Paco Lluna, auxiliar del Lidl-Trek, es mucho más que el masajista del ciclista español: recupera sus piernas, cuida su cabeza y comparte con él las horas más íntimas de un Tour en el que ambos sueñan con alcanzar el podio
Paco Lluna, posando para MARCA.Francesc Adelantado.- NACHO LABARGA Bergerac
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Paco Lluna es mucho más que el masajista del ciclista español: recupera sus piernas, cuida su cabeza y comparte con él las horas más íntimas de un Tour en el que ambos sueñan con alcanzar el podio
Las manos de Paco Lluna hablan. Lo hacen sin necesidad de pronunciar una palabra. Son manos grandes, castigadas por las horas de trabajo, acostumbradas a encontrar una contractura antes de que aparezca el dolor y a descubrir en las piernas de Juan Ayuso aquello que el ciclista todavía no ha contado. Manos que aprietan, descargan, recuperan y, sobre todo, protegen.
Necesita la habitación muy fría, con el aire acondicionado a tope
Paco Lluna
Porque Paco es el masajista de Ayuso, pero su labor va mucho más allá de aplicar crema y trabajar unos músculos después de cada etapa. Es su mano derecha. Su confidente. La persona que permanece a su lado cuando se apagan las cámaras, se cierran las puertas del autobús y el ruido del Tour queda reducido al zumbido del aire acondicionado de una habitación de hotel.
Hay que conseguir que esté tranquilo, porque el Tour dura tres semanas
Paco Lluna
“Tenemos muy buena sintonía y muy buena amistad. Somos amigos, compañeros, como si fuéramos familia”, explica Lluna ante los micrófonos de MARCA.
En una carrera tan exigente como el Tour de Francia, en la que cada pedalada, cada alimento y cada minuto de descanso forman parte de una planificación milimétrica, la confianza puede resultar tan importante como las piernas. Paco está prácticamente las 24 horas pendiente de Ayuso. Solo le falta, como bromea, subirse a una bicicleta y pedalear detrás de él.
Hay días en los que repasamos vídeos de la carrera y otros hablamos del Mundial, de perros o de trufa
Paco Lluna
“Mi trabajo consiste sobre todo en recuperar, darle masaje y apoyarle. No solo en la recuperación, sino también moralmente. Intentar que todo vaya bien, que esté tranquilo y recordarle que esto es muy largo”, señala.
Ese último mensaje se repite durante estos primeros días de carrera. Calma. Paciencia. Tres semanas. Ayuso se encuentra entre los mejores de la clasificación general y mantiene intacto el objetivo con el que llegó al Tour: luchar por el podio.
“Está bien, según lo previsto. Estamos a siete segundos del podio, que es el sueño de Juan. Hay que esperar porque son tres semanas, esto es muy largo y todavía queda algo más duro por llegar. Va todo bien”, asegura Lluna.
El masaje como refugio
Después de cada etapa comienza otra carrera. La que se disputa lejos de la carretera. Ayuso llega al hotel, se ducha, come y se coloca sobre la camilla. Ahí aparecen las manos de Paco. Empieza entonces una liturgia diaria en la que el masaje sirve para recuperar las piernas, pero también para ordenar todo lo que ha sucedido durante la jornada.
Hay días en los que hablan de ciclismo. Repasan imágenes de la carrera, analizan algún movimiento o buscan un momento concreto que pueda ayudarles a comprender lo ocurrido. En otras ocasiones, sin embargo, la bicicleta desaparece por completo de la conversación.
Estamos a siete segundos del podio, que es el sueño de Juan
Paco Lluna
“Hay días de todo. A veces nos ponemos algún vídeo de la carrera para repasar algo o ver un momento puntual. Pero también hablamos del Mundial de fútbol, de perros o de trufa”, relata entre risas.
En esa habitación, Ayuso también encuentra una forma de desconectar de la presión. Mientras Paco trabaja sus piernas, el ciclista se entretiene con la videoconsola.
“Juega a la Play durante el masaje. Al Call of Duty. Está ahí pegando tiros todo el día”, desvela Lluna.
La escena retrata la intimidad del Tour. Fuera, miles de personas analizan cada gesto de Ayuso, estudian sus tiempos y discuten sobre sus posibilidades en la general. Dentro de la habitación, un joven juega a la consola mientras una de las personas que mejor lo conoce intenta devolverle frescura a unas piernas sometidas al mayor esfuerzo del mundo.
