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Internacional

La ingenuidad de Jordi Sevilla: la única corriente que arrastrará a Sánchez serán las urnas

La ingenuidad de Jordi Sevilla: la única corriente que arrastrará a Sánchez serán las urnas
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Pedro Sánchez desciende de su vehículo oficial, a su llegada al Congreso de los Diputados.

Opinión EL LIBRO DE LA SELVA La ingenuidad de Jordi Sevilla: la única corriente que arrastrará a Sánchez serán las urnas Publicada 10 enero 2026 02:50h

Me he acordado mucho estos días de Isabel y de Juan, dos veteranos afiliados del PSOE a los que conocí hace poco más de un año en Sevilla, en el Congreso federal.

He recordado a Isabel en pie, disuelta en un público entregado, haciendo señales de humo al escenario del Politburó como los indios en las praderas, pidiendo que le dieran la palabra.

Sánchez y los suyos miraban intrigados, supongo que pensando en lo incómodo que resulta silenciar a una camarada con todos los demás camaradas mirando.

Isabel, Isabel Andaluz se llama, dirigente de la corriente interna Izquierda Socialista, quería debatir algunos aspectos de lo aprobado en el Congreso. Primero, le dieron el micrófono y, cuando vieron que su reclamo era ese, debatir, se lo quitaron.

Fui corriendo a buscar a Isabel, que estaba con Juan, su compañero de ‘corriente’, que también quiso hablar. Fui corriendo a buscarlos, nadando a contracorriente, porque ahí estaba el retrato del sanchismo; el silenciamiento automático de la crítica.

Pero me encontré algo todavía peor. En realidad, mejor. ¡Y mucho más divertido!

Isabel y Juan, de Izquierda Socialista, me contaron a orillas del pabellón que ellos no estaban contra Sánchez, que querían hablar de “participación” y alguna que otra cosilla, pero que creían en las tablas de la ley: la amnistía, la máquina del fango, el Diario de Cesiones y la lucha contra el fascismo.

Joder, ¿entonces?

“Eso, oigan, entonces, ¿cómo no les han dejado hablar?”, les pregunté. Ni ellos mismos se lo explicaban.

“¡Qué coño es esto de aprobar por asentimiento!”. Resuena en mi teclado el grito de Juan Gómez Colomera, el compañero de Isabel, de Izquierda Socialista, que fue mucho menos diplomático en la pequeña entrevista que improvisamos.

Izquierda Socialista, cualquier corriente o facción interna, sólo es hoy el humo de la pipa de Pablo Castellano, que en los ochenta hacía metáfora de la colección de bastones que tiene en casa atizando a la dirección en todo momento.

En aquellos tiempos, los del humo de la pipa de Castellano, estaba muy mal visto tomar la palabra en un Comité Federal para halagar al líder. Me lo contó Virgilio Zapatero y me lo confirmó Alfonso Guerra, que en aquellos tiempos militaban en facciones distintas.

Otro mítico dirigente de entonces, que me pide no revele su nombre, me habla incluso de unos gritos, de algunos insultos, en esas reuniones donde disentían felipistas, guerristas y renovadores: “¡Creo que hay hasta cintas!”.

Hoy, la facción, la corriente, la disensión, el debate, es sólo recuerdo… y purga. Si hubiera alguien con el talento de Jorge Semprún entre los mutilados por Sánchez, salía un libro sensacional. Uno, por ejemplo, como el que hizo Cayetana sobre el modus operandi de Génova en tiempos de Teodoro.

Ahí, en la conversación con Isabel y Juan, me di cuenta de que el PSOE de Sánchez es un partido en el que no se puede hablar ni siquiera a favor. No es que esté prohibida la crítica. Es que está prohibido cualquier matiz. Incluso formas diferentes de decir lo mismo.

