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La Alhambra, un lienzo con cinco hectáreas en flor

La Alhambra, un lienzo con cinco hectáreas en flor
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Un equipo de 40 jardineros se encarga de la parte más viva del monumento alhambreño, el cuidado de 120.000 plantas, que se siembran y renuevan dos veces al año. Recorremos los jardines en flor y nos detenemos en los ejemplares más singulares
La Alhambra, un lienzo con cinco hectáreas en flor

Un equipo de 40 jardineros se encarga de la parte más viva del monumento alhambreño, el cuidado de 120.000 plantas, que se siembran y renuevan dos veces al año. Recorremos los jardines en flor y nos detenemos en los ejemplares más singulares

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Cristina Ramos y Laura Ubago

04/05/2026 a las 00:03h.

Cuentan que la Alhambra era un estallido de color. Ese juego de cromatismo reinaba en el interior de los espacios, palacios, viviendas y constituía una parte muy importante de su arquitectura cuando era una ciudad palatina. Actualmente, cuesta imaginar, con su esencia terracota empolvada, los destellos de los brillos, las tonalidades vibrantes.

Sin embargo, ahora, se mantiene un elemento que hace volver a aquellos brochazos de pintor, a aquella genialidad de combinar simplemente el color: las flores. De hecho, a los jardines donde se siembra se les llaman cuadros. Hay 5 hectáreas de flores, en total, más de 11 de vegetación, y 120.000 plantas, que se cultivan y mudan dos veces al año. Te invitamos a recorrer la Alhambra y alguna de sus flores más singulares. Simplemente, sigue desplazándote hacia abajo.

Desde la Torre de la Vela al Generalife hay más de 11 hectáreas de jardines que deben su nombre a reyes, personajes ilustres de la Alhambra o simplemente a las puertas. Nos vamos a detener en algunos de ellos y vamos a contarte la historia de sus flores singulares.

La boca de dragón

Nuestro recorrido va a empezar por la zona más cercana a la Torre de la Vela. Aquí están situados la entrada al secano y el jardín de los Adarves. Y dentro de él hay una flor que es especialmente singular: la boca de dragón. También es conocida como abrebocas, conejillos o zapaticos del niño Jesús. A veces es posible verla en muros y paredes, ‘en escapada’ de los cultivos. Agarra en zonas más secas y pedregosas de los montes del monumento.

Clavel

Los diantus cariófulus están en la zona conocida como ‘rondón’, frente al Palacio de Carlos V. Maximiliano Primero, el abuelo de Carlos V, ya salía con un clavelito en un retrato. El rey alhambreño se lo regaló a su mujer, Isabel de Portugal y los sembraron. Les gustaron tanto que los claveles siguen en la puerta de su palacio para recordar los gustos reales. Se les pone el filo de otro color para que hagan el efecto terciopelo

Ninguna flor es fortuita en estos lienzos diseñados por la paisajista y bióloga del monumento, Amelia Garrido, quien, junto con su equipo, recrea en su cabeza colores, texturas, pétalos y tallos para llevarlo luego a la realidad. La naturaleza recibe este pequeño empujoncito, que elimina la espontaneidad pero que recrea los jardines de la Alhambra tal cual eran. Se mezclan así la belleza con la historia, para recrear, con la máxima fidelidad, como eran las flores que veían los sultanes nazaríes con el Reino de Granada a sus pies.

La Alhambra, que recibe 2,7 millones de visitantes al año, ofrece un paseo floral que es un monumento en sí mismo. Hay tanto donde mirar que a veces estos rincones pasan inadvertidos. Todo crea un clímax de hermosura desbordante. Los colores, los olores, el sonido del agua, la arquitectura minimalista de los setos, van recreando un recorrido sensorial que hace volar al pasado, a la Alhambra vivida.

Dentro de ese síndrome de Stendhal que provoca un paseo por la Alhambra, el canto de los pájaros, el extremo cuidado de los elementos, el brillo del mármol del Palacio de los Leones, el agua en espejo de Los Arrayanes, se completa con estos cuadros de flores que son auténticos mosaicos de colores y olores que embriagan en el arranque de la primavera. El fucsia, el morado, el amarillo, el blanco virginal y los setos perfectamente cortados, dan paso a los árboles frutales, y a la armónica composición de todos estos elementos sumatorios de belleza. Es un vergel, un paraíso, otro mundo, otra historia. Volvemos a la Alhambra para ir acercándonos, cada vez más, a su gran vergel: el Generalife.

Pensamiento

Una planta anual de hasta 25 cm, con flores grandes (4–5 cm de diámetro), de colores variados, muchas veces con centro oscuro. Las fuentes agronómicas y botánica andalusíes confirman la importancia de esta planta aromática y ornamental, de la que algunas indican sus dos variedades principales: hortense y silvestre. Muy apreciados por su variedad de colores y formas, representan la diversidad y el detalle ornamental, algo muy presente en la decoración nazarí.

