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Lecornu sale de su despacho cargado con carpetas de documentos. Reuters Lecornu, el equilibrista genial de la política francesaEl primer ministro galo ha logrado una tregua tras dos años de crisis política y ahora «le toca el reto de gobernar»
Domingo, 1 de febrero 2026, 22:44
... Lecornu. La sensación predominante en estos momentos en los pasillos de la Asamblea Nacional es que el actual responsable del Ejecutivo, designado en septiembre del año pasado, seguirá en el cargo hasta las elecciones presidenciales de 2027. Una vez está a punto de salir del atolladero que han representado los presupuestos de este año –ya le costaron el cargo al final del verano a su predecesor, François Bayrou—, a Lecornu parece esperarle un camino menos empinado a lo largo de 2026.De hecho, el primer ministro tiene previsto utilizarlo hasta tres veces. El 49.3 permite al Gobierno aprobar una medida sin una votación parlamentaria normal, pero abre la puerta a que las oposiciones presenten una moción para forzar su dimisión. Por ese motivo, Lecornu se ha enfrentado a otros dos textos de censura, sin mayores consecuencias.
El filo de la navaja por el que anda Lecornu resulta estrecho. Ha superado dos mociones por solo 19 y 22 votos de diferencia. Aunque se trata de un margen equivalente a menos del 5% de los escaños en la Asamblea, parece lo suficientemente sólido para que el responsable del Ejecutivo aguante en el Palacio de Matignon hasta la primavera del año que viene.
La continuidad de Lecornu cuenta con el apoyo implícito del Partido Socialista y la derecha tradicional de Los Republicanos, las dos formaciones bisagra en la Cámara Baja. Los disidentes en las filas de esos partidos tradicionales pueden contarse con los dedos de las manos. Además de haber hecho concesiones a socialistas y conservadores, el primer ministro se ve beneficiado por una coyuntura internacional muy convulsa y un calendario electoral apretado en Francia.
«¿Hubiera valido la pena otro adelanto electoral?», se preguntaba de manera retórica el diputado socialista Laurent Baumel en los pasillos de la Asamblea. Tanto Macron como Lecornu advirtieron en los últimos meses a la oposición de que otra caída gubernamental desembocaría en unas elecciones legislativas anticipadas, menos de dos años después de que la temeraria decisión del presidente de disolver la Cámara Baja dejó una Francia casi ingobernable.
¿Intentará suceder a Macron?
El miedo ante una vuelta a las urnas ha resultado clave para que los socialistas y la derecha republicana acepten esta tregua en el tramo final del más que accidentado segundo mandato de Macron. La mayoría de los políticos galos tiene ahora mismo la mirada puesta en las elecciones municipales de marzo, las senatoriales de septiembre y, sobre todo, en las presidenciales del año que viene. Y no desea en ningún caso unas legislativas en medio de ese calendario.
Por consiguiente, los principales retos para Lecornu han dejado de ser los presupuestos y sobrevivir en el cargo, sino que «ahora también se enfrenta al desafío de gobernar», según el diario 'Le Monde'. «No habrá inmovilismo», ha defendido el responsable gubernamental, cuyas prioridades son a partir de ahora una ley sobre agricultura, otra sobre la descentralización y culminar el largo proceso legislativo sobre la eutanasia. Tras haber logrado una frágil estabilidad, ¿sacará un rédito político de ello? ¿Intentará postularse para las próximas presidenciales, en que no podrá presentarse Macron debido al tope constitucional de dos mandatos?
El primer ministro ha repetido varias veces que «no soy candidato a las presidenciales». Pero sus cambios de opinión empiezan a ser frecuentes. Por ejemplo, sobre el uso del artículo 49.3 o su extraña dimisión y vuelta al Gobierno pocos días después a principios de octubre. «Si Lecornu sobrevive a este invierno político, varios dirigentes macronistas verán en él a un potencial candidato», explica a este medio el periodista Louis Hausalter, que sigue la actualidad del Elíseo para 'Le Figaro'. «A diferencia de Édouard Philippe y Gabriel Attal» —otros aspirantes del centro-derecha—, el actual primer ministro «todavía mantiene buenas relaciones con Macron», subraya Hausalter.
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