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Arantxa González Laya, en una imagen de archivo. DVArantxa González Laya | Exministra de Asuntos Exteriores
«Lo que no se puede es obviar que en Venezuela ya hay una alternativa, que es la que ganó las elecciones»La jurista y política vasca lamenta que Trump descartara a Corina Machado y defiende que los venezolanos decidan su modelo de transición
Alberto Moyano
Lunes, 5 de enero 2026, 07:18 | Actualizado 07:26h.
... de las voces más solicitadas por los medios de comunicación. González Laya considera que el modelo de transición a la democracia «es una decisión de los venezolanos y hay que ayudarles a que lleguen a ella, no construir un protectorado». En este sentido, recalca que «lo que no se puede es obviar que ya hay una alternativa democrática en Venezuela, que fue la que ganó las últimas elecciones y descartarla en una conferencia de prensa», tal y como hizo Trump este sábado.– Quizás más que el fin del Derecho Internacional, estamos viviendo su desprecio de forma más descarnada, en el sentido de que ya no se alegan falsos motivos para hacerlo.
– Sí porque en una comunidad internacional de iguales, algunos son más iguales que otros. Evidentemente, cuando uno tiene más poder tiende a querer ejercerlo, aunque puede hacerlo de una manera 'benigna' o de una manera descarnada, única y exclusivamente para su propio beneficio. Y estamos llegando a eso, a entender las relaciones de poder como un juego de suma cero. Esto sí es algo nuevo. Ahora, las grandes potencias –EE UU, Rusia y China–, encuentran acomodo a sus problemas y son más generosos entre ellos que con el resto de nosotros en temas como Ucrania o los aranceles. El nuevo mundo es: o tienes poder y eres capaz de ejercerlo o lo van a ejercer otros por ti.
– En ese sentido, parece que este escenario le ha pillado a la UE en la inopia.
– Bueno, no es que nos haya pillado en la inopia, sino que en la Unión Europea tenemos también una fractura muy grande alimentada por las grandes potencias, en particular y en estos momentos, por EE UU. Hay dos bandos: el de los que creen que la única vía para poder escribir su futuro es una mayor integración europea y el de los que piensan que tenemos que retornar a la Europa de las naciones, de los pequeños estados, renacionalizando competencias. Este bando hablaba antes de salirse de la UE, pero cuando han visto qué frío hace fuera a través del Reino Unido, han empezado a utilizar otro lenguaje, que es el de cambiar la UE desde dentro.
– Y en su opinión, ¿quién va a ganar ese pulso?
– Eso está en manos de los ciudadanos europeos, algunos de los cuales se han dejado llevar por estos cantos de sirena de cambiar la UE desde dentro, que en realidad, tal y como hemos visto en países en donde se ha llevado a cabo este experimento, como Hungría, significa menos democracia. El gran damnificado de esta visión es la democracia y esta lucha es la lucha por la democracia europea.
–¿Ha sido decepcionante la reacción europea ante la intervención militar de Trump en Venezuela?
– Ha sido el reflejo de quien se enfrenta a un gran dilema. Un nuevo episodio después de los dos que vivimos el año pasado –la reunión sobre Ucrania en el Despacho Oval o la Cumbre de Escocia sobre los aranceles–. Europa se enfrenta a un dilema: por un lado, no molestar a Trump para conseguir el mejor acuerdo posible sobre Ucrania, que va a ser miembro de la UE, y a la vez, sin caer presa de una política de esferas de influencia. Ése es el dilema en el que vivimos. Sabemos que debemos conseguir el mejor resultado posible en Ucrania, mientras avanzamos en la integración para construir autonomía estratégica europea.
– ¿Es necesario aumentar el gasto militar en Europa? Comentaba Josep Borrell que si EE UU decidía invadir Groenlandia, la UE no podría hacer nada.
