visita a Nuuk, capital de Groenlandia. Reuters

Reportajes Jörgen Boassen, el amigo inuit de Trump Jr. que quiere hacer de Groenlandia un paraíso libertario: "O EEUU o China"

Lo acompañó junto a Charlie Kirk durante su visita a Nuuk. Es amigo de Tom Dans, presidente de la Comisión de Investigación Ártica de EEUU (USARC).

"Si Trump no viene lo harán los chinos, que también quieren comprar nuestra tierra. La UE no nos va a proteger. No puede defenderse ni a sí misma", afirma.

Más informaciónGroenlandia, paraíso de las tierras raras y puerta de acceso para el control del Ártico: por qué Trump desea conquistarla.

Publicada 10 enero 2026 01:40h

Hace unos meses Jörgen Boassen estaba disfrutando de una cerveza helada en un bar de Nuuk (Groenlandia) cuando un hombre irrumpió en el local y fue derecho hacia él. No vio venir el puñetazo en la cara que lo tumbó, pero tampoco le sorprendió. No era la primera vez que lo amenazaban. Ni que intentaban agredirle.

Jörgen es un personaje que despierta tanta admiración como recelo entre los groenlandeses. "Yo soy un activista y un rebelde. Un miembro de la resistencia", asegura en conversación con EL ESPAÑOL.

Algunos lo tachan de traidor por ser un ferviente simpatizante de Donald Trump y por ver con buenos ojos una mayor influencia de Estados Unidos en la isla ártica. Hasta abraza la idea de que algunos magnates de Silicon Valley quieran transformar el país en un paraíso tecnolibertario que forme parte de la red de ciudades gobernadas por empresas privadas, como Próspera.

Jörgen Boassen junto a Charlie Kirk sosteniendo la bandera de Groenlandia. Cedida

Otros lo admiran por ser un altavoz del pueblo inuit (los mal llamados esquimales) y por atreverse a decir lo que el resto no tiene el coraje de expresar: que Dinamarca, y por extensión la Unión Europea, es vista por muchos locales como una potencia neocolonizadora que no les deja tomar sus propias decisiones y de la que son totalmente dependientes.

No es el único que percibe la situación en estos términos. Ni siquiera entre los no trumpistas. Esta misma semana, Pipaluk Lynge, diputada groenlandesa y presidenta del Comité de Política Exterior y Seguridad de Groenlandia, socialista y proindependentista, denunció públicamente que era "inaceptable" que se celebrara "una reunión histórica" sobre el futuro del país sin contar con su formación.

Tras las amenazas de Trump en las que habló de la necesidad de tener una mayor influencia en Groenlandia, ya sea mediante la compra de la isla, por el establecimiento de un tratado de libre anexión o, quién sabe, mediante el uso de la fuerza, el Gobierno danés convocó una reunión de crisis a puerta cerrada en el Parlamento de Copenhague para debatir sobre el porvenir del país.

Sin embargo, al encuentro no invitó a ningún representante del Parlamento groenlandés.

Groenlandia, paraíso de las tierras raras y puerta de acceso para el control del Ártico: por qué Trump desea conquistarla

La decepción de los independentistas obligó a un cambio rápido: Dinamarca aceptó incluir a los diputados de Lynge en un encuentro posterior. También en la reunión tripartita que se celebrará la semana que viene en Washington con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.

Situaciones así, sugiere Boassen, tan sólo "refuerzan" su argumento: "No se puede confiar en los políticos daneses. Confiamos más en Washington que en Copenhague. Al menos, Trump quiere que los inuit seamos reconocidos".

Para Boassen, independientemente de la ideología, su lucha se reduce al color de la piel; a la independencia de su pueblo. Y a la calidad de vida.

"¿Quiénes son los ricos? Los daneses. ¿Y los pobres? Los ciudadanos de Groenlandia. Nos integramos en el Reino de Dinamarca en 1953 sin un referéndum. Tenemos la mayor tasa de suicidios en el mundo. Crimen. Pobreza. De todo. Un cambio sólo puede mejorar las cosas". Y añade: "En la historia tuvimos a Alejandro Magno, a Gengis Kan, a Roma, a los británicos, a los vikingos; las esferas de influencia siempre cambian. ¿Por qué no Estados Unidos?".

Jörgen Boassen junto a Thomas E. Dans, presidente de la U.S. Arctic Research Commission.