El masaje se convierte así en refugio. Un espacio en el que Ayuso puede ser simplemente Juan. Sin cámaras, sin preguntas y sin la obligación permanente de explicar cómo se encuentra.
La caída que nadie vio
Precisamente en una de esas sesiones tuvieron que revisar lo sucedido en la jornada del Tourmalet. Durante la etapa, muchos espectadores pensaron que Ayuso se había quedado descolgado por falta de fuerzas. La televisión no mostró ningún incidente y durante varios minutos se extendió la sensación de que el español atravesaba un momento de debilidad.
La realidad era diferente. Ayuso había sufrido una caída que pasó prácticamente inadvertida.
“Se cayó un ciclista delante de él y la bicicleta se le cruzó justo por delante. Juan dio una voltereta”, revela Lluna.
Cuando el vehículo de dirección de carrera llegó a la zona, encontró al español colocando de nuevo la cadena. Por ese motivo, Radio Tour informó inicialmente de una avería. Ayuso ya se había levantado y trataba de regresar al grupo sin perder más tiempo.
“Dijeron que era una avería porque, cuando llegó el coche de dirección de carrera, lo vieron poniendo la cadena. Pero claro, ya se había levantado. Rompió la radio y alguna cosa más, aunque por suerte estaba todo bien”, explica Paco.
La caída también demuestra la importancia de esas horas posteriores a la etapa. Lluna no solo debe descargar la musculatura después del esfuerzo. También tiene que revisar cada golpe, detectar cualquier molestia y asegurarse de que un incidente aparentemente menor no se convierta en un problema durante las siguientes jornadas.
Sus manos funcionan como un primer escáner. Recorren las piernas, la espalda y los hombros de Ayuso en busca de señales. Conocen su cuerpo hasta el punto de percibir cuándo existe una tensión diferente o cuándo el cansancio empieza a acumularse más de lo habitual.
Siete segundos y un sueño
Paco Lluna conoce las piernas de Ayuso, pero también su cabeza. Y asegura que mentalmente el español se encuentra preparado para afrontar el desafío.
“De cabeza está genial. El podio es la ilusión, el sueño y el objetivo”, afirma.
Su misión consiste también en controlar esa ambición. Ayuso siempre ha sido un corredor inconformista, convencido de sus posibilidades y decidido a buscar los límites. En el Tour, sin embargo, la precipitación puede pagarse muy cara. Por eso Paco insiste en mantener la perspectiva y pensar más allá de una sola etapa.
“Yo le he dicho: ‘Juan, estamos a siete segundos y todavía falta, falta y falta lo más duro, lo más decisivo’. Vamos con la ilusión de intentar conseguirlo”, cuenta.
Esas palabras resumen el equilibrio que necesitan mantener. Soñar con el podio sin obsesionarse con él. Estar atentos a cada oportunidad, pero sin olvidar que el Tour castiga a quienes intentan ganarlo antes de tiempo. Paco actúa como un contrapeso emocional. Celebra los buenos días, relativiza los momentos complicados y recuerda que la clasificación puede cambiar por completo cuando llegue la montaña más decisiva.
El aire acondicionado, a tope
La convivencia diaria también permite descubrir las pequeñas manías del corredor. Rutinas que desde fuera pueden parecer insignificantes, pero que se convierten en imprescindibles durante tres semanas de hoteles, desplazamientos y tensión.
Ayuso, por ejemplo, necesita dormir con la habitación muy fría.
“Le gusta y necesita que esté muy fría. El aire acondicionado, a tope”, confiesa Lluna.
La petición obliga a vigilar que el remedio no termine convirtiéndose en un problema. Ayuso llegó a la carrera después de haber superado una gripe A en los últimos días de su anterior competición. Paco bromea con que ahora ya dispone de anticuerpos, aunque en el Tour cualquier resfriado puede echar por tierra meses de preparación.
Son detalles aparentemente pequeños que forman parte del trabajo invisible. Comprobar la temperatura, vigilar el descanso, mantener la tranquilidad y conseguir que el corredor pueda aislarse durante unas horas de una carrera que lo invade todo.
Cuando Ayuso sale cada mañana del hotel, las miradas se dirigen hacia su bicicleta, su posición en el pelotón y sus piernas. Pero detrás de cada pedalada están las manos de Paco Lluna. Las que lo recuperan después de una etapa, las que revisaron los golpes de una caída que nadie vio y las que intentan mantener vivo el sueño del podio.
Manos de masajista, de amigo y casi de familia. Las manos que, durante tres semanas, protegen a Juan Ayuso.
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