Los científicos realizaron un segundo experimento al introducir deliberadamente una bacteria específica en el intestino de los ratones y, tras modificar su dieta, encontraron esa misma bacteria en el cerebro. Además, al alterar la microbiota con antibióticos, cambiaron también las especies que lograban llegar al cerebro. Esto indica que el origen de los microorganismos detectados es efectivamente intestinal.
El vínculo bacterias intestinales-afecciones neurológicas
El estudio también analizó modelos animales de trastornos neurológicos como Alzheimer, Parkinson y autismo. En estos casos, incluso sin modificar la dieta, se detectaron pequeñas cantidades de bacterias en el cerebro y en el nervio vago. Todos estos modelos compartían en común un aumento en la permeabilidad intestinal, lo que respalda la idea de que esta condición actúa como puerta de entrada.
Es importante señalar que los niveles bacterianos encontrados en el cerebro fueron muy bajos, muy distintos a los observados en infecciones como la meningitis. Además, los investigadores no detectaron bacterias en el líquido cefalorraquídeo ni en las meninges. Esto indica que se podría tratar de un fenómeno diferente a una infección aguda tradicional.
La limitación más obvia del estudio, publicado este mes en PLOS Biology, es que este se hizo con ratones, pero si un proceso similar ocurre en humanos, podría ayudar a explicar la relación entre la salud intestinal y diversas enfermedades neurológicas. Este camino nos llevaría a explorar nuevas estrategias preventivas enfocadas en la dieta, la microbiota y la integridad de la barrera intestinal. Otro estudio reciente descubrió cómo el deterioro cognitivo, en particular la pérdida de memoria, está estrechamente ligado a los cambios en la composición de la microbiota intestinal que se producen con la edad. Resulta que cuando ciertas especies bacterianas proliferan en exceso, producen una acumulación de sustancias que desencadenan respuestas inflamatorias de bajo grado, interfiriendo en la comunicación nerviosa.
En suma, el cerebro podría estar influido tanto por señales químicas provenientes del intestino como por la llegada directa de micoorganismos. ¿Cuáles serían las consecuencias biológicas de la presencia de bacterias en el cerebro humano? Más investigaciones serían necesarias para explicar este mecanismo.