El ascenso de un albañil

Movido por una mezcla de rechazo visceral al colonialismo danés, Jörgen Boassen, empresario al frente de un negocio de albañilería, comenzó a ver en los discuros de Donald Trump una solución a la falta de futuro de los groenlandeses. La propaganda del movimiento MAGA le hizo mella, y Boassen pasó de ser un sencillo empresario de Nuuk a una importante figura del activismo trumpista en la isla.

"Un día recibí una llamada. Era Charlie Kirk. '¿Cómo estás? ¿Tienes tiempo?', recuerdo que me preguntó", relata Boassen. "Un amigo mío le había hablado de mis ideas y le pasó mi teléfono. Establecimos contacto. Así empezó todo. Fue justo hace un año".

"Poco después, él vino a Nuuk junto a Donald Trump Jr., el hijo del Presidente. Querían saber todo sobre Groenlandia. El clima, la gente, las costumbres, la cultura, los ingresos, cómo vivimos y cómo nos sentimos".

Efectivamente, el 7 de enero de 2025 Donald Trump Jr., Charlie Kirk y Sergio Gor, entonces director de la oficina de personal de la Casa Blanca, aterrizaron en Nuuk, capital de Groenlandia, a bordo del Trump Force One.

Tierras raras o petróleo en el Ártico: los motivos de la obsesión de Trump por una Groenlandia rica en recursos

La visita, presentada oficialmente como un viaje turístico personal, no incluyó ninguna reunión oficial con representantes del gobierno groenlandés. Sin embargo, Boassen fue quien recibió a Donald Trump Jr. en el aeropuerto. Era una declaración de intenciones.

El albañil llevó al hijo del presidente electo a recorrer varios lugares emblemáticos de la ciudad y luego organizó una reunión con simpatizantes locales de Trump en el restaurante steakhouse del Hotel Hans Egede, donde Trump Jr. le preguntó sobre las actitudes de los groenlandeses hacia Estados Unidos y Dinamarca.

Detrás de este viaje estuvo otra figura clave en las relaciones entre Estados Unidos y Groenlandia: Thomas E. Dans, un inversor de capital riesgo nombrado por Trump como chairman de la Comisión de Investigación Ártica de Estados Unidos (USARC). También es fundador de la organización sin ánimo de lucro American Daybreak, que promueve lazos entre Estados Unidos y Groenlandia.

Dans, cuyo abuelo ayudó a construir tras la Segunda Guerra Mundial la base aérea de Thule –hoy Base Espacial de Pituffik, donde se encuentra uno de los sistemas antimisiles balísticos más avanzado de EEUU–, ha sido el principal arquitecto de las redes trumpistas en el ártico. Fue él quien ayudó a organizar el viaje de Kirk y Trump Jr. a Groenlandia.

Peter Thiel, Jörgen Boassen, Trump Jr. y Donald Trump. Arte / E. E.

"American Daybreak es una organización que ha crecido para establecer más vínculos entre ambos países. Cultura, deporte, educación... lo que conocemos como 'diplomacia blanda'", asegura Boassen, amigo de Dans. "Aunque, claro, todo puede vincularse con otras cuestiones tácticas".

De Truman a Trump: una vieja obsesión

La idea de adquirir Groenlandia no nació en la mente de Donald Trump. En 1946, el presidente Harry Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares en oro, el equivalente a 1.300 millones actuales, a cambio de la isla, invocando su importancia militar en el inicio de la Guerra Fría. Copenhague rechazó la propuesta.

Desde entonces, Estados Unidos ha planteado de forma periódica fórmulas para aumentar su control sobre el territorio. Trump la llevó al primer plano mediático en 2019, cuando habló públicamente de "comprar Groenlandia" como si fuera "una gran operación inmobiliaria", y retomó el asunto tras volver a la Casa Blanca.

La presión de Trump aviva las tensiones políticas en Groenlandia: "Dinamarca no nos protege. EEUU, sí"

​La novedad en 2026 no es tanto el interés como el tono. En los últimos días, altos cargos de su Administración han insistido en que usar a las fuerzas armadas es "siempre una opción" para tomar el control de la isla.

El propio Trump ha hablado de "asegurar Groenlandia por un medio u otro", mientras analistas cercanos al presidente discuten en público escenarios que van desde una compra pactada con Dinamarca hasta una ocupación "limitada" de infraestructuras clave.

Marco Rubio ha intentado matizar el lenguaje beligerante del republicano asegurando ante el Congreso que el objetivo prioritario es negociar "la adquisición" del territorio.

