La psicóloga María Salmerón ve en su consulta a cada vez adolescentes que usan ChatGPT como buscador porque el de Google "les resulta tedioso y les obliga a contrastar la información". Muchas veces la IA les responde a sus preguntas con información falsa, pero los críos no sólo no la cuestionan, sino que le dan más credibilidad que a los adultos. Lo ha observado, sobre todo, con cuestiones relacionadas con los motivos de la consulta. "Hay cada vez con más frecuencia permeabilidad al contenido inapropiado, con pacientes adolescentes que cuestionan su propia enfermedad o dejan el tratamiento porque la IA les dice que no es correcto. Como no tienen capacidad de rebatirlo, se retroalimentan y cada vez tienen más dependencia emocional de la IA, que les dice lo que quieren oír", explica.
Una vez tuvo a una paciente que hablaba con frecuencia con ChatGPT:
-¿Cuál ha sido tu última conversación con la IA?
-Pues le pregunté si era adecuado tener dos parejas a la vez.
-¿Es tu caso?
-No, no, qué va, le está pasando a una amiga...
-¿Qué te dijo la IA sobre eso?
-Me dice que hay culturas en las que la poligamia está plenamente afectada.
-¿Y tú qué piensas?
-Tuve que buscar lo que significaba la palabra poligamia porque no la entendía, pero después me he quedado tranquila.
-La relación de pareja se basa en la confianza y en el respeto. ¿Has hablado con tus dos parejas para ponerles al corriente?
-No, ¡cómo voy a hacer eso!
Salmerón dice que "está empezando a haber una dependencia emocional de los menores a la IA" que le preocupa a ella y los otros expertos que este miércoles han presentado 70 evidencias científicas "que demuestran que determinadas exposiciones digitales contribuyen a desenlaces adversos concretos". Todas las sociedades científicas españolas especializadas en menores han consensuado un documento con un compendio de pruebas que avalan la necesidad de hablar de este tema como de "un problema de salud pública".
El documento con las 70 pruebas de los daños de las pantallas lo han presentado ante la Comisión de Justicia del Congreso que actualmente aborda el proyecto de ley de Protección a los Menores en los Entornos Digitales, en fase de transacción de enmiendas. La lista de los firmantes es larguísima: además de una veintena de colectivos de la sociedad civil, lo suscriben la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Neurología, la Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia, la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia, el Consejo General de la Psicología... y así hasta 13 sociedades médicas de ámbito estatal. No hay ninguna que se haya quedado al margen.
El dossier con la evidencia científica no quiere caer en el "alarmismo indiscriminado que atribuye toda disfunción adolescente al uso digital" pero tampoco en la "minimización sistemática que invoca la ausencia de causalidad perfecta como argumento para la inacción". Por eso justifica la regulación europea existente, con mecanismos de verificación de edad, exigencia de responsabilidad a las plataformas y límites en el diseño, entre otras medidas.
También propone unos tiempos de uso, aunque los expertos consideran que la contabilidad horaria "es insuficiente para caracterizar el riesgo", pues también han comprobado que influyen el tipo de contenidos, las características de los niños y de las familias, el estilo de crianza y otras cuestiones. A grandes rasgos, las sociedades científicas recomiendan exposición cero a las pantallas a los menores de seis años, un máximo de una hora al día para los niños de entre seis y 12 años y un tope de dos horas al día para los de 12 años en adelante.
"Es imposible autorregularse"
"No estamos en contra de las pantallas ni de la tecnología, pero hay que respetar los derechos fundamentales de la infancia, como el derecho a la salud, el derecho a la vida y el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Si a nosotros como adultos ya nos cuesta controlarlo, es imposible que los niños se puedan autorregular. Lo decimos desde la neutralidad ideológica y desde la evidencia científica. Estamos ante el mayor hackeo cerebral de la historia de la humanidad: está cambiando el comportamiento de nuestros hijos, su forma de jugar y de relacionarse", ha advertido Mar España, presidenta de la Plataforma Control Z, que agrupa a estas sociedades médicas y del tercer sector.
David Ezpeleta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología, ha aportado estudios longitudinales y neuroimágenes que muestran "carreteras del cerebro peor desarrolladas" en jóvenes que han recibido el "estímulo monocorde" de las pantallas. ¿Qué efectos producen?
"La evidencia científica actual puede afirmar que la exposición temprana a pantallas, especialmente cuando es pasiva, prolongada o sustitutiva de la interacción adulto-niño, se asocia con peores resultados en lenguaje, cognición, autorregulación y funciones ejecutivas. El contenido inapropiado para la edad y el uso de pantallas por parte del cuidador, un fenómeno conocido ya como technoferencia, se asocian también con peores resultados psicosociales. En conjunto, las pantallas en primera infancia resultan especialmente preocupantes cuando, ya sea por el uso del niño o del adulto cuidador, desplazan la interacción humana, en una etapa en la que esa interacción no es un complemento, sino un requisito biológico para el adecuado desarrollo cerebral", resume a EL MUNDO Cristina Cordero, cocoordinadora del grupo de trabajo de la Sociedad Española de Neuropediatría.
José Antonio Luengo, vicepresidente del Consejo General de la Psicología de España, constata que están viendo a niños muy ligados al uso del "chupete digital" con dificultades para crear un apego seguro. Y también dice que esta falta de apego, que es "un sistema de regulación afectiva que desempeña un papel fundamental en el desarrollo", cuando se ve afectado por estas circunstancias, "puede correlacionar con una adicción en el futuro".