– Sí, pero esa decisión ya ha sido tomada por los estados de la OTAN, en la que prácticamente están todos los países de la UE. Pero no basta con aumentar la cifra de gasto, creo que eso es un engaño. Lo que necesitamos es gastar más, mejor –es decir, construir un mercado interno de la defensa donde queda mucho camino por recorrer–, y hacerlo como europeos. Ahí la decisión de emitir deuda conjunta para ayudar a Ucrania marca el camino a seguir porque ahí es donde tenemos que trabajar. Tomemos un préstamo conjunto mancomunado para financiar nuestras necesidades europeas de defensa. O sea es que se trata de gastar más, mejor y hacerlo como europeos.
– Comentaba hace unos días que Trump toma decisiones sin pensar en el día después. ¿Cree que una hipotética transición venezolana a la democracia debe contar con parte del aparato chavista y dirigentes del régimen?
– Otro gran dilema:cómo se hace una transición. Los dos extremos son, por un lado, destruir las instituciones y empezar de cero, como se quiso hacer en Haití y por otro, utilizar las actuales, aunque estén colonizadas por el régimen, y tratar de cambiarlas desde dentro. Hay ejemplos de los dos casos, pero tiene que estar muy claro que ésta es una decisión de los venezolanos y hay que ayudarles a que lleguen a ella, no construir un protectorado.
–¿Cuál sería su opción?
– Hay distintas opciones sobre la mesa y se debe mirar lo mejor en cada contexto. Lo que no se puede es obviar que ya hay una alternativa democrática en Venezuela, que fue la que ganó las últimas elecciones, y descartarla en una conferencia de prensa.
– En la intervención de Trump de este sábado, los venezolanos existían, pero poco...
– Claro, por eso me parece bastante torpe aplaudir una intervención donde no escuchamos ni una sola vez la palabra «democracia», aunque sí de «enriquecimiento», «seguridad» o «independencia», pero ni una sola vez «democracia».
El papel de la diplomacia
– ¿Qué fue de la diplomacia? ¿Está condenada a la extinción?
– Yo creo que no. Al final, detrás de todos estos supuestos logros muy individualistas, casi monárquicos, lo que veo es que el acuerdo entre Camboya y Tailandia estalló en unos días, el conflicto entre Congo y Ruanda sigue vivo, el de Gaza, ni digamos... Es más fácil romper que reconstruir y esto lo sabemos todos porque hemos pasado por Irak, Afganistán o Libia. Es muy difícil reconstruir, en especial, sin poner el acento en que se haga desde dentro.
– ¿Cómo fue su trato con la diplomacia venezolana durante su etapa como titular de Exteriores?
– Fue complicado porque España estaba y está convencida de que la mejor fórmula es buscar una solución negociada y pactada. Y lo que busqué, desde la diplomacia, fue buscar una posición común europea y construir un grupo de países latinoamericanos de distintas sensibilidades políticas porque una transición no se hace sobre vencedores y vencidos, sino con puntos de encuentro, con derechos y libertades anclados, y la construcción de instituciones. Después apoyé a las distintas fuerzas opositoras al régimen y hablando con el propio régimen. Fue muy complicado porque en una negociación nadie quiere soltar el poder que tiene.
– Desde determinados sectores de la política española se desliza la idea de que tras la caída de Maduro, se van a saber cosas sobre el Gobierno...
– No hagamos de esto un elemento de política nacional. Esto no va de España, sino de Venezuela y cuanto antes lo entendamos, mejor. Cuanto más nos empeñemos en utilizar Venezuela como ariete en la guerra política española, menos útiles vamos a ser en la consecución de una solución. Más irrelevantes seremos.
– ¿Hay margen para el optimismo?
– Estoy vacunada contra el optimismo y el pesimismo: mi escuela es la del activismo. España ha vivido una transición democrática y está en disposición de poner su conocimiento y experiencia al servicio de las fuerzas políticas venezolanas para anclar juntos una solución democrática.
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