Una proporción considerable de los antibióticos disponibles en el mercado se deriva de microorganismos presentes en el suelo. Sin embargo, aún se conoce poco sobre cómo los cambios ambientales pueden influir en el desarrollo y la evolución de la resistencia bacteriana.
publicado hoy en la revista Nature Microbiology, los científicos emplearon un programa computacional para analizar cinco bases de datos previas, con el fin de evaluar las firmas metagenómicas de distintos tipos de suelos procedentes de varios países, entre ellos Suiza, Estados Unidos y China. El análisis se centró en determinar cómo la aridez del suelo puede influir en la abundancia de genes microbianos relacionados tanto con la producción de antibióticos como con la resistencia a estos compuestos.Los autores identificaron que, en condiciones de escasez de agua, la competencia entre microorganismos se intensifica, lo que favorece la supervivencia de bacterias capaces de tolerar ambientes más hostiles. Su hipótesis plantea que, a medida que disminuye la humedad del suelo, el espacio disponible para los microbios también se reduce. Como consecuencia, aumenta el contacto entre bacterias y compuestos antibióticos, lo que elimina a las más vulnerables y propicia el enriquecimiento de aquellas con mecanismos de defensa más eficaces.
En este contexto, los microorganismos que logran sobrevivir son los que presentan mayor capacidad para resistir dichos compuestos. Esto incluye tanto a los productores de antibióticos como a otras cepas que albergan genes de resistencia.
A más sequías, mayor incidencia de infecciones resistentes
Estos hallazgos fueron puestos a prueba en una serie de experimentos de laboratorio que, bajo condiciones controladas, confirmaron que en entornos secos las bacterias resistentes tienden a sobrevivir con mayor frecuencia en comparación con las cepas más sensibles.
Posteriormente, el equipo buscó determinar si existía una correlación entre este fenómeno y una mayor incidencia de infecciones resistentes a los antibióticos en entornos hospitalarios de las regiones analizadas.
Para ello, analizaron datos de vigilancia clínica de 116 países y los compararon con información climática local, como los niveles de precipitación anual y las temperaturas medias. Los resultados revelaron que en las regiones más áridas se registra una mayor incidencia de casos relacionados con infecciones resistentes a estos fármacos. Esta relación se mantuvo incluso tras ajustar el análisis por factores económicos y por la calidad de los servicios sanitarios en cada región.
“Las sequías producen efectos comparables a los del uso excesivo de antibióticos en la práctica clínica: ambos impulsan la selección natural de la resistencia”, afirmó la coautora Dianne Newman, profesora de Biología y Geobiología en Caltech.
Las conclusiones del estudio sugieren que las sequías no solo alteran los ecosistemas, sino que también podrían favorecer la proliferación de bacterias resistentes en entornos naturales que, eventualmente, podrían trasladarse a contextos más cercanos a las poblaciones humanas.
suelos sometidos a sequía. Como discuten los autores, se requiere más investigación para confirmar una relación de causalidad”, reiteró el experto en una declaración retomada por SMC España.No obstante, los autores sostienen que la correlación observada no debe ignorarse y que debería considerarse en el desarrollo futuro de herramientas diagnósticas y estrategias terapéuticas, con el objetivo de optimizar su eficacia.
En la misma línea, Bruno González Zorn, director de la Unidad de Resistencia a los Antibióticos de la Universidad Complutense de Madrid y asesor de la Organización Mundial de la Salud en esta materia, señaló que “este estudio refuerza la necesidad de abordar la resistencia antimicrobiana desde un enfoque one health, que reconoce que la salud humana depende estrechamente de la salud animal y del medio ambiente”.
En términos prácticos, este enfoque implica avanzar hacia políticas que integren la vigilancia ambiental de resistencias, el uso prudente de antibióticos en todos los sectores y la implementación de estrategias de adaptación al cambio climático. Así, la lucha contra la resistencia deja de ser un desafío exclusivamente clínico para convertirse también en un problema ecológico.
De cara al futuro, el equipo de Caltech planea emplear sistemas de inteligencia artificial para identificar y ampliar la comprensión de los mecanismos que utilizan las bacterias para resistir y modificar los antibióticos, especialmente en entornos secos. Estos avances podrían contribuir al diseño de nuevas soluciones frente a una de las amenazas más complejas para la salud global contemporánea.