Entre abanicos, cánticos y emoción, decenas de miles de personas vivieron en el estadio del Real Madrid una jornada de comunidad: «La Iglesia está viva»
Regala esta noticia Añádenos en Google La grada del Bernabéu disfrutó con la visita del papa. (Óscar Chamorro)J. González y L. Palacios
08/06/2026 Actualizado a las 21:12h.En las gradas, los abanicos no dejaban de moverse para combatir el calor, pero nada enfriaba el entusiasmo. Había niños, jóvenes, familias enteras y fieles ... que ya peinan canas y que, al ver el Bernabéu convertido en una gran casa de la Iglesia, recordaban inevitablemente aquel encuentro de 1982 con Juan Pablo II. Más de cuatro décadas después, muchos volvían a vivir una jornada de esas que se cuentan al llegar a casa, que no se olvidan nunca. En esa mezcla de edades, parroquias y procedencias se veía ya la comunidad viva que León XIV había pedido construir.
María Luisa Flores, de la parroquia de San Gabriel Arcángel, lo resumía desde su asiento como una experiencia «apoteósica». «Es apoteósico, indescriptible», repetía emocionada, todavía sorprendida por la respuesta del público. «La gente está participando a tope. Hay muchos niños y personas de todas las edades», relataba mientras seguía la actuación del mago Jorge Blass y el humor de Santi Rodríguez, que amenizaban la entrada de los fieles.
Pero, por encima del espectáculo, María Luisa lo tenía claro: «Lo mejor es la gente». Y la emoción se le desbordaba al intentar explicar lo vivido: «No te imaginas lo emocionante que es esto. Es una maravilla, no tengo palabras».
A pocos asientos, Jesús Labrador, venido del barrio de Hortaleza de Madrid, compartía esa misma mezcla de emoción y asombro. «Esto no se ve todos los días. Ver el Bernabéu lleno así, con tanta gente rezando, cantando y participando, impresiona mucho», aseguraba desde la grada.
Lo que más le llamaba la atención era la variedad de los asistentes: abuelos junto a nietos, matrimonios jóvenes, grupos de parroquia, religiosos, voluntarios y familias que habían llegado con tiempo para no perderse ni un detalle. «Te das cuenta de que la Iglesia está viva. A veces uno piensa que la fe se vive en pequeño, en la parroquia, en el barrio, pero cuando ves a tanta gente reunida por lo mismo, entiendes que formas parte de algo mucho más grande», explicaba.
Jesús miraba alrededor y veía más que un estadio lleno: veía una comunidad. «Hay personas de todas las edades, de muchos sitios, todos juntos. Eso emociona», insistía. La imagen -decía- le recordaba que la Iglesia no es solo un edificio ni una celebración puntual, sino «una familia» que se reconoce cuando canta, reza y comparte una misma esperanza.
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