Azotada por el viento, pacífica y doblemente aislada, Formentera es un ecosistema único en las Islas Baleares. Un territorio frágil con una superficie de 83 kilómetros cuadrados que ejemplifica todavía hoy la dualidad tradicional de la región insular: despoblada en invierno y superpoblada en verano, cuando sus habitantes se multiplican de forma exponencial imantados por el turismo de sol y playa.
Pero no sólo es un enclave especial en lo geográfico. También es una pieza única y codiciada en el tablero del poder político en la comunidad autónoma balear, crucial en la estrategia de los grandes partidos, que la cortejan ante sus lamentos por la infrarrepresentación y la cubren periódicamente de promesas, especialmente cada vez que se acercan las elecciones.
No es para menos: la isla tiene tan solo 12.000 habitantes fijos y únicamente unos 7.500 electores, personas con derecho a voto. Sin embargo, ellos son los responsables de elegir uno de los 59 diputados que tiene Baleares, al ser Formentera una circunscripción independiente. Es un botín electoral asequible y muy suculento para las grandes marcas políticas.
En las elecciones autonómicas de 2023 -por citar el ejemplo más reciente- se contabilizaron un total de 3.937 votos. De ellos, hubo 60 votos nulos y 71 en blanco. Se emitieron 3.806 sufragios válidos y se registró una abstención del 44,6% (es decir, un total de 3.071 personas decidieron no votar).
El resultado fue ajustadísimo. La papeleta más votada, la de Sa Unió (una coalición electoral entre el PP y Compromís per Formentera), obtuvo 1.746 votos. El segundo puesto fue para la alianza entre Gent per Formentera y el PSOE balear. El bloque de izquierdas cosechó 1.673 votos. Es decir: apenas 73 votos de diferencia y un resultado baldío, ya que el que gana se lleva el diputado en liza, mientras que el segundo se va de vacío, sin representación en la Cámara legislativa balear.
La victoria de la derecha no sólo supuso un hito histórico desde que Formentera tiene instituciones políticas propias al romperse la hegemonía de la izquierda. También fue uno de los grandes éxitos políticos en la triunfal noche electoral de la actual presidenta autonómica, Marga Prohens (PP), así como una inyección de fuerza en su posición para negociar su investidura.
Aunque el PP no obtuvo mayoría absoluta, el diputado de Formentera, que fue el escaño número 26 para el PP y sus aliados, permitió a Prohens sumar más diputados que toda la izquierda junta (el PSOE y los nacionalistas sumaron 25 escaños). Un logro que permitió al Partido Popular encarar sus negociaciones con Vox con la suficiencia de necesitar únicamente una abstención de los de Santiago Abascal.
Esos 73 votos de Formentera tejieron una red de seguridad bajo los pies de la actual presidenta, que ha puesto a la isla en su agenda política, especialmente ante la acuciante crisis de pateras que sufre la isla desde hace unos años.
Ese es el contexto político que hace de este paradisíaco territorio de aguas turquesa y blancos arenales uno de los grandes objetos de deseo de la política balear.
Ya en clave nacional, ese es también el escenario sobre el que ahora se despliega un nuevo elemento que le da a la menor de las islas baleares mayor peso político y para el que incluso se va a modificar la Constitución Española.
El pasado 26 de marzo el Congreso de los Diputados aprobó acometer una reforma puntual de la Carta Magna (la cuarta en la historia de la Democracia) para que Formentera tenga senador propio. La modificación pasa por retocar el artículo 69.3 de la Constitución, que reconoce el derecho de las islas españolas a tener senador pero que hasta ahora no reconocía a Formentera ese derecho. Lo vinculaba expresamente a Ibiza, su isla vecina y mayor en tamaño, con 161.000 habitantes.
Formentera lleva años reclamando ese senador propio, mirándose en el espejo de islas como El Hierro, que sí tiene senador con una población similar. A falta de que sea aprobada por el Senado, el Congreso ya ha dado luz verde a la reforma. Partido Popular y PSOE votaron a favor de la iniciativa, únicamente rechazada por Vox y con la sola abstención del PNV.
La propuesta había partido del Parlament balear, donde el pasado año fue secundada por una amplia mayoría. Era la tercera vez que la Cámara elevaba al Congreso la petición, que hasta ahora había quedado siempre en un cajón.
La iniciativa ha sido acelerada por voluntad de la propia presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol (PSOE), ex presidenta de Baleares (2015-2023), que ha abreviado los plazos y ha aligerado la tramitación parlamentaria. También por la propia Marga Prohens, que ha apoyado la iniciativa a pesar de que abra la puerta a un retoque puntual de la Constitución.
En el trasfondo de esta modificación constitucional no sólo late la reivindicación histórica de la isla, de sus votantes y de sus políticos regionalistas, que PP y PSOE hacen suyas. También subyace una singular oportunidad para los dos bloques políticos para controlar un senador más con tan solo un pequeño zurrón de votos.
«Es un día histórico, un día importante para Formentera y para la calidad democrática del Estado», declaró el presidente del Consell de Formentera, Óscar Portas (Sa Unió), al término de la votación, visiblemente exultante. «Celebramos que el Congreso haya sabido escuchar una reivindicación justa y sostenida en el tiempo», agregó tras aplaudir desde la tribuna del público de la Cámara baja. A falta del previsible visto bueno del Senado, el tiempo dirá si la decisión es tan productiva para los 12.000 residentes de la isla como lo será para el bloque político que logre el nuevo escaño.