- MARTIN WOLF
Las celebraciones en EEUU por su 250º aniversario son en parte una señal de que están en retroceso.
El 4 de julio de 2026 Estados Unidos celebró el 250º aniversario de su Declaración de Independencia, cuyas primeras palabras eran: "Sostenemos como verdades evidentes por sí mismas que todos los hombres han sido creados iguales, que están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". Centrémonos en lo que esas palabras podrían significar en el futuro, en lugar de en lo que significaron durante los últimos 250 años.
A pesar de la afirmación sobre la igualdad, los Estados Unidos creados por los padres fundadores del país distaban bastante de ser democráticos. Entre el 60% y el 70% de los hombres blancos adultos tenían derecho al voto en 1792. Pero las mujeres, los esclavos, muchos negros libres y los nativos americanos no lo tenían. La democracia con sufragio universal era todavía casi impensable. Lograrla fue una larga lucha, tanto en Estados Unidos como en otros lugares.
Los fundadores creían que estaban creando una república, no una democracia. En la primera, el Jefe del Estado es elegido, no es un monarca hereditario. Sin embargo, hoy en día esta distinción ya no existe. Consideramos una monarquía constitucional con un gobierno electo como la de Dinamarca como una democracia, y una supuesta república en la que los opositores políticos se encuentran en prisión como la de Turquía como una autocracia.
La distinción entre una democracia y una autocracia depende de dos características: el papel de las elecciones justas en la determinación del poder y el papel de la ley, especialmente el derecho constitucional, en la limitación de las facultades de quienes ostentan el poder. En una república, el gobierno no solo es elegido, sino que se rige por la ley y está sujeto a limitaciones, no es arbitrario ni despótico.
Las repúblicas democráticas son lo que hoy llamaríamos "democracias liberales", es decir, aquellas que tienen elecciones justas y derechos civiles y políticos fundamentales. En 2025, según V-Dem, solo el 7% de la población mundial vivía en un estado de este tipo, frente al 17% 20 años antes. ¿Estaba Estados Unidos entre ellos? No. Perdió ese estatus bajo el mandato de Donald Trump, por razones obvias, con un declive excepcionalmente rápido en 2025. Esto no debería sorprender a nadie.
En resumen, las celebraciones en Estados Unidos son en parte una señal de que la democracia liberal, e incluso la democracia electoral, están en retroceso.
¿Por qué ha sucedido esto? ¿Y hacia dónde podría dirigirse el sistema en el futuro?
En La crisis del capitalismo democrático, atribuí el auge de la democracia contemporánea a la difusión de las ideas liberales que la Declaración de Independencia encarnaba. Pero, como indican los optimistas, la libertad económica condujo, con el tiempo, a una serie de cambios tecnológicos, sociales, políticos y culturales, como la industrialización, la urbanización, la educación masiva, una creciente clase media y una clase trabajadora organizada. También fue importante la necesidad de un ejército capaz de defender a su nación. En resumen, los gobiernos comenzaron a preocuparse más por su pueblo, mientras que este se organizó mejor económica y políticamente.
La gente corriente pudo entonces exigir ser tratada como ciudadanos con derechos económicos y políticos. Así nació la demanda del sufragio universal. ¿Cómo podían los estados comprometidos con los principios de "igualdad" rechazar tal exigencia? Al final, cedieron.
Sin embargo hoy, el triunfo de los ideales liberales y democráticos, tras el hundimiento de la Unión Soviética, parece historia antigua. En muchas antiguas colonias, sus raíces eran, comprensiblemente, superficiales. El éxito de la China autocrática también ha sido determinante. En muchos países operan poderosos intereses a favor de la autocracia. Asimismo, persiste el antiguo anhelo humano de un líder fuerte.
Por otra parte, en muchas democracias supuestamente consolidadas, las divisiones culturales y de identidad han fracturado el sentimiento de ciudadanía compartida. Lo mismo ha ocurrido con los cambios tecnológicos y económicos: la revolución digital, el auge de las redes sociales, la desindustrialización, el declive relativo de la antigua clase obrera y el surgimiento de una enorme élite universitaria. En este contexto, el populismo ha regresado con fuerza, con sus falsas promesas de salvación.
Para comprender lo que podría suceder a continuación, es fundamental recordar una verdad evidente: la democracia se basa en el ideal de la igualdad política. Un sistema así tiene muchas más probabilidades de funcionar, como señaló Aristóteles, en una sociedad con clases medias y medias bajas prósperas y seguras de sí mismas. Esto es lo que el crecimiento de los siglos XIX y XX aportó a los países de renta alta. Sin embargo, esta situación se ha revertido hoy en gran medida para la antigua clase obrera industrial. Hoy en día, la IA también amenaza a una parte importante de la clase media con educación universitaria. De hecho, según el último informe económico anual del Banco de Pagos Internacionales, si la IA sustituyera gran parte del trabajo humano, la aportación de este último en los ingresos podría caer al 20%.
Esto supondría un retorno a una sociedad feudal, en la que una pequeña parte de la población controlase todo lo importante. Actualmente ya podemos observar el auge de una plutocracia extraordinariamente rica y poderosa: la riqueza del 0,00001% más rico de los ciudadanos estadounidenses es hoy mucho mayor en relación con los ingresos nacionales que nunca antes. Incluso podemos vislumbrar la aparición de ejércitos robóticos privados. Además, estos oligarcas ejercen una poderosa influencia en la política, tanto nacional como internacional. A ello hay que añadir la balcanización del ecosistema mediático por parte de las redes sociales.
Quizá lo más importante para que las repúblicas democráticas perduren es que requieren una élite responsable y ética comprometida con los ideales de la virtud cívica. ¿Es eso lo que ofrece la plutocracia hoy? ¿Es eso lo que Trump ha ofrecido alguna vez? No. Y aparte de todo esto, las antiguas democracias padecen una grave sobrecarga fiscal.
Entonces, ¿que futuro le aguarda a la democracia liberal? Uno lleno de desafíos. Si queremos que sobreviva, tendremos que luchar por ella, otra vez.
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