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La selección nacional del cine francés, o 'les bleus' del séptimo arte

La selección nacional del cine francés, o 'les bleus' del séptimo arte
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La presencia protagonista en este número del escritor francés Pascal Quignard , cuya relación con el cine no es precisamente agotadora, pero sí importante (hizo el guion de su obra 'Todas las mañanas del mundo' y Alain Corneau firmó una película muy estimable con Gérard Depardieu y su hijo Guillaume y con una maravillosa música de Jordi Savall), nos sirve como excusa para entrar en la inmensidad de la cinematografía francesa y buscar en ella al equipo ideal , a lo que se podría considerar su selección nacional, es decir, 'les bleus' no del fútbol sino del cine.Siempre se ha alabado de Francia la variedad de sus quesos y la calidad de sus vinos, y también la variedad y calidad de su cinematografía . Allí nació el invento (Lumière) y allí se desarrollaron pronto sus posibilidades mágicas y artísticas (Méliès); el cine francés ha buscado lenguaje, reflexión, estilo, poesía, innovación y mirada propia, y se cuentan por cientos sus grandes nombres y grandes películas. Hacer un 'once titular' es, además de absurdo, una misión sin otro propósito que el de pasar el rato. Vamos.El capitán y cancerbero de ese equipo sería sin duda Jean Renoir, al que se le reconocen dos obras maestras, 'La gran ilusión' y 'La regla del juego' , pero que en realidad tiene muchas más (alguna hecha en los Estados Unidos, como 'Esta tierra es mía'), aunque por aquí coincidiremos con Martin Scorsese en que ninguna de ellas es tan buena y hermosa como 'El río', en la que Renoir se encuentra con la India y el color y ambos fluyen en una mezcla de tiempo, agua y sentimientos.Luego vendría una línea defensiva de confianza, fuerte, rocosa y segura que estaría compuesta por cuatro directores difíciles de batir, Jacques Becker, Clouzot, Melville y Marcel Carné . Becker comenzó como ayudante de dirección de Renoir, y tiene firmadas muchas películas buenas, como 'París, bajos fondos' o 'Los amantes de Montparnasse', pero sobre todo hizo una imborrable, quizá la mejor de la historia del cine francés, 'Le trou' (La evasión) tan elocuente sobre el ser humano y tan precisa en su ecuación del espacio y el tiempo. De Clouzot hay que poner aquí 'Las diabólicas' y 'El salario del miedo', pura nitroglicerina. Y de Melville, ya saben las dos con Alain Delon , 'Le samourai' (El silencio de un hombre) y 'Círculo rojo', que le dieron otra temperatura y frescor al cine negro, hasta llamarlo 'polar'. Y Marcel Carné , tan olvidado como inolvidable, y autor de una obra de pódium en la historia del cine francés, o mundial, 'Les enfants du paradis', un drama mágico y poético.Tres nombres en ese territorio de la medular y el 'tiki-taka' algo repetitivo y cansino: Bresson, Rohmer y ResnaisPara la línea media, donde son tan apreciadas cualidades como la lentitud, la precisión y el juego reflexivo y, si es preciso, aburrido, hay tres nombres de solvencia incontestable en ese territorio de la medular, de la creación y el 'tiki-taka' algo repetitivo y cansino: Robert Bresson, Eric Rohmer y Alain Resnais . Robert Bresson es un universo en sí mismo, un maestro de la sencillez y el rigor, sin adornos ni espectáculo en su juego, y dentro de su corta filmografía se le suele valorar mucho 'Pickpocket' y 'Un condenado a muerte se ha escapado', aunque a este lado del folio vamos a proponer otros dos títulos como los preferidos, 'Mouchette' y especialmente 'Cuatro noches de un soñador', su adaptación seca y pasional de 'Las noches blancas' de Dostoievski .Bresson es el cerebro de la medular y está acompañado por dos huesos duros de roer, el infranqueable Alain Resnais y sus dos primeras obras, 'Hiroshima mon amour' y 'El año pasado en Marienbad'; la primera, con guion de Marguerite Duras , es una reflexión sobre el tiempo, el amor y el pálpito poético, y la segunda, basada de lejos en 'La invención de Morel', de Bioy Casares, es una reflexión sobre el pálpito poético, el amor y el tiempo. En cuanto al otro director, centrocampista puro, Eric Rohmer, tiene una honda preocupación por todo el equipo, por sus situaciones personales y morales, y suele aderezar su juego con una notable cantidad de diálogo y expresiones verbales. Tiene películas de todos los colores y estaciones del año, y por poner algunas con bonito título señalamos 'La rodilla de Clara', 'Mi noche con Maud', 'El rayo verde' o 'Las noches de la luna llena'.Jacques Tati, puro balón de oroEn la zona de ataque, donde se crean espacios y se marcan goles, tenemos para el ala izquierda a Jean-Luc Godard , siempre crítico con el contrario y también con su propio equipo, y muy peligroso de arrancada; se estrenó con 'À bout de souffle', y fue en cierto modo el final de su escapada; más vencido hacia el ala derecha está François Truffaut , brillante, rápido y hasta a veces divertido. Hizo películas buenas y muy buenas hasta el final (temprano) de su vida, pero señalamos la primera, 'Los cuatrocientos golpes'. Y para el centro de la delantera, un cineasta irrepetible, Jacques Tati, puro balón de oro del cine, y todos y cada uno de sus títulos son dignos de repetición, de moviola, y tienen gracia eterna. 'Las vacaciones de M. Hulot' , 'Mi tío', 'Día de fiesta', 'Trafic'…Y una selección nacional tiene lógicamente un banquillo, y directores ahí a los que se les pueda decir: 'calienta, que sales'. El primero es Jean Vigo, que solo consiguió hacer un largo antes de morir, 'L'Atalante', una maravilla del año 34 del siglo pasado y de cualquier siglo. Y los demás, no son reservas, sino que tienen problemas de pasaporte : el primero, el alemán Max Ophüls, cuyas cuatro últimas películas, muy francesas, son piezas de museo, 'La ronda', 'El placer', 'Madame de…' y 'Lola Montes'. Y luego, los dos polacos, Roman Polanski , un goleador nato y experto en escabullirse, y Krzysztof Kieslowski , con sus últimos cuatro títulos tan franceses, 'La doble vida de Verónica' y los 'Tres colores: Azul, Blanco y Rojo'.

