- MIGUEL ÁNGEL MILLÁN
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El plusmarquista Fauja Singh fue un ejemplo del liderazgo desde la constancia.
Fauja Singh (1911-2025) se inició en las carreras de larga distancia a los 89 años. Batió ocho plusmarcas mundiales entre 1.000 y 5.000 metros en una carrera atlética de 12 años cuyo epítome tuvo lugar en su conclusión, a los 101 años, con la finalización del maratón de Hong Kong en 2013. Pero su vida no solo estuvo jalonada de éxitos deportivos en la edad de lo imposible: es la historia de una superación donde la productividad y la gestión del tiempo resultaron de vital importancia para dar a conocer su singularidad.
¿Por qué Fauja Singh es un protagonista diferente?
Sin lugar a dudas, por su lucha contra la adversidad sin dejarse frenar por el sinsentido, aceptando desde la perseverancia, la sistematicidad y la firmeza por alcanzar nuevos logros los desafíos existenciales a los que estuvo expuesto. Retos que, lejos de extinguir su ánimo, reconvirtieron el poderoso espíritu humano en un vigoroso motor transformador de la realidad para alcanzar retos impensables a una edad donde se extinguen los sueños.
Su historia personal participa de tres conceptos de singular valor como son inspiración, energía y resistencia. La inspiración por la lucidez para sobreponerse al duelo por las defunciones de su mujer e hijo, trasladándose a Londres para iniciar una nueva etapa a sus 89 años, donde conviviría con el colectivo sij londinense junto a otro de sus hijos. Allí tomó como referencia el lema de Adidas: "Impossible is Nothing", que destaca que no existen límites para los objetivos que una persona puede alcanzar, donde la filosofía de la superación rompe barreras y reformula nuevas posibilidades. Singh demostró que el cronómetro es una cuestión secundaria frente a la posibilidad de vencer al tiempo y priorizar la salud.
¿De dónde pudo sacar esa energía? Obviamente, con una naturaleza aventajada sostenida en la grandeza de un corazón sofisticado: no solo en el cuidado de su alimentación, sino en la lección humana que prodigó al donar a la caridad las ganancias de cada maratón que corría. Lección magistral de una persona que no tuvo a su alcance una formación básica (era analfabeto), pero que mostró la inteligencia de conservar una dieta vegetariana exenta de carne, frituras y dulces, todo ello regulado por un buen cuidado del descanso y por las prácticas meditativas tan propias de la cultura oriental, necesarias para la concentración y el fortalecimiento del espíritu de superación. La inteligencia de Singh demostró ser altamente productiva para la consecución de sus retos.
La práctica deportiva se convirtió en un modelo terapéutico para superar el duelo. Este atleta de naturaleza resistente, constante en sus desempeños y firme en su acción, llegó a trascender la lógica deportiva para exponer frente al mundo que cualquier reto puede traer consigo la meta inesperada de la superación. Destacó por su gran resiliencia.
Poderosa perseverancia
En su propia historia, por sorprendente que parezca, tuvo problemas para aprender a caminar en su infancia: de hecho, no lo hizo con pleno desarrollo hasta alcanzar la edad de 10 años. Diagnosticado de una debilidad temprana que le impedía caminar con normalidad, nada hacía suponer que, armado de la poderosa perseverancia en la consecución de sus objetivos, figuraría como uno de los relevistas de la antorcha olímpica en las Olimpiadas de Londres 2012, en un icónico relevo de 300 metros.
A estos tres conceptos que definen la grandeza y perfil de Singh, se suma que alcanzó los 114 años: todo ello no podría ser sin la presencia de un espíritu humano alentador que hizo de la inspiración, la energía y la resistencia una productiva proeza de crecimiento deportivo. Este sencillo hecho, junto al acicate de la gestión del tiempo y, paralelamente, de la alimentación, produjo una referencia clarividente de la superación de los límites determinados por la edad. La vida de nuestro protagonista se vio malograda en un accidente vial, en su perseverante rutina del paseo diario. No obstante, su testimonio de vida determinado por la superación sigue siendo un ejemplo a seguir para deportistas y altos ejecutivos.
Singh nos deja una lección especialmente valiosa para el mundo empresarial: la gestión del tiempo no se mide solo por la eficiencia, sino por la capacidad de orientar cada decisión hacia un propósito claro. Su trayectoria demuestra que la productividad sostenible nace de la combinación entre inspiración, energía y resistencia; tres cualidades imprescindibles para cualquier profesional o directivo que aspire a liderar en entornos cambiantes.
En un contexto donde las organizaciones conviven con la incertidumbre, la presión por los resultados y la necesidad de adaptación constante, su legado invita a repensar el liderazgo desde la perseverancia, la coherencia y la visión a largo plazo. Porque avanzar no siempre significa ir más rápido, sino mantener el rumbo, aprender de la adversidad y convertir cada desafío en una oportunidad real de transformación.
Miguel Ángel Millán es el director académico en ESIC University.
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