Comprender cómo se cierra ese circuito eléctrico es fundamental para entender la naturaleza de las auroras. El desafío radica en observar las múltiples trayectorias posibles de la corriente de retorno, algo extremadamente difícil de medir directamente. Por ello, la misión Geophysical Non-Equilibrium Ionospheric System Science (GNEISS) fue diseñada con el objetivo de reconstruir en tres dimensiones el entorno eléctrico bajo una aurora activa. “Es básicamente como hacer una tomografía computarizada del plasma debajo de la aurora”, dijo Kristina Lynch, investigadora principal de GNEISS.
“No solo nos interesa la trayectoria del cohete, queremos saber cómo se propaga la corriente de forma descendente a través de la atmósfera”, añadió Lynch, también profesora del Dartmouth College en New Hampshire, en una publicación de la NASA.
El 10 de febrero, los dos cohetes de sondeo que conforman la misión GNEISS se lanzaron simultáneamente desde Alaska a través de la misma aurora boreal, pero siguiendo trayectorias ligeramente distintas, como si realizaran “cortes” diferentes de un mismo objeto. Una vez que alcanzaron altitudes superiores a los 300 kilómetros, cada cohete liberó varios subcargamentos de instrumentos científicos que miden condiciones en puntos específicos. Mientras sobrevuelan la región, envían señales de radio que atraviesan el plasma auroral y son captadas por receptores en tierra. Las alteraciones sufridas por esas ondas permiten inferir la densidad del plasma y, por tanto, las rutas por donde puede circular la electricidad.
Al combinar las mediciones in situ de GNEISS con las observaciones registradas por otros instrumentos terrestres, Lynch espera que por fin sea posible “aprender a leer la aurora”.
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ArrowEl enigma de las auroras negras
Durante la misma ventana de lanzamiento se dio otra misión, esta enfocada en las llamadas “auroras negras”, regiones oscuras dentro del resplandor donde se sospecha que las corrientes eléctricas cambian repentinamente de dirección. El 9 de febrero, un día antes de GNEISS, tuvo su lanzamiento exitoso la misión Black and Diffuse Auroral Science Surveyor (BaDASS, y no es broma, esas son sus siglas en inglés), alcanzando una altitud de 360 kilómetros.
Hasta ahora la NASA ha informado que ambas misiones han devuelto datos científicos de alta calidad, confirmando el funcionamiento esperado de los instrumentos y estaciones de seguimiento.