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Política

Los desalojados de Grazalema: "Ante el peligro solo piensas en salvar la vida"

Los desalojados de Grazalema: "Ante el peligro solo piensas en salvar la vida"
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Ana cogió el temario de su oposición, Antonia, sus pastillas y Pedro y Cristina, a sus mascotas Leer

Acuciados por la urgencia de tener que dejar sus casas y desalojar Grazalema (Cádiz) en tiempo récord, Ana cogió el temario de su oposición, Antonia, sus pastillas y Pedro y Cristina, a sus mascotas: un galgo y un gato. "En el momento en el que te dicen que hay peligro y que cojas lo que sea, pero rápido, solo piensas en salvar tu vida y en llevarte lo esencial", comenta Paula, una joven de 25 años desalojada de este municipio gaditano a causa del temporal

La vivienda de sus padres, ubicada en la zona alta del pueblo, no ha llegado a inundarse pero aún así, el agua rezumaba por todas partes, ha explicado a EL MUNDO. Ahora están realojados en Ronda (Málaga) en un pabellón deportivo, como casi todos los vecinos de Grazalema.

Pedro y Cristina con sus mascotas.M.E.G.

Empleada en el Departamento de Calidad de un hotel en Cataluña, el establecimiento en el que trabaja cierra en temporada baja y ella aprovecha esos meses para volver a Grazalema y "estar con la familia". Así, los devastadores efectos que la borrasca Leonardo ha causado en su pueblo la han obligado, a ella y a los suyos, a hacer las maletas y a marcharse a toda prisa.

No obstante, dice, "prefiero que me haya pillado aquí antes que en Barcelona porque habría sido muy duro estar a cientos de kilómetros de casa, pensando que podría hacer o cómo podría ayudar".

Ana y Paula, vecinas de Grazalema desalojadas, en una de las zonas de comida habilitadas.M.E.G.

Su amiga Ana, otra de los 1.500 vecinos de Grazalema desalojados, tiene 25 años y se está preparando unas oposiciones. Cuando supo que iban a evacuar el pueblo, lo primero en lo que pensó fue en sus apuntes de la oposición.

"He cogido todo el temario, el ordenador, la tablet y todo lo que necesitaba para estudiar", comenta a este diario. "No me voy sin mis apuntes", pensó esta joven que se prepara para optar a una plaza de orientadora educativa en Andalucía.

Ellas, a sus 25 años, no habían visto nada parecido en toda su vida. "Ni lo habíamos visto antes ni nos lo esperábamos", recalca Paula. "El pueblo nunca se había inundado y está preparado -y acostumbrado- para soportar mucha lluvia", añade.

Este invierno ha sido diferente, la sucesión de borrascas de alto impacto que ha castigado Andalucía ha llevado a este municipio de la sierra de Cádiz a enfrentarse a una situación de riesgo sin precedentes y a sus vecinos, algunos muy mayores e incluso enfermos, a tener que abandonar sus hogares.

Tampoco José y Pilar recuerdan haber vivido algo parecido en el pasado. A estos dos hermanos octogenarios, igual que a su vecina Antonia, a punto de cumplir noventa años, o a Ana, de 87, lo que ha ocurrido este invierno en el pueblo les ha pillado por sorpresa.

Antonia ha llegado a Ronda con su hija y uno de sus nietos, han tomado algo caliente y esperan pacientemente a que les traigan "el parte" con las últimas novedades pero ya les han dicho que van a pasar algunos días antes de que puedan volver. Sentada en una silla de terraza de plástico, que nada tiene que ver con la cómoda butaca en la que suele descansar en su casa y en la que estaba sentada cuando el jueves notó el temblor y "como un rugido".

Estaba en la salita y de pronto, se le "movió la butaca un poquito, primero más flojo y luego más fuerte", explica a este diario. Su hija estaba en la cocina y también lo notó. Le dio mucho miedo -recuerda Antonia- y se puso a llorar de la impresión. Luego les dijeron que tenían que abandonar la casa porque quedarse en ella podía ser peligroso, así que su hija preparó las cosas, una pequeña maleta con algo de ropa y las pastillas, cerraron la puerta y salieron de Grazalema.

En la mesa contigua, un grupo de adolescentes comentan la información que les llega a través de los distintos grupos de mensajería. Uno de ellos -el mayor de los cinco- tiene a su mascota al lado, un perro de agua de color negro que se llama Onix. "Está muy nervioso y no quiere comer, ni siquiera si se lo doy yo", dice. "Es que aún está muy asustado", precisa.

En el fondo del pabellón varios niños más pequeños juegan al fútbol, otros se sientan frente a una pantalla de televisión gigante en la que están poniendo una película de dibujos animados y aplauden a una voluntaria que les lleva palomitas. "Para ellos es como estar de vacaciones. No son del todo conscientes de lo que está pasando y la verdad, es lo mejor", dice la mujer.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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