La presencia protagonista en este número del escritor francés Pascal Quignard, cuya relación con el cine no es precisamente agotadora, pero sí importante (hizo el guion de su obra 'Todas las mañanas del mundo' y Alain Corneau firmó una película muy estimable ... con Gérard Depardieu y su hijo Guillaume y con una maravillosa música de Jordi Savall), nos sirve como excusa para entrar en la inmensidad de la cinematografía francesa y buscar en ella al equipo ideal, a lo que se podría considerar su selección nacional, es decir, 'les bleus' no del fútbol sino del cine.

Siempre se ha alabado de Francia la variedad de sus quesos y la calidad de sus vinos, y también la variedad y calidad de su cinematografía. Allí nació el invento (Lumière) y allí se desarrollaron pronto sus posibilidades mágicas y artísticas (Méliès); el cine francés ha buscado lenguaje, reflexión, estilo, poesía, innovación y mirada propia, y se cuentan por cientos sus grandes nombres y grandes películas.

Hacer un 'once titular' es, además de absurdo, una misión sin otro propósito que el de pasar el rato. Vamos.

Pascal Quignard, tesoros y sombras errantes

El capitán y cancerbero de ese equipo sería sin duda Jean Renoir, al que se le reconocen dos obras maestras, 'La gran ilusión' y 'La regla del juego', pero que en realidad tiene muchas más (alguna hecha en los Estados Unidos, como 'Esta tierra es mía'), aunque por aquí coincidiremos con Martin Scorsese en que ninguna de ellas es tan buena y hermosa como 'El río', en la que Renoir se encuentra con la India y el color y ambos fluyen en una mezcla de tiempo, agua y sentimientos.

Luego vendría una línea defensiva de confianza, fuerte, rocosa y segura que estaría compuesta por cuatro directores difíciles de batir, Jacques Becker, Clouzot, Melville y Marcel Carné. Becker comenzó como ayudante de dirección de Renoir, y tiene firmadas muchas películas buenas, como 'París, bajos fondos' o 'Los amantes de Montparnasse', pero sobre todo hizo una imborrable, quizá la mejor de la historia del cine francés, 'Le trou' (La evasión) tan elocuente sobre el ser humano y tan precisa en su ecuación del espacio y el tiempo.