Una cuestión de geoestrategia

Para Jörgen Boassen, el principal interés de Trump en su país es geoestratégico: "Nosotros somos el patio trasero de Estados Unidos. Tenemos el acceso al Ártico". En un mundo cada vez más polarizado, una presencia fuerte de Trump en Groenlandia facilitaría el dominio de las nuevas rutas comerciales árticas, consecuencia colateral del deshielo, que China está deseando dominar.

Además, Groenlandia cuenta con minerales estratégicos, como las famosas tierras raras. En sus yacimientos podría haber hasta el 25% de todo el planeta conservado en el hielo, según el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS). También hay grandes reservas de oro, plata, diamante y rubí y altas concentraciones de cobre, grafito, niobio, titanio y rodio.

Muchos de estos materiales son esenciales para el desarrollo de tecnologías de última generación.

Estados Unidos, no obstante, asegura que es por cuestiones de "seguridad nacional". Washington ve con preocupación la creciente influencia china en el Ártico y teme que Dinamarca no pueda garantizar por sí sola la seguridad del territorio, un argumento que Trump ha esgrimido repetidamente para justificar sus planes de adquisición o mayor control sobre la isla.

Jörgen Boassen junto a Trump Jr. en una visita a Groenlandia. Cedida.

"Son una amenaza. Si Estados Unidos no viene, lo hará China. Ellos también quieren comprarnos las tierras. Sólo están esperando el momento adecuado. La Unión Europea no puede protegerse a sí misma, mucho menos va a proteger a Groenlandia. Es débil y está convirtiendo su continente en un territorio islámico. Debe dejar de ser tan ingenua".

Boassen no cree que Trump vaya usar la fuerza en Groenlandia, "aunque si lo hiciera, seguiría apoyándolo". "Si las Fuerzas Armadas de Dinamarca se resistieran, las derrotaría, claro. Pero jamás harían daño a la gente de Groenlandia".

Un sueño tecnolibertario

El proyecto que Boassen imagina para su país no es sólo geopolítico. Es también económico e ideológico. "Podemos ser la nueva Dubái, el futuro está lleno de posibilidades", asegura, haciendo referencia al ideal del sueño tecnolibertario.

No teme a la imagen de una Groenlandia convertida en un centro tecnológico ni de una economía apoyada en las criptomonedas y en la inteligencia artificial, de grandes inversiones estadounidenses que transformen Nuuk u otros enclaves en hubs de datos y experimentación.

Esa visión encaja con una corriente muy concreta en el entorno trumpista: la de los tecnolibertarios que promueven la creación de ciudades privadas o freedom cities con baja regulación, fiscalidad reducida y un papel central para las criptomonedas y la IA.

En los últimos meses, una investigación de Reuters reveló que un grupo de donantes vinculados a Silicon Valley estaban presionando a Trump para impulsar en Groenlandia una ciudad así; una suerte de nuevo enclave urbano diseñado como puerto tecnológico del Norte.

Trump obliga a Dinamarca a sentarse a la mesa para hablar del futuro de Groenlandia: "Hay varias maneras de resolverlo"

Estas conversaciones, aunque en fases preliminares, han ganado peso con la llegada de Ken Howery, nominado por Trump como embajador ante Dinamarca y confirmado por el Senado en octubre de 2025.

Howery es cofundador de PayPal junto a Peter ThielElon Musk. También es cocreador de Founders Fund, firma de capital de riesgo con más de 3.000 millones de capital que ha invertido en empresas como SpaceX (Musk) y Palantir Technologies (Thiel).

Peter Thiel, de hecho, es uno de los principales promotores ideológicos del tecnolibertarismo. El cofundador de PayPal y Palantir llegó a decir que no creía "que la libertad y la democracia sean compatibles" y abogó por escapar de las restricciones políticas mediante la colonización del espacio o la creación de seasteds, comunidades flotantes en océanos no regulados.

También ha invertido en Pronomos Capital, firma dedicada a financiar ciudades experimentales globalmente.

Jörgen Boassen posa junto a Charlie Kirk durante la visita de este último en 2025 a Nuuk.

Pronomos Capital es, en muchos sentidos, un nodo que conecta todas estas iniciativas. Fue fundada en 2019 por Patri Friedman (nieto del economista ultraliberal Milton Friedman) con capital de Peter Thiel y la firma se describe a sí misma como "el primer fondo de capital de riesgo dedicado a ciudades charter".

