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Martín Abregú, vicepresidente de los Programas Internacionales de la Fundación Ford. Jordi Alemany «La ultraderecha no es nueva, siempre ha existido, pero ahora está más aceptada»«Tenemos que volver a generar esa sensación de que todos estamos en el mismo barco» para combatir la polarización, aconseja el vicepresidente de Programas Internacionales de la Fundación Ford
Domingo, 1 de febrero 2026, 22:19
... para toda Argentina. Crecer bajo la sombra de la violación sistemática de los derechos humanos lo marcó para siempre y estudiar Derecho fue «lo natural» porque «las leyes son una herramienta poderosa para el cambio».-¿Cómo se vela por los derechos humanos en un mundo que se está armando hasta los dientes y se prepara para la guerra?
-Con proactividad. El mensaje debe construir, consolidar y generar avances. Hay que denunciar a quienes los violan, pero también hay que demostrar a la gente que los derechos humanos son la respuesta a sus necesidades. A largo plazo, son el beneficio de todos y esto es lo que ahora se pone encuestión. Hoy en día, nuestra mayor labor es convencer a la gente de que son imprescindibles.
El consenso universal sobre los derechos humanos junto con un orden global fue lo que ha posibilitado muchos avances en los últimos 40 años. Hoy no tenemos ni el consenso ni una geopolítica en la que son el centro de la conversación, ahora protegerlos es más necesario que nunca. Debemos volver a cómo se luchó en los años 60 y 70, cuando tampoco tenían estos dos elementos. Ya no se trata de definir lo que está bien y lo que está mal.
- ¿Actualmente la lucha reside en mantenerlos más que en por conseguir nuevos avances?
- Ahora tenemos que hacer tres cosas a la vez: defender los logros para no retroceder; escuchar las necesidades de la gente y seguir trabajando por construir; y repensar el futuro de los derechos humanos porque ya no van a ser lo mismo. Esta situación no es algo que va a pasar y vamos a volver a lo que teníamos antes. Hay una nueva realidad y para responder a las nuevas demandas la estructura va a ser muy diferente.
- El orden mundial cambia prácticamente cada día.
- Nos hemos quedado sin una estructura de gobernanza global y eso da muchísimo miedo, pero también es cierto que el sistema anterior ya no estaba dando las respuestas que necesitábamos.
- Para reedificar esa gobernanza se necesita voluntad.
- La voluntad está pero no necesariamente en los mismos lugares. Hay que pensar quiénes son los nuevos actores, porque reimaginar ese gobierno internacional no va a pasar ni por las estructuras anteriores ni por los personajes habituales.
- ¿Dónde estará?
- En organizaciones subnacionales o acuerdos de otro tipo. Probablemente, en el corto plazo, sea más descentralizada. Todos sabíamos que este proceso iba a ocurrir, pero se ha dado con unos niveles de aceleración que nos ha pillado con la guardia baja. El deterioro de los derechos humanos avanza más rápido de lo que pensábamos.
- ¿Cómo se lucha por la democracia cuando la ultraderecha está en los Gobiernos de todo el mundo?
- Estas posiciones no son nuevas, siempre han existido, pero ahora están más aceptadas. Esto se debe a que las preocupaciones de una parte importante de la población no están siendo escuchadas por la política tradicional y esto ha generado una fuga de apoyo a posiciones más extremas. Hay que contestar a esas mismas demandas desde una perspectiva más progresista.
No se trata solo de resistir, sino de reimaginar. Crear una nueva carta de derechos humanos es un riesgo demasiado alto, pero sí me parece que tenemos que pensar un nuevo concepto de derechos humanos que responda mejor a esta nueva realidad.
- ¿Por ejemplo?
- Muchos piensan que los derechos humanos son una cosa y otros no los entienden de la misma manera. La necesidad de articularse con nuevos actores es fundamental. Además, hay que demostrar a la gente en su día a día que una sociedad que respeta los derechos humanos es, a el largo plazo, el beneficio de todos.
- Muchos jóvenes son nostálgicos de épocas que no han vivido. En España, de la dictadura franquista.
- Más que un trabajo de memoria histórica, hay que hacer una labor de escucha, y entender dónde surge su descontento. Pueden estar equivocados en cuanto a la solución que proponen (las dictaduras), pero el diagnóstico del problema es claro e inequívoco. Hay que escucharles, no rebatirles. Hay que involucrarse en la conversación y generar espacios que les permitan poner sobre la mesas sus necesidades al mismo tiempo que se les posibilita estar mejor informados. Mucha gente está tentada de decir a los jóvenes que no pueden pensar eso porque no vivieron la dictadura, pero también hay que tener en cuenta que nosotros nunca hemos vivido lo que viven ellos.
Frente a situaciones de alta polarización, la solución a largo plazo no es que uno de los sectores gane al otro, sino que hay que crear un nuevo contrato social que incluya a todos. Tenemos que volver a esa sensación de que todos estamos en el mismo barco. Hay que encontrar una manera de seguir conviviendo de forma pacífica y que no involucre dictaduras.
- ¿Y dónde está el equilibrio en comprender las opiniones muy radicalizadas del otro?
- Hay que diferenciar entre opiniones radicalizadas y opiniones mayoritarias. Las opiniones mayoritarias no son las radicalizadas. Lo que pasa es que mucha gente está apoyando las opciones radicales porque nadie más les entiende. Hay que escucharlas. No propongo ser tolerante con quienes quieren la muerte, no hay que ser pasivos ante la agresión. Se trata de no poner a la gente en la posición de elegir entre blanco y negro porque el riesgo es demasiado alto. Hay que generar opciones que reconstruyan la sensación de comunidad para la gran mayoría.
- EE UU entra en Venezuela y captura al presidente del régimen, Nicolás Maduro. ¿Qué lectura hace desde una perspectiva de derechos humanos?
- Estamos en un momento geopolítico muy distinto. El orden mundial, que se había fundado sobre ciertos principios, se ha resquebrajado. Necesitamos acuerdos básicos que nos permitan vivir en convivencia. El orden mundial que se construyó en 1945 tenía como objetivo crear una estructura para la paz tras la Segunda Guerra Mundial. Luego se focalizó en la globalización económica y trajo mejoras en la pobreza. Lo ocurrido en Venezuela demuestra que actualmente los problemas globales están en el centro de la agenda de todos, y las respuestas a esos problemas son insuficientes. Mi labor ahora es identificar a los nuevos actores, repensar un orden global que haga frente a la tremenda fragmentación que tanto ha debilitado los derechos humanos y permitir a la mayor cantidad de personas en todo el mundo confiar en una estructura de gobernanza global que dé respuesta a estas situaciones que claramente no estábamos sabiendo gestionar.
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