- Los principales bancos centrales ganan tiempo antes de subir los tipos de interés
- Varios miembros del BCE apuestan por mantener sin cambios los tipos de interés la próxima semana
- Editorial. Lagarde vela sus armas ante la temida inflación
- Los fiscales archivan la investigación penal contra el presidente de la Fed
- Editorial. La Fed frena las rebajas de sus tipos por Trump
Los grandes bancos centrales precisan más datos sobre el impacto real de una energía más cara.
Los dos grandes bancos centrales del mundo celebran esta semana sus primeras reuniones de política monetaria desde que comenzó la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. Un conflicto que se prolonga ya ocho semanas y amenaza con poner patas arriba la economía global.
Varios organismos internacionales, entre ellos el FMI, han llevado a cabo drásticas rebajas de las previsiones de crecimiento, y en sentido contrario las de inflación. Pero quienes tienen la mayor autoridad respecto a las expectativas de precios, así como las armas para combatirlas, son las autoridades monetarias: el Banco Central Europeo en el caso de nuestro continente, y la Reserva Federal en Estados Unidos.
El mensaje que trasladen ambas instituciones a los inversores condicionará el comportamiento de los mercados en un contexto de alta volatilidad e incertidumbre prolongada. Es poco probable que adopten decisiones drásticas porque las consecuencias reales de la tensión geopolítica en Oriente Próximo aún son incipientes y no del todo visibles, más allá de la drástica subida del coste de los combustibles y las primeras señales de retroceso de la producción industrial en la zona euro. Pero aún es pronto para saber con certeza si el encarecimiento de los insumos energéticos y los fertilizantes por el bloqueo del estrecho de Ormuz se contagia a toda la cadena de valor de los principales productos y servicios.
De ahí que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, anticipase que no subirán los tipos de interés hasta recabar toda la información necesaria, poniendo el foco en la doble incertidumbre sobre la duración del conflicto y la amplitud de su transmisión al tejido productivo. Fráncfort cuenta esta ocasión con la ventaja de no tener por ahora presión política para amoldar su política monetaria al impacto del conflicto, pues los gobiernos europeos temen que un endurecimiento de las condiciones crediticias para combatir la temida estanflación sea la puntilla para sus debilitadas economías.
En Estados Unidos, cuya economía es más robusta y resistente al shock energético causado por la guerra contra Irán, los focos estarán sobre Jerome Powell en la que debería ser su última reunión como presidente de la Fed siempre que el nominado por Donald Trump para sucederle, Kevin Warsh, logre al fin la ratificación del Senado. El final de la investigación de la Fiscalía contra el actual presidente de la autoridad monetaria debería despejar su relevo antes del próximo 15 de mayo.
Un difícil examen para el aspirante a la FedEl BCE prevé que la inflación alcance el 3,1% en el segundo trimestre por la guerra en IránLos principales bancos centrales ganan tiempo antes de subir los tipos de interés Comentar ÚLTIMA HORA-
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