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Las oportunidades cínicas de la operación 'Furia Épica'

Las oportunidades cínicas de la operación 'Furia Épica'
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Con esta Administración, la mejor apuesta es que se alcanzará un acuerdo de negocios con Irán. Leer
Financial TimesLas oportunidades cínicas de la operación 'Furia Épica'
  • MARTIN WOLF
4 MAR. 2026 - 15:29El presidente estadounidense, Donald Trump.Samuel CorumEXPANSION

Con esta Administración, la mejor apuesta es que se alcanzará un acuerdo de negocios con Irán.

"Sic semper tyrannis" (así siempre con los tiranos). Esta conocida expresión evoca el destino apropiado de los déspotas. Que Ali Jamenei era un tirano y su régimen teocrático tiránico no admite dudas. Hay pocas dudas de que mató a miles de manifestantes a comienzos de enero. Las personas decentes deberían celebrar su decapitación. Sin embargo, antes de hacerlo, cabría preguntarse: ¿qué vendrá después?

Los mercados, como siempre, han tratado de responder a esta cuestión desde la perspectiva estrecha, aunque importante, de inversores y operadores. Hasta ahora, la reacción ha sido moderada. Para el 3 de marzo, el precio del crudo Brent había subido a 80 dólares, un 9% por encima de su nivel justo antes del lanzamiento de la "Operación Furia Épica" el 27 de febrero. Ni el nivel ni el aumento resultan llamativos según los estándares de anteriores shocks petroleros: en términos reales, el petróleo se situaba un 6% por encima de su media desde 1972 y muy por debajo de los niveles alcanzados durante crisis del petróleo más graves.

El aumento de los precios del gas fue mucho más pronunciado: los precios al contado del gas TTF neerlandés se dispararon un 40% ante el temor por las exportaciones cataríes de gas natural licuado. Los mercados sí mostraron inquietud sobre el futuro de la inflación, con el oro al alza y los precios de los bonos a la baja. Pero nada de esto resulta sorprendente o dramático. La suposición implícita es que la furia será breve, con pocas, de haber alguna, consecuencias a largo plazo.

Como señala el economista Paul Krugman, este optimismo puede justificarse, al menos si se comparan los posibles resultados económicos con los de anteriores crisis petroleras, por la caída del 70% en la intensidad petrolera del PIB estadounidense desde finales de los años setenta. Según el comentarista Simon Nixon, Estados Unidos dispone de una reserva estratégica de 425 millones de barriles, frente a los 347 millones de finales de 2023. Las existencias comerciales del mundo desarrollado han aumentado en otros 140 millones de barriles en el mismo periodo. Mientras tanto, "China parece haber añadido más de 700 millones de barriles a su inventario total, que ahora se acerca más a los 2.000 millones que a los 1.200 millones que a menudo se estiman".

No obstante, lo que está ocurriendo es precisamente el escenario más disruptivo que concebí cuando comenzó la guerra de Gaza en 2023: una guerra que afecta a todo el Golfo Pérsico.La región es el proveedor de energía más importante del mundo. Según la Statistical Review of World Energy 2025, concentra el 48% de las reservas probadas mundiales de petróleo y produjo el 31% del crudo mundial en 2024. También posee el 40% de las reservas globales de gas natural y suministró el 24% de todas las exportaciones de GNL en 2024. Además, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, una quinta parte del suministro mundial de petróleo pasa por el Estrecho de Ormuz. Este es el gran cuello de botella del suministro energético mundial. Una guerra prolongada que interrumpa las exportaciones del Golfo Pérsico o, peor aún, dañe su capacidad productiva, podría resultar extremadamente costosa.

La Administración estadounidense debe ser consciente de ello. Tal vez nunca sepamos por qué inició la guerra. Pero cuando insiste en que desea que sea breve, podría estar diciendo la verdad. Que ese sea el resultado es otra cuestión:Estados Unidos tampoco pretendía librar una guerra de 20 años en Afganistán que terminó perdiendo de forma tan humillante.

Una guerra larga podría utilizarse para justificar la declaración de un estado de emergencia en Estados Unidos. Pero existe una propuesta más atractiva y plausible para Donald Trump. Se trata de "la opción venezolana": entrar, alcanzar un acuerdo y salir.

Por desgracia, es poco probable una transición rápida hacia la democracia. Pocas de las condiciones necesarias se dan hoy. Los "petroestados" casi nunca son democracias porque sus ingresos provienen de rentas de recursos, no del esfuerzo económico de la población. Irán no ha sido —y probablemente seguirá sin serlo— una excepción a esta triste regla.

Además, a Trump no le importa en absoluto la democracia. Es posible un colapso hacia el caos. Pero es aún más probable que surjan nuevos "hombres fuertes" con raíces en la Guardia Revolucionaria. Trump podría entonces buscar un acuerdo: os dejaremos en el poder si dejáis de amenazar a vuestros vecinos y nos permitís compartir el petróleo. Irán posee el 9% de las reservas mundiales de crudo pero sólo el 5% de la producción: la ventaja es evidente.

¿Habrá interesados entre los nuevos gobernantes iraníes, tras esta brutal lección del poder estadounidense (e israelí)? Apostaría a que sí. Si se alcanzara un acuerdo así, el Golfo Pérsico podría volver a la estabilidad, incluso a una estabilidad mayor que en las décadas transcurridas desde la revolución iraní. Además, ese desenlace podría reducir el peligro más grave de un colapso del Estado, del que advierte el politólogo Stephen Holmes en Project Syndicate, con el material nuclear iraní y sus científicos e ingenieros sueltos por el mundo. Un Irán estable y no enfrentado con sus vecinos sería, sin duda, preferible a eso.

Este resultado también podría tener otros beneficios para Estados Unidos: su posición en el Golfo Pérsico se reforzaría a expensas de China y la UE, las dos grandes potencias económicas más dependientes de esa región; los precios del petróleo volverían a la normalidad; y la economía mundial se estabilizaría tras una breve perturbación.

¿Sugiero que algo tan coherente estuviera en la mente de Trump cuando decidió actuar? No. ¿Sugiero que sea inevitable? Tampoco. Es posible que Irán siga siendo muy inestable durante mucho tiempo. Alternativamente, la guerra podría prolongarse, provocando nuevos repuntes en los precios de la energía y en la inflación en un momento de fragilidad financiera.

Sin embargo, teniendo en cuenta cómo es esta Administración, la apuesta más segura es la más cínica. Tanto si lo planeó como si no, Trump podría haber creado las condiciones para un acuerdo con quienes controlan las palancas del poder en Irán. Tal acuerdo sería aceptable para sus vecinos, que no desean un Irán democrático. El poder estadounidense habría quedado demostrado. Se habría incomodado a Europa y China. Los gobernantes iraníes (y la familia Trump) serían más ricos. ¿Qué podría no gustar de todo esto, al menos a Trump?

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Fuente original: Leer en Expansión
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