- MARÍA ISABEL VILLARES
- Las claves del éxito, según Giorgio Chiellini
- La presión olímpica de Miriam Blasco o cómo tomar decisiones en segundos
El jugador representa otra forma de entender el alto rendimiento. Destaca la relevancia de la gestión de la energía, la constancia y la resiliencia para soportar entornos de elevada exigencia.
El deporte puede ser un ejemplo en muchos ámbitos de la vida. También cuando reflexionamos sobre la salud mental en el trabajo, la importancia de saber parar a tiempo y la capacidad de resiliencia después de un bache. En el deporte profesional existe una paradoja fascinante. Cuanto más éxito alcanza un deportista, mayor es la presión que soporta para seguir ganando. Lo que desde fuera parece la culminación de una carrera, suele convertirse en el inicio de una exigencia aún más intensa: defender lo conseguido.
Arturo Coello conoce bien esa realidad. Convertido en uno de los grandes referentes del pádel mundial y número uno del ránking junto a Agustín Tapia, el vallisoletano representa la nueva generación de deportistas de élite que han aprendido a convivir con una presión constante.
Cada torneo comienza con la misma expectativa: ganar. Cada derrota se analiza al detalle. Cada actuación genera conversación. Sin embargo, cuando uno escucha sus declaraciones públicas, encuentra un mensaje recurrente que trasciende el deporte: la importancia del equipo, de la confianza, del trabajo diario y de mantener los pies en el suelo. En otras palabras, la importancia de construir mecanismos que permitan sostener el rendimiento sin que el éxito termine convirtiéndose en una carga insoportable. Porque el agotamiento no aparece de repente.
El burnout rara vez llega sin avisar. Lo hace de forma silenciosa. Comienza con pequeñas renuncias: menos descanso, menos tiempo personal, más preocupaciones, más presión autoimpuesta. Poco a poco, la energía que antes parecía inagotable empieza a resentirse. En el ámbito empresarial ocurre exactamente igual. Muchos profesionales no se desploman por una crisis puntual, sino que se desgastan durante meses o años acumulando reuniones, objetivos, viajes, responsabilidades y expectativas. Siguen funcionando porque son capaces de cumplir. Y precisamente por eso nadie detecta el problema a tiempo, ni siquiera ellos.
La cultura corporativa ha premiado históricamente la resistencia. Admiramos a quienes nunca desconectan o a quienes parecen inmunes al cansancio. Sin embargo, la evidencia demuestra que el rendimiento sostenible no depende de la capacidad de soportar más presión, sino de la capacidad de recuperarse de ella.
El deporte de élite ofrece ejemplos reveladores. En los últimos años hemos visto a algunos de los mayores referentes mundiales reconocer públicamente que el éxito también tiene costes invisibles. Simone Biles decidió detenerse en plena competición olímpica para proteger su salud mental y Michael Phelps habló abiertamente de los episodios depresivos que experimentó tras alcanzar la cima de su disciplina.
También en el pádel han surgido voces que invitan a reflexionar. Fernando Belasteguín ha explicado la enorme carga emocional que supone mantenerse durante décadas bajo la obligación permanente de ganar. Y Alejandra Salazar, ha relatado cómo las lesiones, la incertidumbre y la exigencia competitiva afectan al equilibrio emocional.
Todos ellos comparten una misma enseñanza: nadie es inmune al desgaste. Y quizá esa sea la lección más relevante para directivos, emprendedores y profesionales.
Gestionar la energía
La gestión de la energía está sustituyendo progresivamente a la gestión del tiempo como principal ventaja competitiva. Dormir bien, establecer límites, delegar, desconectar, cuidar las relaciones personales o reservar espacios para la recuperación ya no son lujos, son herramientas de productividad.
Los deportistas de élite lo entendieron antes que nadie. Ningún entrenador razonable pediría a un jugador disputar una temporada completa sin descanso. Las organizaciones más avanzadas están empezando a asumirlo. Hablan de bienestar y de salud mental, pero el verdadero reto consiste en integrarlos en la cultura diaria de trabajo.
La salud mental se protege antes de que una persona ya se ha roto. Ahí es donde la trayectoria de Coello resulta interesante. Más allá de los títulos, representa una forma distinta de entender el alto rendimiento: una visión basada en la humildad para seguir aprendiendo, en rodearse de buenas personas, en la disciplina para trabajar cada día como si aún no hubiera llegado a la cima, en la confianza depositada en quienes le rodean, especialmente en su compañero Agustín Tapia a quien admira, y en la capacidad de mantener los pies en el suelo incluso cuando se ocupa el primer puesto del mundo. Son valores que, en un mundo obsesionado con los resultados inmediatos, resultan más necesarios que nunca.
Quizá por eso la historia de Arturo trasciende el deporte. Porque nos recuerda que el éxito sostenible no se construye únicamente sobre el talento. Se construye sobre la constancia, la capacidad de superar la frustración, la resiliencia para levantarse después de las derrotas, el apoyo de quienes caminan a nuestro lado y la inteligencia emocional para saber cuándo apretar y cuándo parar.
María Isabel Villares es coordinadora académica del Executive MBA en ESIC University.
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