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La prima de confianza de Apple en la era de la IA

La prima de confianza de Apple en la era de la IA
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Los mercados ya mostraban señales de inquietud incluso antes de la reciente espiral de inquietud sobre el riesgo existencial. Leer
Financial TimesLa prima de confianza de Apple en la era de la IA
  • ROBERT ARMSTRONG
Actualizado 17 SEP. 2026 - 10:26El primer iPhone plegable de Apple tendrá un precio de 2.000 dólares para el modelo básico.EXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Los mercados ya mostraban señales de inquietud incluso antes de la reciente espiral de inquietud sobre el riesgo existencial.

El nuevo iPhone de pantalla plegable le costará 1.999 dólares en su modelo básico, un terreno inédito para un teléfono de Apple. Sin embargo, las acciones de Apple están aún más caras. Al cotizar a 36 veces los beneficios previstos para el próximo año, su múltiplo de valoración es más alto de lo que ha sido desde los inicios del iPhone, cuando la compañía crecía a un ritmo vertiginoso.

Este verano, Apple ha registrado una prima de valoración importante y sostenida frente a Microsoft (25), Alphabet (26), Amazon (27), Nvidia (18) y Meta (21). Entre los "Siete Magníficos", solo Tesla presenta una relación precio-beneficio más elevada, aunque ello se debe a que dicha cifra está inflada por sus bajos beneficios.

Apple nunca se acercó al primer puesto de la tabla de valoraciones, ni siquiera brevemente, antes de finales del año pasado. Durante años, su múltiplo se vio lastrado por el temor a que su dominio en el mercado de la telefonía resultara efímero, tal como ocurrió con Nokia y BlackBerry. Además, su tasa de crecimiento era lenta para los estándares de las grandes tecnológicas. Este último punto sigue vigente: el mercado espera que los beneficios de Apple crezcan a un ritmo de un dígito alto en los próximos años, una velocidad inferior a la de sus grandes competidores. La empresa también se enfrenta a nuevos desafíos, en concreto la inflación de los costes de los insumos y la ralentización del crecimiento de su división de servicios. Y, sin embargo, su valoración sigue distanciándose al alza. ¿Por qué?

Explicar el comportamiento de los mercados bursátiles es más un arte que una ciencia, pero cabe aventurar una hipótesis fundamentada: la valoración de Apple refleja el deseo de los inversores de poseer acciones tecnológicas que no supongan una apuesta concentrada en la IA. En opinión de David Vogt, de UBS, "Apple tiende a comportarse de forma contracíclica en lo que respecta al apetito por el riesgo". Hace uno o dos años, cuando el entusiasmo por la IA estaba en su apogeo, no existía tal prima para Apple. "Lo que ha cambiado es la percepción de que invertir miles de millones en gastos de capital para apoyar a los desarrolladores de modelos de IA podría no ser la mejor inversión". Apple, en cierto modo, se mantiene al margen de la batalla de inversiones en IA.

Así pues, incluso antes de la reciente oleada de inquietud sobre el riesgo existencial que plantean los modelos de IA de frontera con capacidad de automejora, los mercados ya mostraban incomodidad con la apuesta por la IA al otorgar a Apple una prima de valoración. Que los máximos responsables de empresas de IA reconozcan la posibilidad de perder el control de su propia tecnología —justo cuando se preparan para salir a bolsa— no tranquilizará a nadie.

Sin embargo, el valor añadido de Apple —ese sobreprecio que los consumidores están dispuestos a pagar— va más allá de la ausencia de riesgos asociados a la IA en un mercado saturado de ella; Apple vende confianza en un mundo cada vez más falto de ella.

La privacidad es un pilar fundamental del discurso comercial de Apple. Su anterior CEO, Tim Cook, rara vez realizaba una presentación pública sin insistir en la promesa de la compañía de mantener a salvo los datos de los clientes, incluso frente a la propia Apple. Su sucesor, John Ternus, mantuvo esta misma estrategia durante el lanzamiento del nuevo teléfono. Apple Intelligence—la herramienta de IA que la empresa está integrando en sus dispositivos— funciona localmente siempre que es posible y utiliza una "nube privada" cifrada cuando se necesita mayor potencia de cálculo. Otras empresas, en cambio, "ven [tus] datos como algo que recopilar".

La estrategia ha funcionado de maravilla para mantener la lealtad de los clientes de Apple; los usuarios de iPhone casi nunca se pasan a otras marcas. Y la confianza es precisamente lo que les falta ahora a las empresas de IA, y lo que deberán establecer si quieren estar a la altura de las vertiginosas expectativas de Wall Street.

La confianza se construye sobre la responsabilidad, pero las empresas de IA —desde hiperescaladores como Google hasta desarrolladores de modelos como OpenAI y Anthropic— no han querido ni han podido asumir esa responsabilidad. Apple, en la era de internet, prometió que nuestros datos estarán seguros.

Las empresas de IA ni siquiera pueden garantizar que su producto no se vuelva incontrolable y cause daños. En cambio, se han centrado en lo que otros —el sector en su conjunto, supervisores externos o el gobierno— deben hacer para asegurar que su tecnología permanezca bajo control. La carta de Dario Amodei, CEO de Anthropic, en la que pedía una pausa en el sector, debe interpretarse más bien como un intento de compartir la responsabilidad sobre la seguridad de los productos de su empresa, en lugar de asumirla plenamente. Hasta que él y su compañía no empiecen a adquirir compromisos firmes, tal como hizo Apple con la privacidad, la confianza seguirá siendo inalcanzable.

Esto no significa que el valor diferencial de Apple esté garantizado en la era de la IA. La empresa quiere que sus dispositivos sean la mejor plataforma para los servicios de IA. Para conseguirlo sin invertir cientos de miles de millones en su propia infraestructura de IA, sus modelos fundacionales se ejecutarán sobre la infraestructura de Google. Queda por ver si esta colaboración —y la consiguiente pérdida de control total— logrará ofrecer una experiencia excelente respetando al mismo tiempo la promesa de privacidad.

A menudo se suele describir a Apple como un "jardín vallado" donde la experiencia del usuario se cultiva con esmero. Pero a la IA no le gustan los muros. Por tanto, aunque las empresas de IA deberían fijarse en el modelo de generación de confianza de Apple, el propio modelo de Apple también tendrá que cambiar.

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Fuente original: Leer en Expansión
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