Spoiler: por nuestro cuerpo pasa, acumula y procesa mucho más de lo que pensábamos
Sin comentariosFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-02-01T14:30:57ZEva R. de Luis
Editor SeniorEva R. de Luis
Editor Senior Linkedintwitter3474 publicaciones de Eva R. de LuisEn esos macarrones de trigo que hay en tu cesta de la compra, en el bote de lentejas o hasta en la cerveza puede haber residuos de glifosato, el que probablemente sea el herbicida más utilizado en el planeta. Y es que las malas hierbas son algo habitual en la agricultura y este químico tiene una alta efectividad. No obstante, puedes minimizar su presencia esquivando cereales ultraprocesados, apostando por producto local de la UE o mejor aún, comprando eco.
Estábamos mirando mal. Sabemos que el glifosato está presente en el medio ambiente y la Unión Europea regula los límites máximos de residuos, pero la realidad es que siempre ha habido dificultad para medir con precisión cuánto llega hasta nuestro organismo. Porque hasta ahora, casi siempre buscábamos en la orina. Este estudio internacional publicado en Science Direct ha cambiado el foco a las heces y aquí la cosa cambia.
Las heces son la caja negra. Porque esta investigación ha desvelado que las heces son una caja negra para el análisis del glifosato en humanos mucho más precisa que la orina y desvelan una alarmante realidad: la exposición al glifosato es mucho más alta de lo que las estadísticas oficiales dicen. Las pruebas con orina eran solo la punta del iceberg.
La razón de ser está en cómo nuestro cuerpo lo absorbe y rechaza: el glifosato se expulsa por las heces por su baja tasa de absorción intestinal. Como no puede atravesar la pared del intestino para llegar a la sangre (de allí iría a los riñones), se queda atrapado allí y acaba expulsado por las heces. En un periodo de 24 horas, el 90% sale por las heces y solo una pequeña cantidad llega a la orina (entre 0.5% y 6% en humanos).
Por qué es importante. Porque el estándar internacional para monitorizar el glifosato es la orina, lo que implica una inframedición y por tanto, una subestimación del riesgo. Además, este hallazgo afecta no solo a personas directamente relacionadas con la agricultura, basta con consumir productos habituales presentes en la dieta.
Y no solo afecta a humanos: el estudio también evidencia su presencia en animales de granja, gatos domésticos y hasta murciélagos, lo que significa que el herbicida se está moviendo por toda la cadena alimentaria. En definitiva: el estudio obliga a que nos replanteemos cómo vigilamos la presencia de químicos a la hora de salvaguardar la salud pública y el ecosistema.
En XatakaLa Unión Europea ha ido a la guerra contra los agricultores por el uso de pesticidas. Y la ha perdidoModus operandi. Este estudio plantea el uso de heces como matriz alternativa y potencialmente mejor que la orina para el glifosato y su metabolito AMPA (hasta ahora, lo habitual). Para ello, analizaron 716 muestras fecales humanas y 249 animales de 11 países (10 europeos y Argentina) tomadas en 2021. El equipo de investigación empleó una técnica avanzada de química analítica llamada cromatografía de interacción hidrofílica acoplada a espectrometría de masas en tándem (HILIC-MS/MS).
Así, el glifosato se detectó en el 71% de las muestras europeas y en el 100% de las argentinas y son mucho más altas que las presentes en las muestras de orina para los mismos individuos, del 35% y 86% respectivamente. Vieron glifosato en agricultores convencionales y eco, vecinos de las zonas agrícolas y consumidores generales.
Una conclusión biológica alarmante. Si hay algo que queda claro del estudio es que si el 90% del glifosato está en las heces y no en la orina implica que este químico pasa mucho más tiempo en contacto directo con el sistema digestivo del que pensábamos. Y por tanto, que los límites de seguridad actuales probablemente estén basados en datos incompletos e infradimensionados, lo que subestima el riesgo real para la salud.
No es solo la toxicidad en sí (que es baja), sino también el efecto acumulativo sobre la microbiota y los daños celulares a largo plazo. Y es que el glifosato puede actuar como antibiótico selectivo que altere la microbiota intestinal matando bacterias beneficiosas y permitiendo la proliferación de aquellas patógenas, está catalogado como probablemente carcinogénico para los humanos, puede actuar como disruptor endocrino a nuestro sistema hormonal o inducir al estrés oxidativo.
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