La Tribuna
La realidad y el olvido Regala esta noticia Añádenos en GoogleLuis Utrilla Navarro
Presidente provincial Cruz Roja
05/09/2026 a las 02:00h.Hasta bien entrado el siglo XIX, la pintura era el ámbito de divulgación preferente de las sociedades contemporáneas. Los cuadros, dedicados principalmente a temáticas religiosas, ... de gloriosas batallas o bien a la representación de los reyes y la nobleza, narraban en sus lienzos la vida social del momento. Incluso los pocos pintores paisajistas evocaban en sus cuadros hechos de naturaleza festiva y mundana.
El desarrollo del fotoperiodismo y sobre todo de la televisión, ya en el siglo XX, vivieron un tránsito similar a la pintura, transmutándose de una temática lúdica y festiva al reflejo de la realidad cotidiana. La incorporación al relato informativo de la crueldad de la guerra, de la crudeza de los desastres naturales o las miserias de las crisis económicas, permitieron captar la atención de los lectores y telespectadores y trasladarles una realidad en la mayoría de los casos lejana a sus quehaceres cotidianos. El cine, desde sus orígenes se sumó a este mismo discurso, y la temática catastrofista, bélica o distópica, han ido llenado, y llenan, las carteleras y las plataformas cinematográficas de este siglo XXI.
Cuando los focos se apagan, es difícil atender a oscuras las realidades de las personas que sufren
Es precisamente esta proliferación de discursos narrativos en todos los medios de comunicación, y especialmente en las redes sociales, la que está generando una mezcolanza, no siempre bien intencionada, de informaciones ficticias y reales, que en ocasiones confunden nuestros sentimientos. La trivialidad de muchas de estas informaciones, impulsadas en muchas ocasiones por la publicidad, nos invitan a pasar de unos acontecimientos a otros considerándolos como meros elementos de usar y tirar.
Y así, cuando el relato informativo versa sobre la dura realidad de la naturaleza como la DANA de Valencia o el terremoto de Venezuela, el discurso narrativo se ve también inmerso, o incluso sustituido a un ritmo vertiginoso, por nuevos acontecimientos deportivos, sociales o políticos, generando una amalgama de realidades divergentes, que pasan de unos a otros, de lo importante a lo banal, sin solución de continuidad. Sin tiempo, ni a veces ganas, para meditar y reflexionar sobre aquello que es fundamental. Es por ello que resulta especialmente doloroso el tránsito del espectáculo mediático a la hora de abordar la realidad humana de los incendios, inundaciones, terremotos, conflictos migratorios o bélicos.
Son éstas, situaciones en las que la presencia de una adecuada atención mediática es capaz de generar una oportuna respuesta humanitaria, pero que pronto se ve relegada a un segundo plano por otros acontecimientos. Y así, cuando los focos se apagan, es difícil atender a oscuras las realidades de las personas que sufren, de cubrir sus necesidades básicas, o lo que es más importante, es muy difícil ayudarles a recuperar el ánimo para afrontar un futuro que se les presenta sombrío.
Pero es también en esos momentos de oscuridad mediática cuando desde Cruz Roja y otras muchas organizaciones humanitarias, seguimos del lado de aquellos que más nos necesitan. Y así, hoy, dos años después de la DANA, seguimos en Valencia; seguimos en Gaza, después de meses de conflicto, repartiendo alimentos y medicamentos; seguimos con los vecinos de los pueblos incendiados, facilitando enseres básicos; y seguimos en Venezuela, tres meses después del seísmo, recuperando cuerpos y dando cobijo y ayuda básica. En este caso incluso aportando el conocimiento y el buen hacer de una voluntaria malagueña incorporada a la dirección de los equipos de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en el país caribeño.
Tenemos que ser conscientes de que cuando la dura y triste realidad deja de ser un espectáculo mediático, es más necesaria que nunca la ayuda humanitaria que alivie el sufrimiento humano. Y es en esos momentos cuando las instituciones humanitarias desarrollan un papel fundamental en hacer llegar la ayuda a quienes más la necesitan. Ponderando y segregando lo urgente de lo importante. Evitando que quienes más lo necesitan caigan en el olvido. Recordando a la sociedad la necesidad de su apoyo para personas que sufren a miles de kilómetros de nuestro hogar. Recordando que el terremoto de Colombia no suplanta las necesidades del terremoto de Venezuela; ni el conflicto de Gaza sustituye a la tragedia de la guerra de Ucrania; como tampoco la crisis generada por el incendio de Huelva sustituye al de Guadalajara, un conjunto de catástrofes forestales y sociales para las que, dicho sea de paso, Cruz Roja ha establecido casi un centenar de albergues en los que ha atendido a unas 5.000 personas, desde que las llamas del primer incendio del verano iniciaron su devastadora progresión.
Soy consciente, querido lector, que en el mundo mediático de esta tercera década del siglo XXI no es fácil, ni para usted ni para mí, mantener el pulso humanitario ante cuantas necesidades afloran cada día ante nuestros ojos. Pero creo que debe formar parte de nuestro compromiso ético evitar que la vorágine de la rueda informativa haga caer el sufrimiento humano en el olvido.
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