JOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZ. CATEDRÁTICO DE HACIENDA PÚBLICA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
Domingo, 25 de enero 2026, 01:00
... de una extensa área metropolitana, y la capital de una provincia considerada como un potente motor económico de Andalucía. Son, en puridad, provincia y capital, unas de las muchas 'Málagas' que podrían haber sido. Según atestigua la experiencia histórica de países, regiones y ciudades, el destino económico no está predeterminado por fuerzas inexpugnables. No existen automatismos que garanticen el progreso, ni tampoco frenos insalvables que lo impidan. El resultado depende, en gran medida, de cómo se configure el marco de actuación, del respeto del imperio de la ley, de la calidad y la eficacia de las instituciones, y de la capacidad de generar avances económicos.Según las tesis más recientes, las ciudades son un medio imprescindible para el crecimiento económico. Presentan ventajas especiales de productividad relacionadas con las ideas, ya que generan efectos difusores del conocimiento. Son las ciudades, más que las naciones, la principal fuerza del desarrollo. La urbanización constituye el eslabón perdido para explicar cómo algunos territorios, con las mismas características institucionales que otros, iniciaron antes la senda del progreso económico.
Coincidiendo prácticamente con el arranque de la jurisdicción provincial, Málaga protagonizó una pujante actividad industrial. La erección de los altos hornos siderúrgicos, calificada de «sorprendente aparición» por los historiadores, suscitó un considerable asombro a escala nacional e internacional. «Lo que más llama la atención, lo que más puede envanecer a sus autores y hasta a los hijos de Málaga, son sus ferrerías», dejó escrito Pascual Madoz, a mediados del siglo XIX, en su monumental diccionario geográfico-estadístico-histórico.
Todavía hoy sigue despertando interés el estudio de los factores explicativos de cómo una zona periférica, carente de adecuadas vías de comunicación y de las condiciones propicias para la innovación empresarial, pudo convertirse en un descollante foco de industrialización. Algo que también ocurre con el conocimiento de las causas que condujeron a un freno de aquella prometedora trayectoria económica. Son distintas las tesis acerca de su paralización para dar paso a una fase de estancamiento, que algunos autores trasladan desde finales del siglo XIX al inicio de la tercera década del XX.
Menor es la controversia para identificar la década de los sesenta del pasado siglo como la bisagra que marca el tránsito de una economía tradicional hacia otra orientada a una intensa terciarización. Al hilo de la gran transformación económica que iría registrando la economía provincial, fue ganando progresivamente peso dentro de la economía andaluza. Así, mientras que en el año 1955 la provincia malagueña representaba un 12,5% de la producción andaluza, posteriormente fue avanzando, llegando al 15,6% en 1971, al 16,0% en 1980, al 16,9% en 1990, y al 18,7% en 2004. La tendencia ha continuado en los últimos años, de manera que, ya en 2024, se situaba prácticamente en el 22%. Aporta, pues, más de una quinta parte de la producción de Andalucía, región española cuyo producto interior bruto (PIB) es mayor que el de diez países de la Unión Europea.
Algunos indicadores nos permiten apreciar la evolución de la provincia entre 1833 y hoy. La población casi se ha quintuplicado. A su vez, el tamaño de la economía se ha multiplicado, en términos reales, por más de 80, en tanto que el PIB per cápita lo ha hecho por cerca de 20. El PIB, según todos los indicios, ha sobrepasado en el año 2025 la simbólica cota de los 50.000 millones de euros, superando así la dimensión económica de siete regiones españolas y la de cuatro países de la Unión Europea.
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