El Teléfono de la Esperanza cree que hay que reforzar el seguimiento posterior a los intentos de suicidio para evitar más muertes
Regala esta noticia Añádenos en Google Una mujer con depresión. (SUR) 10/09/2026 a las 00:01h.Los datos de los suicidios en Málaga y provincia han caído un 18% entre 2024 y 2025, desde los 168 a los 136 casos, según ... el Instituto Nacional de Estadística (INE). El último dato es particularmente importante porque se vuelve a los niveles anteriores a la pandemia: en 2017, hubo 130 suicidios, y el guarismo fue escalando hasta el pico de los 182 de 2021 y los 180 de 2022.
El presidente del Teléfono de la Esperanza, Juan Sánchez, que además es psicólogo, recuerda que no se «contabilizan los suicidios encubiertos» y pone como ejemplo que muchos accidentes de tráfico se clasifican así pero son, realmente, intentos de autólisis por parte de los conductores. Si ello se contabilizara, la estadística crecería al menos, según estima, un 20%.
Planes
Los planes nacionales y autonómicos podrían explicar en parte esa bajada, aunque lo más seguro es que los números de pandemia estén bajando y acoplándose a la realidad. «Uno de los grandes avances ha sido la implantación del Código Suicidio, que mejora la detección y atención de la persona con riesgo suicida y garantiza la continuidad de cuidados desde urgencias hasta Salud Mental», relata Sánchez, quien destaca que en Málaga existe la Mesa Técnica para la Prevención del Suicidio en la que participa su organización.
En su opinión, los grandes esfuerzos ahora se centran en la «postvención», más allá de la ineludible prevención. Es decir, «qué se hace después de que una persona haya intentado suicidarse: alguien que intenta hacerlo recibe la visita del 112, va a Urgencias, pero luego hace falta un seguimiento mucho más cercano».
Depresión, enfermedades crónicas, soledad, pérdidas afectivas, desempleo, problemas económicos, laborales o de pareja, violencia o acoso son algunas de las causas
Las causas del suicidio son «multifactoriales»: «Depresión y otros problemas de salud mental, enfermedades crónicas, soledad y aislamiento, pérdidas afectivas, problemas de pareja, desempleo, problemas económicos o laborales, experiencias traumáticas, consumo de alcohol u otras sustancias, acoso, violencia, exclusión social, problemas judiciales, situaciones vitales de enorme presión o crisis personales insoportables», reseña Sánchez.
Ausencia de alternativas
La persona percibe «una ausencia de alternativas». El presidente del Teléfono de la Esperanza propone «escuchar sin juzgar, preguntar por el riesgo, saliéndose de los mitos que aluden a que quien quiere hacerlo es por llamar la atención, facilitar contacto con profesionales de salud mental, implicar a personas del entorno o familiares y hacer un plan de seguridad de forma que llamen cuando aparezca la crisis a un amigo, un psicólogo o un familiar, establecer rutinas de sueño y alimentación, favorecer el contacto social, evitar alcohol y otras drogas y reducir el acceso a medios potencialmente letales». Esto es, si surge una ideación de precipitarse al vacío, bajarse a la calle y llamar a alguien.
Es necesario trabajar también con los supervivientes del suicida: de seis a diez personas sufren un golpe con la pérdida de alguien y estos tienen una sensación de culpa, además de ser candidatos a fantasear con la idea.
Si tiene una crisis, puede llamar al 952-26-15-00 o al 717003713 del Teléfono de la Esperanza.
Sólo en 2026, la asociación intervino en 8.000 ocasiones ya sea por teléfono o en el chat (habilitado especialmente para jóvenes), en 500 ocasiones por suicidio.
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