Su misión declarada es "construir ciudades prósperas que hagan crecer a regiones enteras", invirtiendo en proyectos en fase temprana que busquen adquirir tierras, rezonificarlas con reglas e instituciones diferentes y aprovecharse del crecimiento económico mediante impuestos o precios de arrendamiento. Entre los inversores de Pronomos figuran, además de Thiel, otros millonarios del entorno tecnológico.

Praxis: ¿el sueño libertario?

A finales de verano de 2024, un joven de 28 años bajó de un avión bimotor en Nuuk. Su nombre era Dryden Brown, cofundador de Praxis, una startup financiada con 525 millones de dólares que se describe a sí misma como "la primera nación internet-nativa del mundo". Su misión: encontrar un lugar donde construir una ciudad "de cero".

Durante su viaje, Brown se reunió con políticos groenlandeses, funcionarios y empresarios. Su propuesta: que Groenlandia acogiera Praxis, la materialización en forma de ciudad de su sueño tecnolibertario. "Si pudiéramos reemplazar esos 500 millones que le da Dinamarca todos los años con otra fuente de ingresos podríamos lograr que los groenlandeses tengan su ansiada independencia. Y, con ella, riqueza masiva", escribió.

Próspera y la red de ciudades libertarias gobernadas por empresas privadas: no tienen impuestos ni partidos políticos

"Groenlandia es una frontera. Si la humanidad va a construir una suerte de 'Terminus' en Marte, antes deberíamos practicar allí. Puede servir como un espacio protegido para experimentos de terraformación, financiados mediante la comprensión de su potencial como centro minero e industrial [...] Como parte de este acuerdo, Praxis buscaría territorio deshabitado y sin uso para el desarrollo de una ciudad autónoma tributaria o, quizás, algo más grande, con mayor independencia".

Praxis no es una fantasía adolescente de un emprendedor de Silicon Valley. Es el proyecto más avanzado de lo que se conoce como "estado-red", un concepto que describe la creación de comunidades online que "crowdfundean territorio alrededor del mundo" antes de obtener reconocimiento diplomático de países existentes.

Donald Trump junto a Peter Thiel y Tim Cook Reuters Omicrono

Detrás de Praxis se ha configurado un entramado financiero que conecta a algunas de las figuras más poderosas del mundo tecnológico y libertario. Por un lado, el proyecto cuenta con el respaldo de la Pronomos Capital de Friedman y de Apollo Projects, un fondo de inversión cofundado por Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, y su hermano Max Altman, que lo han incorporado a su cartera de apuestas de alto impacto tecnológico.

Los gemelos Cameron y Tyler Winklevoss, conocidos por su apuesta por Bitcoin, también figuran entre los inversores, al igual que Fred Ehrsam, cofundador de Coinbase. También Joe Lonsdale, cofundador de Palantir con Thiel, y Balaji Srinivasan, el teórico del "estado-red".

Claves de la retórica imperialista de Trump: ¿qué secreto esconde Groenlandia?

En octubre de 2024, el anuncio de 525 millones de dólares (principalmente de GEM Digital) consolidó a Praxis como la apuesta de capital de riesgo más grande jamás hecha en una ciudad experimental.

Para Jörgen Boassen, la promesa de Praxis representa una salida del colonialismo danés. "Podemos ser la nueva Dubái", asegura.

La realidad, no obstante, es más compleja: pese a que una mayoría de groenlandeses quieren la independencia, al menos el 85% de los rechaza convertirse en parte de Estados Unidos. Dicen no al colonialismo, en cualquiera de sus expresiones.

Aunque dos tercios aspiran eventualmente a la independencia de Dinamarca, el dilema es económico: Groenlandia recibe 500-600 millones de dólares anuales en subsidios daneses, además de sanidad universal y ciudadanía europea. Renunciar a esto por promesas de riqueza minera o inversiones cripto de Silicon Valley es una apuesta que la mayoría no está dispuesta a hacer.

  1. Geopolítica
  2. Donald Trump
  3. Groenlandia
  4. Reportajes
  5. Donald Trump Jr.
  6. Porfolio

NEWSLETTER - REPORTAJES

Una selección de los reportajes más leídos todos los domingos en tu correo Apuntarme De conformidad con el RGPD y la LOPDGDD, EL LEÓN DE EL ESPAÑOL PUBLICACIONES, S.A. tratará los datos facilitados con la finalidad de remitirle noticias de actualidad.
    Fuente original: Leer en El Español
    Compartir