- Miembros del BCE ven más probable que se materialice su escenario adverso: inflación al 3,5%
- Frenazo de la economía de la eurozona en marzo, amenazada por la estanflación
El dato de IPC de la zona euro fue peor de lo anticipado. Eurostat ha elevado en una décima la inflación de marzo, al 2,6%, siete décimas más que en febrero, y constata el impacto de la crisis energética.
"Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor", reza la máxima popular, que en las últimas fechas han hecho suya personalidades como la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, quien el miércoles pasado advirtió de que "si el conflicto en Oriente Próximo persiste y los precios del petróleo se mantienen altos durante un periodo prolongado, debemos prepararnos para tiempos difíciles".
Pese a que en los últimos días se había moderado, el precio del petróleo volvió a acercarse ayer a los 100 dólares y es hoy más de un 60% más caro que a principios de año, mientras que la situación en Oriente Próximo sigue siendo un polvorín a pesar de las expectativas de una nueva ronda negociadora entre EEUU e Irán. Y aunque la magnitud del daño dependerá de cuánto se prolongue la guerra, los estragos ya causados hasta la fecha por el shock energético han disparado las alarmas, especialmente en Europa, donde el futuro inmediato se presenta lleno de curvas, con menos crecimiento y más inflación.
En este convulso e incierto escenario, Eurostat revisó ayer el dato de inflación de marzo, que, al igual que ocurrió con el IPC español, fue aún peor de lo anticipado. La inflación armonizada en la eurozona fue finalmente del 2,6% interanual, una décima más de lo adelantado a finales de marzo, siete décimas superior al IPC de febrero, y la tasa más alta desde julio de 2024. Un salto cuantitativo más que notable en apenas un mes, en el que los precios se dispararon un 1,3% en tasa mensual.
Y otro tanto sucedió en el conjunto de la UE, donde el IPC escaló al 2,8% frente al 2,1% del mes anterior tras haber crecido un 1,1% mensual. Los precios repuntaron, con mayor o menor fuerza, en 22 de los 27 Estados miembros de la UE y en 18 de los 21 países del euro.
España, entre los países más inflacionistas
España ha sido uno de los países del bloque más golpeados por esta marea, con un IPC armonizado en marzo del 3,4% interanual, nueve décimas más que en febrero, tras un acelerón mensual del 1,7%. Este súbito e intenso esprint sitúa a España entre los países europeos más inflacionarios: el octavo en el conjunto de la UE, el séptimo de la zona euro y el primero entre las grandes economías del club comunitario, lo que, en un momento difícil para toda la UE, perjudica especialmente la competitividad de las exportaciones españolas, cuyo destino mayoritario es el propio bloque europeo. La brecha negativa con la zona euro se sitúa en 8 décimas; el diferencial con Alemania, cuyo IPC subió un 2,8%, en 6 décimas; en 1,4 puntos porcentuales con Francia, donde los precios repuntaron un 2%, y en 1,8 puntos con Italia, cuya inflación fue del 1,6%.
Abril peor que marzo
Esta primera sacudida inflacionista ha sido fuerte, pero lo peor aún podría estar por llegar. "Abril será mucho peor que marzo", avisó recientemente Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que en las últimas fechas no se ha cansado de alertar de la enorme gravedad de la crisis energética provocada por la guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, asegurando que esta crisis será peor que "las de 1973, 1979 y 2022 juntas".
Precisamente, la energía es el gran catalizador del vórtice inflacionario que se está gestando. Los precios energéticos se dispararon un 5,1% interanual en marzo en la zona euro, en contraste con las caídas registradas en los meses previos (un 3,1% en febrero), ya que el resto de componentes de la cesta de la compra europea se han moderado, aunque en algunos casos siguen subiendo a tasas significativas. Por ejemplo, el precio de los alimentos frescos, que en marzo se encareció un 4,2%, aun así 4 décimas menos que en febrero; o de los servicios, que lo hizo un 3,2% versus el 3,4% del mes anterior. Los alimentos procesados subieron un 1,7%, una décima menos que en febrero, mientras que los bienes industriales no energéticos lo hicieron un 0,5%, frente al 0,7% del mes anterior.
Esta relativa contención de los precios al margen de la energía ha permitido que la inflación subyacente (excluyendo tanto los precios energéticos como los de los alimentos frescos) se modere al 2,2%, una décima menos que en febrero, aunque si la crisis se prolonga, solo será cuestión de tiempo que las presiones inflacionarias se contagien al resto de la cesta. De hecho, en España ya ha empezado a ocurrir. En marzo, el IPC subyacente aceleró hasta el 2,9%, dos décimas más que un mes antes y la tasa más alta desde abril de 2024, mostrando que la subida de precios se ha filtrado también a la parte más estructural de la cesta de la compra, con encarecimientos bastante generalizados.
En el conjunto de la UE, las tasas de inflación más elevadas en marzo correspondieron a Rumanía, con un 9%; a Croacia, con un 4,6%; a Lituania, con un 4,4%, y a Luxemburgo, con un 3,8%, todos ellos con cifras muy superiores al objetivo de estabilidad de precios del 2% del BCE. En el extremo contrario, Dinamarca fue el país con menor tasa de inflación, un 1%; seguido de Suecia y Chipre, ambos con el 1,5%.
Los salarios suben menos que el IPC por primera vez en casi dos añosFrenazo de la economía de la eurozona en marzo, amenazada por la estanflaciónEl TJUE allana el camino para que España tenga que convertir en fijos a los más de 800.000 interinos Comentar ÚLTIMA HORA