Controlaba aquella dinámica Santos Cerdán, nuestro Santi, que apareció en medio de una multitud, besando a hombres y mujeres, y que, cuando se proclamó víctima de “un maremoto totalitario”, fue contemplado como un mesías aparecido en las aguas. El mesías que hacía el Milagro. Hasta multiplicaba los panes y los peces, supimos después.

Estuve allí. Lo vi. Vi a Santi, metí el dedo en la llaga de Santo Tomás Didimo. Puedo prometer y prometo que la multitud lo miraba como miró un Antonio Machado niño aquel día a Pablo Iglesias en el parque del Retiro: “Tenía el timbre inconfundible de la verdad humana”.

Aquel día de diciembre de 2024, quedó contrastado para siempre que ningún remedio a Sánchez puede nacer dentro del propio PSOE. Sánchez sólo se irá con la fuerza de las urnas. Y quizá ni eso: creo que se quedará si las elecciones dan lugar a un padre Feijóo encorsetado por Vox.

Esa es la tesis, me dicen, de gente que lo conoce bien: desde Eduardo Madina hasta Felipe González.

El intento de Jordi Sevilla

Conviene escribir esto ahora que nace, este lunes, el manifiesto de Jordi Sevilla; la intención –informan muchos periódicos– de crear una “corriente” netamente socialdemócrata dentro del PSOE.

¡Cómo tiene que estar la cosa para que el elemento central del partido, la ideología imperante en sus años dorados, sea hoy tan solo un intento de corriente!

Jordi Sevilla, además de nobles intenciones, tiene una buena cabeza. Y un proyecto para España. Así ha quedado acreditado en las últimas entrevistas que ha mantenido con este periódico.

Lo que sorprende es su ingenuidad. Debe saber, seguro que lo sabe, que las corrientes internas las aprueba la dirección, Sánchez, y que su funcionamiento, después, está comprometido a no utilizar las deliberaciones internas para atacar las resoluciones de Ferraz.

El intento sólo tendría un sentido: que fuera denegada la aprobación de la corriente y que quedara patente, una vez más, que Sánchez gobierna “con o sin el concurso del poder legislativo” y con o sin el concurso de su partido.

Pero, de ocurrir así, sería mucho esfuerzo para muy poco resultado: esto ya es de sobra sabido.

Nuevas y viejas generaciones

Sevilla quiere que nazca algo diferente y se ofrece como puente entre las nuevas generaciones y un pasado no tan pasado. Es consciente de que los Felipes y los Alfonsos ya no suman en la cabeza de los jóvenes. Es más: pueden incluso restar.

Su final, el que va del 93 al 96, fue una ciénaga de corrupción veremos si inferior o superior a la de Sánchez. Aunque es cierto que Sánchez les golea con un agravante: la corrupción ha ido acompasada de un proyecto de disolución de la convivencia; cosa que no ocurrió entonces.

Del mismo modo, Sánchez no cuenta en su haber con el gran proceso de modernización de España que capitanearon González y Guerra.

Pero González y Guerra son pasado. Y las críticas de sus ministros al actual Gobierno también. Nada de eso tiene el más mínimo efecto en el funcionamiento del partido, por más que a los medios nos encante entrevistarlos y publicar reportajes sobre conspiraciones en restaurantes de Madrid.

Jordi Sevilla pretende, pese a su condición de ministro de Zapatero, que lo que nazca sea nuevo. Pero lo que él pretende no puede nacer.

Incluso podría tener un efecto devastador: que Sánchez lo permitiera nacer para utilizarlo como un falso síntoma del renacimiento de la democracia interna en su partido.

Sevilla conoce el artículo 21 que rige al PSOE: “El Congreso federal debate y juzga la gestión de la Comisión Ejecutiva Federal, del Comité Federal y de la Comisión Federal de Ética y Garantías”.

A Isabel y a Juan les quitaron el micrófono.

Antes de que ocurra eso, mejor no tenerlo.

La única corriente que puede desplazar a Sánchez es la que lleva de la puerta de casa al colegio electoral.

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    Fuente original: Leer en El Español
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