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La economía mundial ante el 2026

La economía mundial ante el 2026
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La inversión en Defensa, infraestructuras e Inteligencia Artificial sostendrá el dinamismo económico durante este año, si bien el colapso del orden internacional basado en reglas, la amenaza de nuevas subidas arancelarias y el riesgo de estallido de una burbuja tecnológica podrían ponerlo en peligro. Leer
AnálisisLa economía mundial ante el 2026
  • FEDERICO STEINBERG
26 ENE. 2026 - 00:01Estados Unidos y España serán las economías avanzadas que más crecimiento experimenten este ejercicio.DREAMSTIMEEXPANSION

La inversión en Defensa, infraestructuras e Inteligencia Artificial sostendrá el dinamismo económico durante este año, si bien el colapso del orden internacional basado en reglas, la amenaza de nuevas subidas arancelarias y el riesgo de estallido de una burbuja tecnológica podrían ponerlo en peligro.

La economía mundial afronta el año 2026 en un contexto de desaceleración, aunque menos intensa de lo que se temía en abril de 2025, cuando el presidente Trump anunció su batería de aranceles. Según las previsiones del Fondo Monetario Internacional, el crecimiento global se situará en el 3,1% en 2026, una tasa moderada que, no obstante, aleja por ahora los temidos escenarios de fuerte desaceleración y demuestra la resiliencia del crecimiento global. De hecho, resulta sorprendente que el aumento de la incertidumbre geopolítica, la creciente fragmentación económica global y la cada vez más evidente ruptura del orden multilateral basado en reglas no afecte con mayor intensidad al crecimiento económico mundial.

En todo caso, este crecimiento seguirá siendo muy desigual. Las economías emergentes continuarán creciendo a un ritmo muy superior al de las economías avanzadas. India será el país más dinámico, avanzando más de un 6%, seguida de China, cuyo crecimiento se sitúa en torno al 4%, por debajo de años anteriores, pero muy por encima de lo esperado para las principales economías avanzadas. El buen comportamiento de otras economías emergentes, especialmente en Asia y África, permite sostener el relato de convergencia entre países ricos y en desarrollo que se interrumpió con la pandemia. Aún así, los países de América Latina volverán a tener un crecimiento limitado, con Brasil y México creciendo por debajo del 2%.

Crecimientos moderados

Entre los países avanzados, solo Estados Unidos y España tendrán crecimientos destacados, por encima del 2%. Las grandes economías europeas -Alemania, Francia, Reino Unido e Italia- crecerán en el entorno o por debajo del 1%, y Japón lo hará todavía menos. Además, en prácticamente todos los países avanzados, incluidos aquellos en los que el desempeño macroeconómico es mejor, persiste lo que ya se ha bautizado en Estados Unidos como la "economía en forma de K": las rentas altas se benefician de las subidas en los salarios y la bolsa mientras que las rentas medias y bajas tienen una constante sensación de que los elevados niveles del precio de la vivienda y algunos bienes de consumo (además de los seguros médicos en el caso de Estados Unidos) no les permiten llegar a fin de mes. En España, que tendrá un año más el mejor desempeño macroeconómico de los países grandes de la zona euro, a este aumento de la inseguridad económica se suman las limitadas oportunidades (y los bajos salarios) para los jóvenes.

En cualquier caso, los relativamente bajos precios del petróleo, la expansión fiscal en los países avanzados, especialmente en Estados Unidos (aunque también en Europa en los sectores de la Defensa y las infraestructuras) y, sobre todo, la enorme inversión en Inteligencia Artificial y centros de datos, deberían sostener el dinamismo de la economía mundial en 2026.

Aun así, a lo largo del año se anticipa un crecimiento frágil que estará constantemente amenazado por diversos riesgos. En primer lugar, están los geopolíticos, cada vez más relevantes en un contexto de crisis del multilateralismo, colapso del orden liberal internacional y creciente rivalidad entre grandes potencias. La guerra en Ucrania posiblemente continuará, la tregua en la guerra de Gaza sigue siendo débil y en Venezuela se abre un horizonte de incertidumbre política. En particular, la intervención de Estados Unidos en Venezuela pone de manifiesto que entramos en una nueva era de poder duro en las relaciones internacionales. Podría abrir la puerta a nuevas intervenciones militares estadounidenses en el continente americano (y en Groenlandia), además de elevar el riesgo de que otros actores puedan sentirse más legitimados a iniciar conflictos bélicos. Todo ello podría retraer la inversión al tiempo que eleva el riesgo de proliferación nuclear en países tan diversos como Japón, Corea del Sur, Irán, Filipinas o incluso Polonia. Aun así, conviene destacar que el colapso del orden liberal y del derecho internacional basado en reglas, por muy negativo que sea desde un punto de vista europeo y de gobernanza global, no tiene necesariamente que ser devastador para el crecimiento económico. Fragmentará aún más la economía global y acelerará las dinámicas de neo-mercantilistas, pero puede abrir oportunidades para las empresas en los nuevos mercados emergentes, especialmente asiáticos, que continuarán exhibiendo un elevado dinamismo.

