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La escalada de EEUU en Irán arrastra a Arabia Saudí a la guerra junto a Trump contra su interés de estabilizar la región

La escalada de EEUU en Irán arrastra a Arabia Saudí a la guerra junto a Trump contra su interés de estabilizar la región
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Tras atacar a los rebeldes proiraníes de Irak, el príncipe heredero manda un mensaje a la Casa Blanca pidiendo que se desescale el conflicto. Más información: La asfixia de los estrechos del Golfo y el temor a un colapso energético empuja a Trump a recrudecer la guerra en Irán.

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, y el presidente de EEUU, Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Imagen de archivo. Evelyn Hockstein. Reuters.

Oriente Próximo La escalada de EEUU en Irán arrastra a Arabia Saudí a la guerra junto a Trump contra su interés de estabilizar la región

Tras atacar a los rebeldes proiraníes de Irak, el príncipe heredero manda un mensaje a la Casa Blanca pidiendo que se desescale el conflicto.

Más información: La asfixia de los estrechos del Golfo y el temor a un colapso energético empuja a Trump a recrudecer la guerra en Irán.

Publicada 31 julio 2026 02:40h Las claves

Las claves Generado con IA

El ministro de Defensa saudí, Khalid bin Salmán, se reunió este martes con el presidente Donald Trump para entregarle un importante mensaje de parte de su hermano, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán: a pesar del ataque perpetrado el mismo martes contra los rebeldes proiraníes en Irak, Arabia Saudí prefiere un escenario de desescalada del conflicto.

La información se divulgó este jueves a través del portal Axios. Funcionarios estadounidenses próximos a la Casa Blanca relataron al medio que el ministro de Defensa saudí se reunió también con el vicepresidente JD Vance para explicar el nivel de implicación de su reino en el conflicto.

Según dichas fuentes, Khalid bin Salmán aclaró que Arabia Saudí se había visto arrastrada a participar en las operaciones tras recibir más de 30 ataques con drones procedentes de las milicias rebeldes proiraníes. Estos grupos armados se refugian en la región de Diyala, al este de Irak.

Trump firma un acuerdo con Arabia Saudí para desarrollar un programa nuclear que contempla enriquecer uranio

Los ataques se produjeron en siete provincias iraquíes. Algunos medios indican que dejaron un balance de 20 muertos y 32 heridos. El propio Frente declaró que eran datos provisionales.

El Consejo de Seguridad Nacional de Irak condenó las acciones tras una reunión de emergencia convocada por el primer ministro Ali al Zaidi. Tachó la intervención saudí de "agresión inaceptable" y señaló que corresponde al Estado iraquí gestionar los problemas de seguridad en su propio territorio.

El ministro saudí explicó en la Casa Blanca que los proiraníes habían cruzado una línea roja al atacar infraestructuras energéticas y civiles. Arabia Saudí se vio obligada a tomar represalias contra las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) para dejar claro que defenderá sus intereses y a su población ante cualquier agresión externa.

Vance ofreció ayuda al ministro para reforzar su intervención en Yemen, pero Khalid bin Salmán la rehusó, aclarando que los hutíes son un problema que podían resolver ellos solos. Los saudíes prefieren llevar directamente las negociaciones con Saná, dejando a Washington al margen.

El ministro de Defensa de Arabia Saudí, Khalid bin Salmán, preside una reunión de oficiales del Ejército. Imagen de archivo. Agencia de Prensa Saudí. Vía Reuters.

No es la primera intervención militar del reino wahabí en la guerra contra la República Islámica: a mediados de julio, aviones de su Fuerza Aérea bombardearon el aeropuerto de Saná, la capital yemení controlada por los hutíes, para evitar el aterrizaje de un avión iraní.

Como represalia por este ataque, los hutíes anunciaron el bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb. También se lanzaron misiles contra dos petroleros saudíes y obligaron a otros diez buques a dar marcha atrás.

Según reveló a EL ESPAÑOL Hesham Alghannam, analista del Centro Carnegie para la Paz en Oriente Medio, la Fuerza Aérea Saudí ha participado en numerosas intervenciones contra emplazamientos de drones y misiles iraníes desde el comienzo de la contienda. Las acciones no se hicieron públicas en su momento.

Riad ya golpeó en abril a la milicia proiraní en Irak. A partir de entonces, los ataques sobre su territorio se redujeron considerablemente.

Miembros de las Fuerzas de Movilización Popular durante el entierro de sus compañeros tras los bombardeos saudíes en Mosul. Al Ahad. Vía Reuters.

El dilema saudí

En esta guerra hay dos bandos que trabajan en diversos teatros de operaciones. Irán, por un lado, cuenta con el apoyo de los hutíes de Yemen, la milicia del FMP de Irak y Hezbolá en Líbano. Por otro, Estados Unidos e Israel, aunque la participación israelí tras el ataque inicial de febrero se concentró en la lucha contra Hezbolá.

Tras los primeros ataques del 28 de febrero, la respuesta iraní se dirigió contra los aliados de EEUU en la región. Los drones y misiles balísticos lanzados por Teherán y sus proxies apuntaron a las instalaciones energéticas y bases estadounidenses en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin, Kuwait, Omán y Jordania.

Pero la represalia más contundente fue el cierre del Estrecho de Ormuz. Antes del inicio de la guerra, el 25 % del crudo mundial salía desde el Golfo Pérsico por este paso: 20 millones de barriles diarios. Tras el cierre del Estrecho, Arabia Saudí redireccionó gran parte de su crudo a través del oleoducto Este-Oeste hacia el puerto de Yanbu en el Mar Rojo.

