Satoru Iwata, presidente de Nintendo entre 2002 y 2015, revolucionó la industria de los videojuegos con un liderazgo único basado en la creatividad, la empatía y la cercanía con su equipo. Desde su intervención directa en juegos icónicos como 'Pokémon Oro' y 'Plata' hasta la creación de consolas innovadoras como la Nintendo DS y la Wii, Iwata transformó Nintendo en un fenómeno global, demostrando que la pasión por los videojuegos y la ética corporativa pueden ir de la mano.
Al igual que la pintura debe rendirse ante Rembrandt o la música a Claude Debussy, los jugadores le deben mucho a una de las figuras clave del denominado décimo arte. Satoru Iwata es a los videojuegos lo que Miguel Ángel a la escultura. El difunto presidente de Nintendo nunca usó mármol de Carrara, pero sí escribió código para esculpir algunas de las joyas más relevantes de la industria del videojuego.
"En mi tarjeta de presentación, soy un presidente corporativo. En mi mente, soy un desarrollador de juegos. Pero, en mi corazón, soy un gamer", aseveró Iwata durante su discurso de apertura de la Game Developers Conference de 2005. Pero, ¿qué hizo tan especial a este ejecutivo? La cita refleja y resalta su amor por su trabajo a pesar de ser el presidente de una gran corporación. Iwata siempre quiso crear experiencias divertidas y dibujó un tipo de liderazgo poco habitual. En 2002, al asumir la presidencia de Nintendo, el directivo heredó una compañía que perdía terreno frente a la capacidad gráfica de las consolas de Sony y Microsoft. Su respuesta no fue pelear por más potencia, sino cambiar para siempre las reglas del juego.
Su leyenda se forjó con hazañas que hoy parecen mitología técnica. Durante el desarrollo de Pokémon Oro y Pokémon Plata -la primera secuela de la exitosa franquicia de Nintendo- los ingenieros de Nintendo se encontraban en un callejón sin salida: el juego no cabía en los ya obsoletos cartuchos de su consola portátil Game Boy. Sin embargo, lejos de machacar a su equipo, Iwata se puso manos a la obra y él reescribió el código del juego de tal manera que pudo incluir toda la aventura sin dejar nada fuera del cartucho. "Soy alguien que sabe lo que significa pasar una noche en vela frente a una pantalla tratando de corregir un error", declaró durante la conferencia. Con este gesto, Iwata demostró que, a pesar de liderar Nintendo, compartía las mismas raíces y sacrificios que los programadores de su compañía.
Creatividad y empatía
Formado en Ciencias de la Computación, Iwata fue el primer presidente de Nintendo que no pertenecía a la familia fundadora Yamauchi. Hecho que nunca amedrentó su visión estratégica. Bajo su liderazgo, la compañía vivió uno de los mejores momentos de su historia y pasó a ser un fenómeno global. El ejecutivo japonés revolucionó el mercado al implementar la denominada estrategiaocéano azul: en vez de luchar por los jugadores expertos, Nintendo se centraría en aquellos que nunca habían tocado un control. Así nacieron dos de las consolas más vendidas de todos los tiempos, la Nintendo DS y la Nintendo Wii. Ambos dispositivos compartían, en esencia, una jugabilidad muy intuitiva. Por su parte, la Nintendo DS desafió la lógica e incluyó dos pantallas en un mismo terminal, una de ellas era táctil, facilitando de este modo su acceso a aquellos que se hacían un lío con los botones. Asimismo, la Nintendo Wii introdujo el control por movimiento, logrando que abuelos y nietos compitieran en una partida de bolos virtual desde el salón de su hogar.
Pero, como en toda buena aventura o videojuego que se precie, el liderazgo de Iwata no estuvo exento de problemas. Tras el lanzamiento de la Nintendo Wii U en 2012, la compañía no supo capitalizar el enorme éxito de su antecesora. Desde los primeros informes de ventas Iwata reconoció ser responsable del tropiezo económico de la organización. Con las acciones cayendo y la presión de los inversores, Nintendo estaba obligada a despedir empleados para reducir costes. Sin embargo, Iwata hizo algo impensable: en enero de 2014 anunció públicamente que reduciría su sueldo en un 50%. "Si las personas temen perder su trabajo, no pueden crear juegos que asombren al mundo", declaró en un comunicado. Para Iwata, la lealtad era una calle de doble sentido. Prefirió sacrificar su fortuna personal antes que el talento de su equipo, una lección de ética que resonó en toda la industria tecnológica. Por ello, otros directivos de Nintendo siguieron su ejemplo y aceptaron recortes salariales. Con esta estrategia de liderazgo protegió la estructura interna de la empresa, optando por recortes salariales en ejecutivos en lugar de despidos; demostrando una empatía genuina por sus clientes y trabajadores.
Lamentablemente, Iwata no pudo ver los resultados de su sacrificio. El directivo falleció en 2015. Dos años después, se lanzaba la Nintendo Switch, la segunda consola más vendida de la historia con más de 150 millones de unidades.
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