El alhelí blanco

Su carácter autóctono le permite sobrevivir a veranos cálidos e inviernos fríos. Tiene un gran arraigo y tradición de cultivo en los jardines de la Alhambra y Generalife. Su magnífica floración, de un blanco puro, se puede disfrutar entre los meses de abril a junio en cuadros protegidos por setos, bien drenados y expuestos a pleno sol. Es otra de las que aparece en los tratados de agrónomos andalusíes. En el Jardín de Lindaraja hay tulipanes, narcisos y azucenas.

Caléndula

Es muy popular, con flores amarillas o naranjas que pueden aparecer casi todo el año. Crece hasta unos 50 cm. Tiene usos medicinales (antiinflamatoria, cuidado de la piel). Muy usada por su color amarillo/anaranjado intenso, que resalta en patios y parterres. Simboliza la luz solar y la continuidad del tiempo (abre y cierra con el sol). Encaja con la idea andalusí de jardín como reflejo del orden natural.

Las plantas se producen en los espacios de la Alhambra, en sus semilleros, el 80% y el resto, se adquiere de viveros. Por eso se mezclan algunas flores más 'perfectas', con otras más pequeñas, salvajes y naturales. Es el encanto de construir un jardín a mano. Se siembra a mediados de diciembre lo que quieren que brote en primavera, y en mayo, lo que saldrá en el verano y el otoño. Se orquestan los tiempos, las tipologías de plantas y se aventura a cómo será la climatología, con sus imprevistos. Invierno – primavera y verano – otoño. Cuando se terminan de poner las plantas de unas de las temporadas se comienza a planificar la siguiente.

Junto a Amelia Garrido trabaja también José Carlos Ávila, jefe del departamento de Jardines y Huertas de la Alhambra, parte del equipo encargado del mantenimiento. Hay 40 trabajadores para los jardines, cinco para la huerta, ocho para los bosques… A estas zonas de vegetación se les aplica riegos adecuados a sus necesidades, alguna suelta de fauna auxiliar que ayuda a combatir las plagas e insecticidas y fortificantes ecológicos (extracto de cola de caballo, extracto de consuelda, aceite de naranja, jabón potásico).

Los jardines pueden ser medievales, renacentistas, románticos, del siglo veinte y contemporáneos. «Este año las violetas están preciosas», apunta Amelia Garrido. El año pasado la Alhambra era 'pensamientilandia', el otro 'salvilandia'.... siempre hay una flor que destaca. El milagro este año, según cuenta José Carlos Ávila, es que los jardines hayan sobrevivido al ahogamiento por exceso de lluvias.

    Generalife

    (Cristina Ramos)

    Claveles

    (Cristina Ramos)

    Violetas

    (Cristina Ramos)

    Lirio blanco

    (Cristina Ramos)

    Bocas de dragón

    (Cristina Ramos)

«Los pensamientos este año son los que están más bonitos. Los que tenemos en el cuadro de flor del entorno de El Secano, son morados. En la Alcazaba, también hay pensamientos morados y mezclados con boca de dragón de un montón de colores y con alisos o carraspiques», cuenta la paisajista. «Intentamos mantener las modas, añadiendo especies y ahora mismo es un mezcliche. Mantenemos la histórica del jardín. Por ejemplo, El Patio de la Acequia, salvo una buganvilla americana que está, el resto son especies todas medievales y este es el jardín nazarí por excelencia, que está en el Generalife solo es medieval», explica Amelia Garrido, responsable del diseño de los cuadro de flores.

«Intentamos que los jardines de la Alhambra estén bonitos todos los días. Trabajamos duro para eso»

Amelia Garrido

Paisajista y bióloga del monumento

También se piensa en la gama cromática y, cuando toca cambiarlos, da pena deshacer los jardines para volver a sembrar, algo que es inevitable si se quieren flores todo el año.

En los semilleros gigantes, a espaldas del Generalife crecen las plantas que echarán flores en la próxima primavera. Mientras, en el jardín nazarí por excelencia, la belleza es inmensa. El patio de la acequia en una fiesta cromática programada.

«Intentamos que los jardines de la Alhambra estén bonitos siempre. Y para ello trabajamos duro todos los días. Para los amantes de las flores, se disfruta mucho la primavera y el otoño, aunque menos florido tiene una calidez y una luz que conquista a todos», expresa Amelia, acostumbrada a gestionar belleza, un bien de valor incalculable.

Apenas faltan veinte días para la próxima siembra. Los diseñadores de los jardines alhambreños se adelantan a las estaciones. Habrá que sacrificar primavera para llegar al verano, toda una ingeniería floral que se suma a lo imponente del monumento. Un espacio que siempre está en flor.

Créditos

  • Ilustraciones: Cristina R. Rey

  • Desarrollo: Carlos Muñoz, Sara I. Belled y Javier Morales

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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