- JAVIER AYUSO
- Una Constitución de consenso, un hito histórico formidable
- Editorial Expansión. El valor de tener una Constitución longeva
"La mejor manera de honrar la Constitución es cumplirla", afirmó el Rey con la autoridad que le otorga su posición institucional. Era un aviso claro, un nuevo aviso, a la clase política para que dejen de regatear la letra y el espíritu constitucional en sus actuaciones partidistas.
Este martes, los Reyes de España, Felipe y Letizia, presidieron un solemne acto en el Congreso de los Diputados para celebrar que la Constitución de 1978 se convertía en la más longeva de la historia de España. Una buena ocasión para recordar lo que significó la aprobación de una ley que consolidaba la concordia de todos los españoles y defendía valores como "libertad, igualdad, justicia, solidaridad, pluralismo, unidad y descentralización, junto con la cohesión territorial", según recordó el monarca en su intervención. Grandes palabras que muchas veces olvidan nuestros políticos.
Como viene siendo habitual en este tipo de actos institucionales, varios líderes y partidos políticos volvieron a despreciar a la Constitución, al jefe del Estado y a lo que significan este tipo de celebraciones. Se trata de la mayoría de los aliados del actual Gobierno; los independentistas vascos y catalanes, de derechas y de izquierdas. Unas formaciones que atacan sistemáticamente lo que denominan el "régimen del 78", mientras siguen obteniendo todos los privilegios de formar parte de él. Quieren destruir España, pero mientras tanto participan en el reparto de puestos oficiales, salarios y canonjías, que exigen a cambio de sus votos en las Cortes. En esta ocasión, los representantes de Sumar y de Podemos sí decidieron participar en los actos oficiales.
Por el contrario, el líder de Vox, Santiago Abascal, optó por aceptar una invitación en el extranjero para excusar su asistencia, aunque los diputados de la formación ultra sí participaron "por celebrarse en su lugar de trabajo". La actitud del presidente del partido de la ultraderecha lleva meses en una deriva antisistema, con la que pretende distanciarse del gobierno de Pedro Sánchez, pero que acaba suponiendo un desprecio al Rey y al resto de las formaciones políticas. Cada vez disimula menos su verdadero espíritu antidemocrático y franquista. Lo que no se entiende es que siga ganando votos en cada cita electoral.
Con la ausencia de los enemigos de la Constitución, Felipe VI pronunció un importante discurso en el que puso en valor la importancia de estos 47 años en los que se ha consolidado la democracia en nuestro país. Las intervenciones públicas del monarca en el último año han alcanzado un gran nivel político, manteniendo la neutralidad, pero defendiendo los valores esenciales que nos han guiado en este periodo. La pena es que sus continuos llamamientos al diálogo, el consenso y la concordia -volvió a recordar que "la clave del éxito de la Carta Magna descansó en que no fue la voluntad de una parte de la sociedad contra otra"-, caigan en saco roto ante la actitud de los políticos españoles, cegados por la polarización, el frentismo y la violencia verbal.
"La mejor manera de honrar la Constitución es cumplirla", afirmó el Rey con la autoridad que le otorga su posición institucional. Era un aviso claro, un nuevo aviso, a la clase política para que dejen de regatear la letra y el espíritu constitucional en sus actuaciones partidistas. Allí estaban los máximos representantes de los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), cuya salud deja mucho que desear. La división de poderes, definida en la Ley de Leyes, ha sufrido continuos ataques en los últimos años y no parece que esa deriva se vaya a corregir.
Cuando el monarca se refería al cumplimiento de la Constitución, sin duda quería llamar la atención sobre la politización de la justicia y la judiciliación de la política que llevan protagonizando las dos fuerzas mayoritarias, PSOE y PP, sin avergonzarse por no cumplir los plazos en la renovación de los órganos jurisdiccionales (el espectáculo de años en el Consejo General del Poder Judicial ha sido muy grave) y por repartirse de forma grosera los sillones para asegurarse una influencia decisiva en los tribunales. Eso, sin contar con los ataques continuos de los políticos a los jueces y magistrados, cada vez que dictan sentencias que no les favorecen.
También debería darse por aludido el actual presidente del Gobierno, al que no le importa incumplir el mandato constitucional de presentar cada año al Parlamento un proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado en tiempo y forma. Llegó a decir que era "una pérdida de tiempo", porque no tenía posibilidad alguna de sacarlos adelante. Si llevas tres años con unas cuentas públicas prorrogadas, que habían sido aprobadas en otra legislatura, lo natural y democrático es dimitir y convocar elecciones generales. Él mismo se lo había reclamado al expresidente Mariano Rajoy cuando el líder del PP no fue capaz de sacarlos adelante.
Felipe VI no hizo mención explícita a que la Constitución, además de cumplirla, hay que cuidarla y protegerla. Pero se sobreentendía en sus palabras y es algo que ya había dicho en otras ocasiones. No se debe pensar que la democracia española, que tanto costó consolidar tras décadas de guerra civil y dictadura, está asegurada para siempre. "El camino recorrido ha sido brillante", dijo; "pero hay que tener visión y perspectiva para que el futuro también lo sea, siempre y cuando lo sigamos escribiendo juntos". Ese es precisamente el problema, que el panorama político actual impide escribir nada juntos. Al contrario, el consenso es un valor en desuso.
Todo ello, sin perder de vista los ataques de los enemigos del "régimen del 78", que no disimulan su intención de acabar con la Constitución y avanzar hacia un nuevo régimen republicano, confederal e iliberal. Este hecho no supondría una amenaza real para nuestro país si nos fijáramos solo en la aritmética política. Todas esas fuerzas juntas no llegan ni al 20% del poder legislativo y, hoy por hoy, nadie suma lo suficiente como para plantear reformas importantes en la Carta Magna.
El problema es que la debilidad del PSOE le obliga a ir cediendo antes las exigencias de esos partidos minoritarios para permanecer en el poder. Y muchos de los pagos que concede Pedro Sánchez a los independentistas o a los radicales de izquierdas van socavando los pilares constitucionales, sin modificar el articulado de la Ley. No se reforma, pero se ignora y se incumple de forma subrepticia, ayudados por el propio Tribunal Constitucional que está generando una doctrina dudosamente legal y legítima, de la mano de su presidente, Cándido Conde Pumpido, que actúa como correa de transmisión del Palacio de la Moncloa.
Es recomendable sacar brillo públicamente a la Constitución de 1978 cada vez que surja una ocasión propicia. Nos ayuda a valorar lo que supuso el espíritu de la transición y la importancia de haber aprobado en referéndum una Carta Magna con el apoyo de más del 90% de los españoles. 47 años después sigue teniendo plena vigencia, aunque no estaría de más plantear algunas reformas, de forma consensuada para adaptarla a los nuevos tiempos. Algo realmente difícil porque hoy no existe lo que el Rey definió como "el espíritu de concordia que inspiró el proceso constituyente".
Mientras tanto, es importante cumplirla, cuidarla y protegerla de todos los ataques directos o indirectos que se vienen sucediendo, para que "siga siendo una referencia que esperamos legar a nuestros hijos", como dijo Felipe VI. En vez de enfrentar bandos o construir muros entre la derecha y la izquierda, habría que arrinconar a los enemigos de la Constitución, e intentar recuperar algo de ese espíritu de concordia.
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