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Política

Los críticos anticipan más guerra interna en Vox: "Abascal no ha medido las consecuencias de la purga"

Los críticos anticipan más guerra interna en Vox: "Abascal no ha medido las consecuencias de la purga"
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El partido sufre tres crisis en la cuenta atrás de las conversaciones con el PP: interna, institucional e internacional Leer

Tres crisis confluyen en Vox en el momento clave del liderazgo de Santiago Abascal: la interna, la institucional y la internacional. Justo ahora que su racha demoscópica ha frenado en seco, justo ahora que los críticos alzan la voz y anticipan una mayor guerra interna contra las «purgas», y justo ahora que la coyuntura mundial sopla en su contra, a Vox le toca practicar el ejercicio funámbulo del poder. Y eso le arrebatará uno de los ejes principales de su discurso, que es la impugnación institucional y antipolítica del sistema español de partidos.

Esto último es muy relevante, porque en las encuestas privadas que hacen las grandes casas de análisis para las empresas del Ibex ha aflorado un dato demoledor: tres de cada cuatro apoyos de Vox se explican ante todo como votos de cabreo. Son votos contra algo: contra el sistema, contra Sánchez, contra el feminismo, contra el bipartidismo, contra Feijóo, contra la UE... Y sólo el 25% de sus electores comparte sin fisuras la médula ideológica propia de la extrema derecha.

Esta realidad ha empujado -con éxito- a Vox hacia un espacio de refutación esencialista del bipartidismo. Pero ese discurso de la patada al tablero se le agota ahora que tiene que volver a gobernar. En Extremadura, Aragón y Castilla y León, Abascal está obligado a pasar por el aro de la gobernabilidad. Y en un papel claramente subalterno del PP. Si no, sus electores lo castigarán en Andalucía y lo empujarán a una travesía en el desierto nacional. No tiene otra.

Los pactos con María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco dificultarán en grado sumo ese discurso que presenta a Vox como un partido ajeno a las dinámicas propias del sistema. Más allá de que eso no sea verdad -para empezar, porque es un partido que vive literalmente de las mismas subvenciones que critica: un 73% de sus ingresos son paguitas públicas-, a la fórmula de su éxito se le abren forzosamente vías de agua. No puede ser una ciénaga la moqueta que uno pisa con gusto.

Por otro lado, Abascal tiene que capear mal que bien el contexto internacional, que no le resulta precisamente favorable. Trump ahora resta a los partidos que lo idolatran, y con el sonoro batacazo de Orban se cierra el grifo del crédito húngaro. Patriots, grupo europeo que preside Abascal, queda demediado y señalado junto a Putin, el mayor enemigo de la Unión Europea.

Y todo esto ocurre en plena crisis orgánica. Como los partidos tradicionales, también practica Vox la gimnasia de la purga interna. Pero los críticos anuncian que darán la batalla. No habrá un congreso extraordinario, como piden, pero no por ello dejarán de denunciar la «bunkerización» de una dirección a la que acusan de haberse convertido en una «agencia de colocación» para beneficio económico de la «camarilla» de asesores de Abascal. Fundamentalmente, Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza.

«Abascal no ha medido las consecuencias de la purga», asegura uno de los principales dirigentes orgánicos de Vox relegados ahora al ostracismo de los apestados. «Hay gente que cede y calla, pero otros no cederemos. Ortega, Antelo, Gallardo y Espinosa no son cuatro cualesquiera, y absolutamente nadie se va a creer que son peperos infiltrados y corruptos. ¿También lo eran entonces cuando estaban en la dirección de Vox?», añade, con sorna.

Otros cargos depurados son aún más categóricos: «Una persona con principios sólidos no puede seguir ahora en Vox. Si crees en la meritocracia, no puedes seguir en Vox, que se ha convertido en una empresa de colocación», explica una dirigente con galones que ahora ejerce activamente la oposición a Bambú. «Nos dicen que no digamos nada, que prioricemos el partido, pero al final estallamos. Hay territorios que son un hervidero y hay informaciones que, si salen, serán como una bomba nuclear. Lo que saben algunos ex sería para que la UCO entrara en Bambú», añade otro laminado.

El último portazo a la dirección de Vox se lo dio, ayer mismo, la ex vicesecretaria nacional Virginia Martínez. En un comunicado, la diputada murciana comunicó a la Mesa de la Asamblea regional su decisión de pasar al Grupo Mixto. Y que lo hace por una «profunda decepción por el rumbo que ha tomado Vox bajo la actual dirección».

Tres crisis confluyen en Vox en el momento clave del liderazgo de Abascal. Quizá por eso esta formación aún no ha discutido ni una sola medida concreta en Aragón y en Castilla y León. Ni una.

López Miras ya no necesita a Vox para sumar la mayoría

La marcha de Virginia Martínez al Grupo Mixto en la Asamblea de Murcia ha restado poder de influencia a Vox. Esta nueva salida, tras la del ex líder regional José Ángel Antelo, permitirá al Partido Popular y al presidente Fernando López Miras, con 21 diputados en el Pleno, aprobar cualquier medida con los dos votos de los ex integrantes de Vox para alcanzar la mayoría absoluta (que son 23). Un cambio de gran magnitud en las aritméticas parlamentarias ya que, de darse esta circunstancia, el partido de Santiago Abascal dejaría de ser la llave en las votaciones.

Una resolución para cerrar al fin la Fundación Franco

Este martes, el día en el que se cumplían 95 años de la proclamación de la II República, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, anunció que ya ha firmado la resolución que servirá de fundamento para que la Abogacía del Estado inste la extinción judicial de la Fundación Francisco Franco. Una fundación que humilla de manera indudable a las víctimas. «Se culmina un proceso de casi dos años» llevado a cabo por el Protectorado de Fundaciones del Ministerio de Cultura. El expediente seremitirá ahora a la instancia judicial correspondiente, que deberá pronunciarse» sobre cerrarla o no.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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