- TOM BURNS MARAÑÓN
La política identitaria, experta en el manejo de posverdades, se lleva todo por delante en un mundo globalizado de fuertes flujos migratorios.
Los políticos que quieren echar a Pedro Sánchez y asociados al cubo de la basura que la historia reserva para los felones creen que han dado con la varita mágica para lograrlo. Para ocupar el banco azul del Congreso de los Diputados ha bastado con meter "el principio de prioridad nacional" en la conversación de quienes se encuentran en el bar de la esquina a la hora del aperitivo.
Los sanchistas creen que el Partido Popular se ha metido varios goles en propia puerta y que el hoy por hoy mayor partido en la asamblea de la soberanía nacional se ha situado en el lado incorrectísimo de la historia. Está fuera de juego. Los antisanchistas creen todo lo contrario. Mas que nunca son la mayoría social.
Desde hace nada los parroquianos de la tertulia diaria iban de quejicas y de víctimas. Que si a uno le habían dado una cita para un escaneo médico dentro de seis meses porque la Seguridad Social ponía a los "moros" en la cabeza de la cola. Que si una familia recién llegada de "ahí abajo" le había birlado la vivienda protegida que un sobrino necesitado había pedido hace años. Que si en la escuela del nieto enseñaban árabe y cultura marroquí.
Pero de repente y desde hace unos días ya no hay lloriqueo y enfado en este fraterno encuentro de una gente trabajadora, normal y corriente cuyo enraizamiento con la vecindad es "real, duradero y verificable". Ahora todos hablan del "principio" y brindan por el Partido Popular y por Vox que han introducido la "prioridad nacional" como frase talismán en sus acuerdos para gobernar conjuntamente Aragón y Extremadura durante los próximos cuatro años.
Creen que con esta varita mágica se asegura la victoria holgada del antisanchismo en las elecciones generales del próximo año. Félix Tezanos podrá cocinar lo que quiera en los fogones del Centro de Investigaciones Sociológicas pero si hay un triunfador reclamo electoral es este del bastoncillo transformador.
Están convencidos de que la "prioridad nacional" moviliza incluso a quienes jamás votarían a la derecha, a los partidos de los ricos. Dicen que abandonarán a la izquierda que regulariza masivamente a los "sin papeles" porque ellos, los "arraigados" en esta piel de toro, se han quedado atrás y están al borde de la marginación.
En tiempos turbulentos el forastero siempre ha sido el chivo expiatorio que cazan y capturan sociedades desencantadas y polarizadas. La política identitaria, experta en el manejo de posverdades, se lleva todo por delante en un mundo globalizado y de fuertes flujos migratorios que muestra profundas brechas sociales tanto en los países prósperos como en los pobres.
Que se lo pregunten a Marine Le Pen, que dice "los franceses primero" y encabeza la intención de voto en el país vecino. O a Alice Weidel, que dice "Alemania para los alemanes" y que, gracias a ello, ha conseguido que Alternativa por Alemania, el insurgente partido que codirige, suba como la espuma en las encuestas. O a Giorgia Meloni, que manda en Italia porque dice cosas parecidas y habla de "Dios, patria y familia".
Lo interesante de esta coyuntura en España es que este "principio de prioridad nacional" que los partidos rivales de la derecha han sacado de la chistera para ponerse de acuerdo es igualmente celebrado por Sánchez y el sanchismo. Aparentemente la maquinaria de La Moncloa, y la de Ferraz que va a su zaga, piensan que el pacto del Partido Popular y Vox solamente le beneficia a Sánchez.
El gobierno ha demonizado a Vox desde que comenzó la escalada que le convirtió en el tercer partido en el Congreso y se ha pasado el tiempo denunciando al Partido Popular por no hacer lo mismo. El relato era que Vox y el Partido Popular eran las dos caras de la misma moneda y el tiempo se ha encargado de demostrar la veracidad del cuento.
Ya puede estar encantado Sánchez con los acuerdos en Aragón y en Extremadura y con la bendición que han recibido desde las alturas de la sede del Partido Popular en Madrid. ¿Qué más necesitaba el presidente del Gobierno para delatar al partido que dirige Alberto Núñez Feijóo como el carpetovetónico impulsor de la xenofobia y el odio?
Hasta antes de ayer la acusación hacía mella en la dirección del partido de centro derecha, aunque no necesariamente en sus votantes, y los portavoces del Partido Popular se apresuraban una y otra vez en marcar distancias con Vox. Ahora han dado un giro de ciento ochenta grados.
Puede que se equivoquen los estrategas de la izquierda. Ante la evidencia de la derechización de la política europea, el acuerdo de "Españoles primero" debería inquietarles. Y que se preocuparían más con solo bajar a la "calle" y escuchar a los del aperitivo en el bar de la esquina.
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