En segundo lugar, a pesar de que la Administración estadounidense ha llegado a múltiples acuerdos políticos de contenido comercial e inversor con distintos países del mundo, casi siempre bajo amenazas, el riesgo de nuevas subidas arancelarias permanece. En concreto, en el caso de la UE, la implementación de la normativa digital, fiscal y de competencia, con posibles consecuencias financieras para las grandes tecnológicas estadounidenses, podría generar tensiones entre los dos bloques de resultado incierto. En la medida en la que la Administración Trump ha declarado que las multas a sus empresas tecnológicas son inaceptables y que la UE ha mantenido que no modificará su normativa, el conflicto está servido. Asimismo, el aumento del coste de las importaciones derivada de los aranceles estadounidenses - que han subido más de 10 puntos en media desde que Trump llegó a la Casa Blanca - se terminará trasladando al consumidor final a lo largo del 2026, lo que muy posiblemente elevará la inflación. En la medida en la que el presidente de la Reserva Federal Jerome Powell concluye su mandato en mayo y Trump lo sustituirá por alguien afín que será poco proclive a elevar los tipos de interés ante el aumento de precios existe un riesgo de que la inflación supere el 3,5% en Estados Unidos en los próximos meses, lo que podría afectar negativamente al crecimiento. Tampoco ayudará a la economía el constante cuestionamiento del estado de derecho y la división de poderes por parte de la Administración Trump. Y menos aún el crecimiento desorbitado de la deuda pública.

A estos riesgos se suman, como en anteriores años, el aumento de la frecuencia de fenómenos climáticos extremos generados por el calentamiento global, los elevados niveles de deuda tanto en países avanzados como en algunas economías en desarrollo y emergentes, así como el creciente peso del sistema financiero en la sombra, que opera al margen de la supervisión financiera. En este sentido, el auge de las stablecoins promovidas por Estados Unidos - que intentan ser una forma de aumentar la demanda de deuda pública estadounidense reduciendo así su coste de financiación -- podría generar problemas de estabilidad financiera. Y la subida de las primas de riesgo de algunos de los países centrales de la zona euro, sobre todo Francia, también podría generar dificultados.

Pero el riesgo del que se habla con más frecuencia pasa por una fuerte corrección de los índices bursátiles en Estados Unidos, en particular en el sector tecnológico, y concentrado en las llamadas siete magníficas - Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google), Meta (Facebook), Nvidia y Tesla)- , así como en las inversiones en centros de datos. No puede hablarse de una "burbuja tecnológica" homogénea, pero sí de una elevada concentración bursátil en las siete magníficas, que representan casi el 40% de la capitalización del índice bursátil del S&P 500. En todo caso, de producirse una corrección, ya sea brusca o gradual, no está claro si afectaría al conjunto de la economía o si su impacto sería limitado, como ya sucediera con el estallido a la burbuja puntocom en el año 2000.

Fuertes incertidumbres

En definitiva, el crecimiento de la economía mundial continuará mostrando una sorprendente resiliencia en 2026, aunque sujeto a fuertes incertidumbres, especialmente de índole geopolítica. Las economías emergentes y Estados Unidos seguirán creciendo, pero la UE es quien se encuentra en una situación más vulnerable. Aunque sus economías seguramente crecerán algo más que en años anteriores la Unión deberá demostrar en 2026 que es capaz de consolidar su giro geoeconómico y avanzar en la integración para lograr ser un actor relevante (y no sólo el campo de juego) en la rivalidad geopolítica entre grandes potencias. Y dada la animadversión que la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha mostrado hacia la UE esto es cada vez más urgente. Primero, la UE necesita logra aprobar nuevos acuerdos comerciales, comenzando por el de Mercosur, para compensar el menor acceso al mercado estadounidense y dar una clara señal de liderazgo que permita reconstituir, aunque sea de forma fragmentada, un sistema comercial basado en reglas. Segundo, necesita aumentar su apoyo a Ucrania y su coordinación en política de seguridad y defensa. La emisión de eurobonos anunciada en diciembre (y en la que participarán 24 de los 27 estados miembros, lo que es una importante novedad) es una buena señal. Tercero, debe mejorar el funcionamiento del mercado interior y avanzar en la unión bancaria y de los mercados de capitales en línea con lo propuesto por los informes Letta y Draghi. Sólo así logrará aumentar su dinamismo económico y dar respuesta a la creciente ansiedad que viven sus ciudadanos. Pero nada garantiza que, con el auge de los partidos de extrema derecha que quieren limitar la integración, esto vaya a ser posible.

Federico Steinberg | Catedrático Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown e Investigador Principal del Real Instituto Elcano

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Fuente original: Leer en Expansión
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