En la actualidad, el oleoducto transporta unos cinco millones de barriles diarios, casi el límite de su capacidad. Desde Yanbu el crudo viaja en barco a través del Estrecho de Bab el-Mandeb hacia su destino en Asia. Este es un paso todavía más angosto que el de Ormuz. En su parte más estrecha, la distancia entre la costa de Yibuti y la yemení es de menos de 20 km.

Imágenes de satélite muestran la nube de humo provocada por los ataques hutíes sobre instalaciones petrolíferas en Jizan, Arabia Saudí. Copernicus Sentinel-2. Vía Reuters.

Este es otro problema: Yemen posee casi 500 km de costa en el Mar Rojo. Al norte se encuentra el gran puerto de Al Hudeida, controlado por los rebeldes hutíes y base de ataques sobre la navegación hacia Bab el-Mandeb.

El cierre total de este paso estrangularía la capacidad de exportación del petróleo saudí y provocaría un recrudecimiento de la crisis energética mundial. Por eso, Riad no puede permitirse el lujo de que el conflicto escale hasta el punto en el que ambos pasos, Ormuz y Bab el-Mandeb, se cierren o pasen a control iraní.

La contradicción como estrategia

Los mandatarios saudíes manifiestan al mismo tiempo que quieren la desescalada y que no tolerarán ataques sobre su infraestructura energética o civil. Apelan a la soberanía nacional, las leyes internacionales y su derecho a defenderse. Además de hablar, cada vez que sienten la amenaza de los aliados de la República Islámica, reaccionan con ataques contundentes.

A ojos de Occidente parece una contradicción, pero la lógica saudí es diferente. Alghannam explica a EL ESPAÑOL que Arabia Saudí es el país más poderoso de la región. Su esfuerzo militar ha sido muy destacado y es una herramienta eficaz para prevenir el conflicto con sus vecinos.

"Estamos ante una disuasión calibrada con una vía de escape controlada, no ante una desescalada ni una guerra total", explica el analista. "El umbral para ir más allá de esa postura es político, no militar", añade.

Por eso, según informó Axios, el príncipe bin Salmán advirtió al vicepresidente Vance de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, va demasiado lejos presionando a Washington para que el conflicto escale. Su visita se organizó precisamente un día después de la reunión entre Trump y Netanyahu.

Los bloques se resquebrajan

Según Alghannam, "en Teherán han surgido dos centros de poder enfrentados. Por un lado, los líderes civiles, Pezeshkian, Aragchi y Ghalibaf, que intentan preservar la vía diplomática. Por otro, la Guardia Revolucionaria Islámica, que apuesta por mantener la confrontación". Esta situación se produce en ausencia del líder Mojtaba Jameneí, ausente de la esfera pública.

La balanza se está inclinando en contra de la vía diplomática: a finales de junio, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Ghalibaf, comparecía en directo en la televisión estatal para anunciar las negociaciones con Estados Unidos. De repente, se cortó la emisión para dar paso a un antiguo discurso de Jameneí.

El argumento del bloque civil es que el desgaste logístico y de suministros terminará obligando a la línea dura a dar su brazo a torcer. Es posible que el tiempo les dé la razón. Sin embargo, en el escenario actual, es la Guardia Revolucionaria quien dirige las operaciones y está ganando el pulso interno.

Los halcones que dominan las decisiones tácticas son los que están involucrados en las operaciones militares de la milicia yemení. Ellos son los que suministraron los misiles y drones de largo alcance que atacaron los puertos y buques saudíes.

También ellos seleccionaron los objetivos. "Es un movimiento demasiado preciso para tratarse de una iniciativa independiente de los rebeldes", asegura el analista.

De todo ello se desprende que los ataques hutíes, además de hostigar a los aliados de EEUU, sirven para demostrar en el interior que la estrategia negociadora de Pezeshkian y Ghalibaf no tiene futuro.

Las dudas surgen también entre los aliados del otro bando. Tras los constantes ataques iraníes sobre bases estadounidenses en Jordania, centenares de políticos, juristas y figuras de la sociedad civil jordana han firmado una carta pidiendo al Gobierno que retire las bases estadounidenses de su país.

Algunos de los firmantes declaran que les movió el sentido de responsabilidad nacional. Les preocupa que la presencia de tropas ponga en peligro la soberanía nacional.

La guerra ha afectado directamente al turismo. La industria turística supuso un 18 % del PIB en 2025. En el primer semestre de 2026, la facturación ha caído al 5,3 % y no se espera una mejora sustancial en la segunda parte del año. Jordania atraviesa una profunda crisis económica.

Los hutíes declaran un bloqueo marítimo contra Arabia Saudí y amenazan con forzar el cierre del estrecho de Bab el-Mandeb

Arabia Saudí defenderá sus intereses a toda costa, pero no quiere una guerra que se prolongue en el tiempo y haga peligrar su proyecto estratégico 'Visión 2030'.

El objetivo del príncipe heredero Mohamed bin Salmán es diversificar la economía del Reino, alejándola de su dependencia de los ingresos del petróleo. Los mandatarios saudíes pretenden crear una industria nacional moderna y dinámica. Detrás de esta iniciativa está el interés por generar empleos avanzados para cientos de miles de graduados y jóvenes que se incorporan al mercado laboral cada año.

Parte del programa se basa en atraer inversión extranjera para construir infraestructuras críticas, como grandes centros de datos. La cúpula saudí apuesta por convertir el país en un polo de desarrollo de la IA. Pero el plan no prosperará si Arabia Saudí se ve sometida a la amenaza constante y prolongada de los drones hutíes o los misiles balísticos disparados desde Irán.

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