Europa, y España con ella, busca desde la guerra en Ucrania reducir su dependencia del petróleo y el gas. El nuevo conflicto puede impulsar esta tendencia, pero entraña riesgos para su financiación.
"La Unión Europea tiene que librarse de la dependencia del gas y el carbón rusos, por lo que tenemos que diversificar nuestra energía", aseguraba la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hace cuatro años tras la invasión de Ucrania por Rusia. Y hace semanas, justo antes del ataque de EEUU e Israel a Irán, profundizaba en la idea: "Europa ya no tiene más elección que aumentar su independencia". En ello está. Y España, con ella.
"La guerra de Irán es una vuelta de tuerca adicional en un contexto geopolítico cada vez más complejo e impredecible, donde la soberanía energética se erige una vez más como un aspecto fundamental para la autonomía estratégica europea", asegura Óscar Barrero, socio responsable de Energía y Utilities en PwC. Y añade: "La dependencia de recursos fósiles no disponibles en Europa -no es el caso de EEUU, principal productor de petróleo y gas mundial- nos expone a este contexto geopolítico con una gran vulnerabilidad. Por lo tanto, esto debería reafirmarnos en la estrategia europea de apostar por fuentes autóctonas de energías, como el sol, el viento, bioenergías o la energía nuclear".
Flujos de comercio
No se trata sólo de energía, sino de todo lo que ésta conlleva: "La evolución del contexto geopolítico está alterando los flujos de comercio internacional y condicionando las estrategias energéticas, influyendo en las decisiones de política industrial, en los marcos regulatorios y en la configuración de las cadenas de suministro energéticas a nivel global", se asegura en el Energy Insight #28 de Moeve.
Los expertos coinciden en que el impacto de la guerra de Irán en la economía europea dependerá en gran medida de la intensidad y la duración del conflicto. Estos días se ha producido un shock en los precios del petróleo y el gas, "pero para que tenga efectos reales sobre la economía dependerá de si se prolonga el cierre durante semanas o meses", dice Barrero.
Por el estrecho de Ormuz circula aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural que se comercializa en el mundo. Aunque Europa no es el principal receptor del mismo -lo es Asia-, se trata de mercados globales y la inestabilidad se traslada automáticamente a todos los mercados.
Además, a través de dicho estrecho pasa una parte importante del comercio marítimo de Asia hacia Europa. Los grandes operadores ya están cambiando las rutas para evitar el paso del estrecho, pero esto conllevará retrasos por los trayectos más largos y con un coste superior, no sólo por la distancia extra sino también por el impacto en el coste de los combustibles.
Europa se vería sacudida, por un lado, por los incrementos de coste de energía de forma directa, pero también sobre el resto de los productos que importamos desde Asia, incluyendo equipamientos vinculados a la industria energética, automóvil... "La dependencia en la cadena de valor en los minerales, los equipos y las tecnologías asociados a la transición energética es otra forma de sujeción. No sólo por el riesgo de suministro -como eventualmente puede producir una situación como el cierre del estrecho-, sino por el riesgo estratégico que supone la falta de capacidades europeas en materia de innovación y fabricación", explica Barrero.
Tres conclusiones
En opinión de este experto, se pueden extraer tres conclusiones de cara a la estrategia europea energética:
-Es necesario tener una estrategia de suministro energético diversificado y resiliente, tanto a nivel de fuentes de energía como de infraestructuras asociadas. España dispone de una diversificación de fuentes e infraestructuras de entrada vía gas natural o GNL.
-Es preciso acelerar el desarrollo de fuentes renovables para avanzar en la autonomía energética, como única estrategia posible para garantizar una Europa soberana y, a futuro, con una industria competitiva que no esté al vaivén de los mercados energéticos.
-Replantear las cadenas de suministro, con el objetivo de garantizar que Europa dispone de capacidades productivas en sectores clave y cadenas de suministro asociadas más resilientes y con menos dependencia tecnológica de terceros como Asia.
Nuevo obstáculo
Igual que sucedió con la pandemia del Covid o la invasión de Ucrania, todo hace pensar que la guerra en Irán acelerará la transición energética, en busca de la necesaria independencia y seguridad de suministro, además de por razonas medioambientales. Pero Antony Froggatt, director de Energía y Clima del think tank Transport and Environment, advertía en Bloomberg Green que, "los precios más altos del petróleo y el gas podrían suponer un nuevo obstáculo, ya que restringirían el gasto público y limitarían la financiación de tecnologías limpias que dependen de subvenciones para competir con alternativas más sucias".
"La energía es la savia vital de nuestras economías, cuanto más puedas producir a nivel nacional, más segura es", dice este experto.
Un conflicto que ahonda en la inestabilidad
Demanda energética La demanda mundial de energía ha aumentado un 60% desde el año 2000. Aunque las tecnologías limpias ganan peso, los combustibles fósiles siguen representando casi el 80% de la demanda y va a hacer falta mucha electricidad para, entre otros, centros de datos de IA, según el Global Risks Report de Foro Económico Mundial.
Concentración La producción, el refinado y el procesado de minerales críticos están concentrados en muy pocos países, especialmente China, según la AIE. Estas materias primas son clave en sectores tecnológicos, automóvil, energía o Defensa. El país asiático tiene también un gran dominio en la fabricación de tecnologías limpias, como solar y baterías.
Suministro La fragmentación de las cadenas de suministro amenaza con interrumpir cerca del 30% de los flujos comerciales mundiales de minerales crítivcos en la próxima década (ver gráfico), asegura el informee The Mineral Shortage Is a Growing Problem, de BCG (como se ve en el gráfico). Aranceles, subsidios y reglas locales y conflictos como Irán agravan los cuellos de botella.
Volatilidad La guerra en Ucrania desató una gran volatilidad de precios energéticos. El conflicto con Irán añade más dosis de incertidumbre, con puntos clave como los países vecinos productores de la zona y el Estrecho de Ormuz. En los primeros días de ataques el precio del petróleo se disparó en casi dos dígitos y el gas escaló a cotas cercanas al 50%.
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