- STEPHANIE FINDLAY Y MYLES MCCORMICK
La subida de los precios de los combustibles provocada por el conflicto perjudica a los consumidores, pero genera enormes beneficios para las petroleras estadounidenses.
Se prevé que las grandes petroleras estadounidenses obtengan beneficios récord debido a la guerra de Donald Trump contra Irán, lo que las pone en un punto de enfrentamiento con el presidente estadounidense, quien les ha acusado de especular con los precios en las gasolineras.
Se espera que ExxonMobil y Chevron anuncien un beneficio neto de 15.000 millones de dólares y 9.700 millones de dólares, respectivamente, en el segundo trimestre, más del triple que en el trimestre anterior, debido a los altos precios del crudo, el diésel y el combustible para aviones, que generan ganancias extraordinarias en tiempos de guerra.
Asimismo, se espera que la refinería estadounidense Marathon registre sus mayores beneficios desde 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania desencadenó una espiral inflacionaria mundial, según las previsiones recopiladas por FactSet. La refinería Valero también se encamina a tener un trimestre excepcional.
Según los analistas, los cuantiosos beneficios de las grandes petroleras provocarán una reacción en Washington. Trump ya les ha acusado de especular con los precios a pocos meses de las elecciones de mitad de mandato en EEUU.
"Los inversores obtendrán beneficios, el Gobierno se enfurecerá. Es evidente que la Administración Trump está ansiosa porque bajen los precios de los combustibles antes de las elecciones, pero la industria no ha sido la causante del aumento de precios, sino la guerra", señala Kevin Book, de ClearView Energy Partners.
El precio medio de la gasolina en EEUU ha subido casi un 25% con respecto al año pasado, hasta los 3,8 dólares por galón, mientras que el del diésel ha aumentado un 30%, hasta los 4,8 dólares por galón, según la asociación automovilística AAA.
El mes pasado, Trump ordenó al Departamento de Justicia que llevara a cabo una investigación sobre las compañías energéticas por especulación de precios, una táctica que también empleó Joe Biden cuando los precios se dispararon tras la invasión rusa de Ucrania.
"Las gasolineras deben bajar sus precios INMEDIATAMENTE. Si no lo hacen, se avecinan grandes problemas", escribió Trump en su plataforma Truth Social.
Los demócratas también han arremetido contra las compañías petroleras. Los senadores Elizabeth Warren y Sheldon Whitehouse dijeron a los líderes de la industria el mes pasado que "las familias estadounidenses están pagando precios exorbitantes en las gasolineras mientras la industria de los combustibles fósiles obtiene enormes ganancias inesperadas gracias a la guerra de la Administración Trump en Irán". Exigieron que las compañías petroleras proporcionaran documentación sobre sus decisiones de precios y sus comunicaciones con la Casa Blanca.
El conflicto ha provocado una de las mayores interrupciones en el suministro de petróleo de la historia, después de que Irán cerrara en gran medida el estrecho de Ormuz, interrumpiendo las exportaciones del Golfo Pérsico, que representan casi el 20% de la demanda mundial, lo que disparó los precios del combustible.
Las empresas estadounidenses han aprovechado la escasez de suministro exportando volúmenes récord de petróleo y productos refinados, después de que los precios del crudo se disparasen a más de 100 dólares por barril tras el inicio de la guerra con Irán
Los grandes productores de hidrocarburos no convencionales, como ConocoPhillips y Occidental Petroleum, también van a registrar un aumento significativo de sus beneficios gracias al alza de los precios del crudo, aunque la mayoría se ha resistido a las presiones del Gobierno para emprender nuevas y costosas campañas de perforación.
Los precios del crudo cayeron en las últimas semanas ante la esperanza de un acuerdo de paz con Irán, pero repuntaron bruscamente hasta alcanzar los 80 dólares por barril el miércoles, después de que EEUU lanzase un segundo día de ataques contra la república islámica y Trump declarase que el alto el fuego había terminado.
Estos meses de elevados precios de la gasolina han constituido un duro golpe para los estadounidenses y una amenaza creciente para los republicanos de Trump en su lucha por mantener el control de ambas cámaras del Congreso.
La inflación de los combustibles ha tenido repercusiones en la economía estadounidense, ya que el aumento de los costes del transporte eleva los precios de todo, desde los billetes de avión hasta los alimentos.
Muchos estadounidenses se han mostrado frustrados con el presidente por el alza de los precios. Según una encuesta de Financial Times realizada la semana pasada, el 58% creía que la guerra no había valido la pena.
Eimear Bonner, directora financiera de Chevron, señala que "a todos nos preocupan los precios. Sin embargo, el ajuste llevará tiempo. Hay un desfase entre los precios del petróleo y sus reducciones, y esto se refleja en el precio en las gasolineras".
Trump declaró que la gasolina debería estar a 2,25 dólares el galón, un nivel que no se alcanzaba desde 2020, cuando la demanda se desplomó durante la pandemia del Covid-19.
Se prevé que los precios del combustible sigan siendo altos mientras persista la incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz. Incluso si la oferta procedente del Golfo continúa aumentando, el petróleo tardaría en llegar a los mercados de productos refinados y reducir los precios de la gasolina, el diésel y otros combustibles, según los expertos.
"Existe una enorme disparidad entre los precios de los productos refinados y los del crudo. La clave reside en que la capacidad de refino es limitada, mientras que la producción de crudo, incluso en estos tiempos, parece prácticamente ilimitada. Los precios seguirán siendo altos", señala Carl Larry, analista de la consultora energética Enverus.
Rusia ejerce una presión adicional sobre el suministro mundial de combustibles, tras prohibir las exportaciones de diésel después de que los ataques con drones ucranianos contra sus refinerías desencadenaran la peor crisis de combustibles del país desde la disolución de la Unión Soviética.
Rusia es el segundo mayor exportador mundial de diésel y abastece a Brasil, Turquía y Oriente Próximo después de que Europa dejara de importar sus productos tras la invasión de Ucrania.
La escasez mundial de diésel podría impulsar los beneficios futuros de las grandes petroleras que producen este combustible, crucial para la industria y la agricultura.
"Es una situación volátil, y la volatilidad conlleva una subida de los precios. La incertidumbre cuesta dinero", concluye Ed Hirs, investigador de energía de la Universidad de Houston.
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