De Clouzot hay que poner aquí 'Las diabólicas' y 'El salario del miedo', pura nitroglicerina. Y de Melville, ya saben las dos con Alain Delon, 'Le samourai' (El silencio de un hombre) y 'Círculo rojo', que le dieron otra temperatura y frescor al cine negro, hasta llamarlo 'polar'. Y Marcel Carné, tan olvidado como inolvidable, y autor de una obra de pódium en la historia del cine francés, o mundial, 'Les enfants du paradis', un drama mágico y poético.

Tres nombres en ese territorio de la medular y el 'tiki-taka' algo repetitivo y cansino: Bresson, Rohmer y Resnais

Para la línea media, donde son tan apreciadas cualidades como la lentitud, la precisión y el juego reflexivo y, si es preciso, aburrido, hay tres nombres de solvencia incontestable en ese territorio de la medular, de la creación y el 'tiki-taka' algo repetitivo y cansino: Robert Bresson, Eric Rohmer y Alain Resnais. Robert Bresson es un universo en sí mismo, un maestro de la sencillez y el rigor, sin adornos ni espectáculo en su juego, y dentro de su corta filmografía se le suele valorar mucho 'Pickpocket' y 'Un condenado a muerte se ha escapado', aunque a este lado del folio vamos a proponer otros dos títulos como los preferidos, 'Mouchette' y especialmente 'Cuatro noches de un soñador', su adaptación seca y pasional de 'Las noches blancas' de Dostoievski.

Bresson es el cerebro de la medular y está acompañado por dos huesos duros de roer, el infranqueable Alain Resnais y sus dos primeras obras, 'Hiroshima mon amour' y 'El año pasado en Marienbad'; la primera, con guion de Marguerite Duras, es una reflexión sobre el tiempo, el amor y el pálpito poético, y la segunda, basada de lejos en 'La invención de Morel', de Bioy Casares, es una reflexión sobre el pálpito poético, el amor y el tiempo. En cuanto al otro director, centrocampista puro, Eric Rohmer, tiene una honda preocupación por todo el equipo, por sus situaciones personales y morales, y suele aderezar su juego con una notable cantidad de diálogo y expresiones verbales. Tiene películas de todos los colores y estaciones del año, y por poner algunas con bonito título señalamos 'La rodilla de Clara', 'Mi noche con Maud', 'El rayo verde' o 'Las noches de la luna llena'.

En la zona de ataque, donde se crean espacios y se marcan goles, tenemos para el ala izquierda a Jean-Luc Godard, siempre crítico con el contrario y también con su propio equipo, y muy peligroso de arrancada; se estrenó con 'À bout de souffle', y fue en cierto modo el final de su escapada; más vencido hacia el ala derecha está François Truffaut, brillante, rápido y hasta a veces divertido. Hizo películas buenas y muy buenas hasta el final (temprano) de su vida, pero señalamos la primera, 'Los cuatrocientos golpes'. Y para el centro de la delantera, un cineasta irrepetible, Jacques Tati, puro balón de oro del cine, y todos y cada uno de sus títulos son dignos de repetición, de moviola, y tienen gracia eterna. 'Las vacaciones de M. Hulot', 'Mi tío', 'Día de fiesta', 'Trafic'…

Y una selección nacional tiene lógicamente un banquillo, y directores ahí a los que se les pueda decir: 'calienta, que sales'. El primero es Jean Vigo, que solo consiguió hacer un largo antes de morir, 'L'Atalante', una maravilla del año 34 del siglo pasado y de cualquier siglo. Y los demás, no son reservas, sino que tienen problemas de pasaporte: el primero, el alemán Max Ophüls, cuyas cuatro últimas películas, muy francesas, son piezas de museo, 'La ronda', 'El placer', 'Madame de…' y 'Lola Montes'. Y luego, los dos polacos, Roman Polanski, un goleador nato y experto en escabullirse, y Krzysztof Kieslowski, con sus últimos cuatro títulos tan franceses, 'La doble vida de Verónica' y los 'Tres colores: Azul, Blanco y Rojo'.

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La selección nacional del cine francés, o 'les bleus' del séptimo arte

Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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