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La Fairy

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Mañana reabren las dietistas y media España acude a sus consultas en busca del milagro

La última del verano

La Fairy

Mañana reabren las dietistas y media España acude a sus consultas en busca del milagro

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Regala esta noticia Añádenos en Google Un hombre con barriga. (Afp)

J. R. Alonso de la Torre

31/08/2026 Actualizado a las 00:03h.

Mañana abre la Fairy. En verano cierra porque a nadie se le ocurre adelgazar en julio y agosto. Si eliminas las cervezas, el gazpacho y ... la tortilla de patatas de tu dieta, las olas de calor te destrozan el cuerpo y te horadan el cerebro. La salud mental de mis vecinos del barrio y la mía propia dependen más de caprichos que de ansiolíticos. Frente al Diazepam, tomate y jamón con pan.

Mi barrio tiene un nombre que podría inspirar otro musical a Nacho Cano, Moctezuma, pero es un barrio como los de cualquier ciudad española. Se ven jubilados con camisetas de colores extravagantes, que les llegan hasta las rodillas y dejan ver la parte inferior de unos pantalones cortos de color oscuro y feo. Son prendas de la marca Delmer (Del Mercadillo) y dejan total libertad a las barrigas, que en verano recuelgan felices y despreocupadas hasta que llega septiembre, la Fairy reabre su consulta y las esposas, inasequibles apóstoles del kilo menguante, ordenan consulta, pesaje y dieta.

En el centro de las ciudades, los jubilados son más de camisas fucsia y polos pistacho entremetidos por el pantalón chino. No es que los jubilados pijos del centro no engorden, es que lo disimulan con la ropa y recogen la barriga cuando se cruzan con conocidos y parientes. La característica esencial de un pijo, jubilado o en activo, es la simulación: no eres rico, pero lo pareces; no eres guapo, pero te lo crees; no eres delgado, pero llevas el polo por dentro y engañas.

Otra diferencia entre los mayores del barrio y del centro es el vello. Este ha sido el verano en que, definitivamente, la depilación ha triunfado entre los mayores de clase media aspiracional. Bañarte en la piscina del club social con una mata de pelo en el pecho y una espalda de yeti resulta ya de un mal gusto imperdonable. Pieles sin pelo, piernas de ciclista y cuerpos pulidos han sido la constante en las piscinas chic y las calas de moda. En las piscinas públicas y en las playas abarrotadas, el jubilado de barrio ha seguido mostrando un pecho lobo anticuado que avergüenza a las nietas informadas: «¿Abuelo, no te has enterado de que ya se depilan hasta los viejos?».

Visto lo visto, veranear en el barrio es una opción llena de ventajas. Vistes como quieres, tienes libertad de pelambrera y te conocen en los bares y en las tiendas. ¡Qué tranquilidad entrar en tu café de siempre y no tener la sensación de que te van a engañar en cuanto te descuides! Tu cafelito, tus churritos, tu vinito del país con tapa de morros, el precio de siempre. En el chiringuito, te sientas con ansia de cortado y te levantan porque la mesa está reservada para las comidas; no te ponen tapa ni por recomendación y atruenan canciones en las que se habla sin tapujos de meterte el chino, de bellacas y de pollas en candela. Perreo explícito y tú sudando en la barra con un rebujito caro y caliente.

Después están las tiendas playeras, donde un champú, dos aguacates y tres blíster de chóped acaban con tu presupuesto. Qué diferencia con las tiendas del barrio, que fían y venden a granel los garbanzos, las pastillas del lavavajillas y hasta ese Fairy que elimina la grasa del plato como la dietista acabará con esa barriga cervecera que, reconozcámoslo, no queda bonita. ¡Feliz dieta!

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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