- TOM BURNS MARAÑÓN
A comienzos de curso de un año electoral, jamás ha estado el poder ejecutivo tan alejado de su zona de confort.
Se acaba el paréntesis estival que, por obra y gracia de Marruecos, ha tenido a los ciudadanos de Ceuta en vilo y a sus sanitarios y sus fuerzas de seguridad sin medio minuto de descanso. Se hunde sin remedio la reputación del Gobierno porque lo que ahora comienza es todo menos una rentrée política más.
Rabat, el "socio fiable" de Madrid, ha reabierto el contencioso sobre su derecho a ocupar las plazas españolas en África y con total descaro ha permitido un ataque frontal a la mayor de ellas. Pero el Gobierno de Pedro Sánchez niega la mayor e insiste en que la normalidad se reimpuso rápidamente en la "españolísima" Ceuta. Y Moncloa ha esperado hasta mañana para convocar un Consejo de Ministros. El desasosiego ciudadano por lo que hace uno y no hace el otro es comprensible.
También mañana Margarita Robles, titular de Defensa, comparecerá ante la correspondiente Comisión en el Congreso de los Diputados. Es la primera de hasta seis ministros que, mal que bien, darán la cara sobre la crisis/no crisis de Ceuta a lo largo de esta semana en la sede parlamentaria. Todos han realizado visitas fugaces a la ciudad autónoma en las semanas pasadas y han tenido que soportar el abucheo del público ceutí. Pero lo duro viene ahora.
Nunca tantos ministros, uno tras otro, y un día sí y el siguiente también, han tenido que rendir tantas cuentas sobre un asunto que, quiera o no Sánchez, tiene tantísima envergadura. ¿Cómo es que entraron ilegalmente en Ceuta casi tantos marroquíes en edad militar como población residente tiene la ciudad española? A comienzos de curso de un año electoral, jamás ha estado el poder ejecutivo tan alejado de su zona de confort.
Lo previsible es que mañana en la comisión de Defensa los portavoces del Partido Popular y de Vox le harán en primer lugar a Robles la misma pregunta que le harán a Fernando Grande-Marlaska cuando comparezca ante la Comisión de Interior el viernes de esta semana, último día del mes de agosto.
¿Supo la ministra de Defensa, a través de los servicios de inteligencia que reportan a ella, que se preparaba una avalancha migratoria sobre Ceuta los días 30 y 31 de julio? Y si lo supo, ¿transmitió la información al presidente del Gobierno? ¿Lo supieron los demás miembros del Consejo de Ministros, y, muy concretamente, lo supo el titular de Interior?
Esto es lo que quieren saber todos los españoles. A lo largo de este mes Robles ha dicho que sí estaba enterada de lo que se cocía en la frontera de Ceuta con Marruecos y el ministro del Interior ha dicho que no sabía nada. ¿De verdad? Junto con las lamentaciones por la ola de calor, esta contradicción -quién supo qué de una inminente invasión marroquí- ha dominado las conversaciones que se han venido celebrando en el chiringuito de la playa.
Mientras que la discordancia no se aclare solo cabe llegar a una de dos explicaciones: o miente Robles, que es juez, o miente Grande-Marlaska, que también lo es; si no miente ninguno es porque la ministra de Defensa se guardó para sí la información que había recibido. No hay que darle más vueltas al asunto.
Llegar a cualquiera de estas conclusiones es tocar las teclas más desafinadas en la música que divulga el sanchismo. Lo que define el paso de Pedro Sánchez por el poder es la mendacidad compulsiva y esto es de idiotas porque la verdad siempre se acaba sabiendo. A la tercera o cuarta ya no vale decir que se ha cambiado de opinión ante nuevas circunstancias. El falso relato retorna y golpea a quien lo lanzó con la fuerza de un bumerán.
El desorden también define al sanchismo. Este es un fallo inevitable cuando se trata de un gobierno de coalición cogido con pinzas que está presidido por un ególatra que anda parco de principios. Antes o después todo proyecto de gobierno presidido por un altanero reincidente acaba condenado por la falta de coordinación entre sus diversos palmeros.
En este mes de agosto la ausencia de consonancia ante una situación gravísima ha sido flagrante. Sánchez optó por permanecer en Lanzarote. Ha vivido el caos desde lejos y, con elecciones generales a un año vista, su apatía seguramente le saldrá muy cara. En el chiringuito de la playa no había quien le defendiera. Se dirá que ya todo le da igual al presidente del Gobierno.
Ante la crisis, otro hubiera creado de inmediato un mando único y enviado a Ceuta a cuantos sanitarios, militares, policías y demás funcionarios hiciesen falta. Hombro con hombro junto al veterano presidente de la ciudad autónoma, se hubiera puesto al frente de todos ellos. Y se hubiera reunido con sus íntegros y probos socios europeos.
Esta es la última rentrée que preside Sánchez.
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