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La intervención clave de la UCO: 16 meses para resolver un caso archivado durante cinco años

La intervención clave de la UCO: 16 meses para resolver un caso archivado durante cinco años
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Los agentes especiales de la Guardia Civil reactivaron la causa en noviembre de 2014 y estrecharon el cerco sobre los dos hermanos desde el 14 de enero de este año Leer

De la noche del 9 de mayo de 2017 al 11 de marzo de 2026. 3.230 días. Casi nueve años. Con sus lúgubres días y sus interminables noches para la familia de Francisca Cadenas (su marido y tres hijos) El desasosiego y la desesperanza se apodera cada vez más de ellos. "Teníamos una corazonada". Menos de 30 más arriba de donde ellos viven, en la misma Calle Nueva, sus dos vecinos -Lolo y Juli-, habitan mientras tanto en la casa del horror, pisando el suelo del patio donde está enterrada la mujer de 59 años. Pero no hay pruebas. Sólo sospechas, intuiciones, ruido de obras al principio. Y un hermano, el mayor (55 años), que participa en las concentraciones para reclamar que la investigación de la desaparición no decaiga (Lolo) y otro que nunca aparece, el menor (50 años), Juli. ¿Por qué no entran en su casa? La investigación no tuvo pruebas sólidas durante todo este tiempo para pedir una orden judicial. El cerco se estrechó, poco a poco, desde el pasado 14 de enero después de que la UCO -como ha reclamado siempre la familia de la víctima- tomara la responsabilidad del caso en noviembre de 2014. 16 meses primero. Una semana de vértigo, esta última, para esclarecer un caso que se dio por perdido (estuvo cinco años archivado).

Quedan por conocerse cómo se produjo el crimen y, sobre todo, el por qué, cuando nunca puede haber una razón que motive tanta crueldad y frialdad. Por el momento, que ya es lo esencial, se ha encontrado el cuerpo y hay una confesión ("se terminó derrumbando", apuntan fuentes de la investigación. La hizo ayer Julián González, que exculpa a Manolo, de que ya ofreció su coartada, ante la Guardia Civil y ante los medios, cuando negaba otra vez cualquier relación con el crimen: "Estaba en el hospital del Mérida esa noche acompañando a un familiar (su tía). "Yo no sabía nada", repite una y otra vez. La última vez ayer en un nuevo interrogatorio ante los agentes ¿Es posible que alguien conviva nueve años con los restos de una persona bajo sus pies sin enterarse? ¿Es posible que un hermano no le cuente a otro -viviendo bajo el mismo techo- el crimen cuando en Hornachos no se ha hablado de otra cosa durante toda una década? Y lo que es más importante desde el punto de vista judicial. ¿Le dio tiempo a Juli a matar y a enterrar a su vecina para que cuando llegara Lolo de Mérida la escena del crimen estuviera impoluta? Nadie de la investigación lo cree. Habrá que esperar a su declaración en el Juzgado de Zafra de este sábado, a las 9.00, cuando serán conducidos desde el cuartel de Zafra.

Se preguntaba ayer el periodista Paco Lobatón en las calles de Hornachos, siempre muy cerca del caso y de la familia, que cómo era posible que no se hubiera estrechado el cerco mucho antes. "La familia, los hijos de Francisca tenían muy claro dónde había que buscar y sin embargo se tardó lo que se tardó". Es la pregunta que todos se hacen.

Como contaba ayer este periódico, en la misma noche de la desaparición de su madre, José Antonio se presentó en el domicilio de los ahora acusados. Lo hicieron también en otros domicilios de la calle. Todos los vecinos prestaron colaboración, todos abrieron sus casas... salvo un domicilio. Salvo una puerta. Juli puso una excusa y casi le estampó la puerta a José Antonio, poniendo como excusa que estaba pendiente de su tía enferma. "Teníamos que haber tirado la puerta abajo", se lamentan ahora los hijos. Y más cuando las sospechas se incrementaron porque a los dos o tres días de la propia desaparición se escucharon ruidos de obra en la vivienda. Ahora, parece claro que se estaba construyendo la ignominia bajo el suelo, excavando, poniendo baldosas encima, plantas... y hasta un frigorífico. El horror.

"La resolución estaba a escasos metros", clamó ayer su hijo, agitador incansable para que la causa no quedara en el olvido, como ocurrió durante unos largos cinco años, cuando la carpeta del sumario del caso se archivó por el juzgado. No hay pruebas, no hay caso. En el inicio, la investigación recayó en la Unidad Territorial de la Guardia Civil, casi tres años sin conseguir avances. Hubo interrogatorios, también a los dos hermanos, al matrimonio amigo cuya hija cuidada Francis casi todas las tardes, los últimos que la vieron con vida. Se registraron casas. Hasta las de la propia familia afectada. Se inspeccionaron pozos. Se puso la mirada en otros vecinos... Otro dato: el hermano mayor detenido sí participó en las concentraciones que se organizaban en el pueblo para exigir la intervención de la UCO en el caso. El confeso autor del crimen no lo hizo nunca, aseguran en el pueblo.

En 2019, y tras llegar a un punto muerto, el caso quedó archivado. La familia, sin embargo, no se rindió. Hubo manifestaciones, incluso ante las puertas de la Delegación de Gobierno en Badajoz. Fue una batalla incansable de la familia y el pueblo, con un papel fundamental de los medios de comunicación como altavoz. El caso languidecía.

Sin embargo, y cuando nadie lo esperaba ya, llegó el punto de inflexión. En noviembre de 2024, la UCO comenzó a desplegar todos sus recursos para reconstruir los últimos pasos de la mujer. Sólo la presencia de los agentes en las calles insuflaba esperanza. La primera visualización en esta última etapa ocurrió tras las navidades, el 14 de enero. Luego, desde el pasado día 4 de este mes ya de forma continuada, con 200 agentes en las calles, hasta esta semana final donde todo se precipita, ya completamente estrechado el cerco sobre Lolo y Juli. No tenían escapatoria. El lunes pasan de ser testigos a ser interrogados como investigados mientras comienzan los registros en su vivienda, todavía sin orden judicial, pero con la "colaboración" de ellos por recomendación de su abogado.

Una vez con el 'plácet' judicial, entran de lleno en la vivienda de dos plantas por tercera vez el miércoles. Todavía estaban en libertad los hermanos, pero a las cinco de la tarde todo termina con el hallazgo de los huesos. Han pasado 3230 días desde que Francis no regresó a casa a hacerla la cena a su hijo, como prometió.

Las labores en estos últimos días han incluido mediciones técnicas en el callejón y el tramo superior de la vía en la que residía (donde vivían los hermanos), así como la toma de declaraciones a vecinos de la zona. Y una clave para la agilidad final, que es la experiencia en este tipo de casos: la UCO desplazó al mismo equipo que resolvió un caso muy parecido, el de Manuela Chavero, la mujer desaparecida en Monesterio. 65 kilómetros separan ambas localidades, ambos horrores. "Nada va a ser igual, no somos las mismas personas", clamo ayer su hijo José Antonio. Seguramente, se sienten ante un jurado popular y en un horizonte penal con una posible prisión permanente revisable por delante. Entonces, sí, la familia de Francis podrá descansar, por fin, en paz.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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