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Los ecos de la revolución iraní de 1979

Los ecos de la revolución iraní de 1979
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Entonces, como ahora, los iraníes tomaron las calles y arriesgaron sus vidas por la libertad de expresión y la prosperidad económica. Leer
Financial TimesLos ecos de la revolución iraní de 1979
  • SCHEHERAZADE DANESHKHU
15 ENE. 2026 - 17:21Manifestantes iraníes incendian las calles de Teherán.ZUMA vía Europa PressZUMA vía Europa Press

Entonces, como ahora, los iraníes tomaron las calles y arriesgaron sus vidas por la libertad de expresión y la prosperidad económica.

Protestas furiosas y nocturnas en las calles de Teherán, imágenes del mandatario pisoteadas e incendiadas; estatuas derribadas; y luego el caos, el miedo y la muerte desatados por los disparos.

Las escenas que se han desarrollado en Irán en las últimas dos semanas son increíbles y, a la vez, inquietantemente familiares. Me siento como en un túnel del tiempo, transportada en un instante 48 años atrás al inicio de la revolución iraní. Entonces, como ahora, vi gran parte de ella desde Londres, la ciudad a la que mis padres habían emigrado unas décadas antes. Irán era mi otro hogar, donde pasábamos largos veranos visitando a la familia.

Tan fuerte era el control del Sha Mohamed Reza Pahlevi y tan temida era la SAVAK, su policía secreta, que resultó muy inusual ver estallar protestas públicas a nivel nacional en enero de 1978. Tan solo unas semanas antes, el presidente estadounidense Jimmy Carter había brindado por el Sha en Teherán por crear "una isla de estabilidad" en una región convulsa.

La violenta represión de las protestas desencadenó un ciclo de manifestaciones con altibajos. A diferencia de un golpe de estado, una revolución no ocurre de la noche a la mañana. Tuvo que pasar un año entero antes de que el mandato de casi 38 años del Sha terminara el 16 de enero de 1979, el día en que se subió a un avión para abandonar Irán definitivamente.

A lo largo de 1978, yo abrigaba la esperanza de que el régimen dictatorial del Sha finalmente diera paso a la democracia. Mi madre y yo comprábamos con entusiasmo fajos diarios de periódicos y revistas y pegábamos los artículos en grandes álbumes de recortes para documentar lo que parecía un punto de inflexión histórico. Atándonos pañuelos a la cara a modo de máscaras, nos dirigíamos a Hyde Park para asistir a las protestas frente a la embajada iraní. Ahora, una vez más, hay disidentes frente a ese mismo edificio; sólo algunos ondean la bandera monárquica.

En el verano de 1978, mi familia decidió que seguiríamos realizando nuestra visita anual a Irán. Sentí un estado de ánimo expectante y una anticipación de cambio, no necesariamente revolucionario, sino positivo. Amigos y familiares hablaban con más franqueza; discusiones políticas que antes se silenciaban por temor a lo que creíamos la omnipresencia de la SAVAK. Mientras estaba allí, ocurrió un terrible suceso en la ciudad suroccidental de Abadán. Pirómanos incendiaron un cine, matando a más de 350 personas, hecho del que cada bando se culpó mutuamente.Y en septiembre, poco después de que el Sha impusiera la ley marcial, decenas de personas fueron tiroteadas en una gran protesta en la plaza Jaleh de Teherán.

Los últimos meses del Gobierno del Sha empeoraron rápidamente, a pesar de sus intentos de apaciguar a los manifestantes reconociendo errores y prometiendo elecciones libres. Los comerciantes del bazar, como ocurre en la actualidad, cerraron sus tiendas en protesta por la alta inflación. Los trabajadores de la industria petrolera se declararon en huelga, asfixiando el sustento económico de Irán. La coalición contra el Sha resistió, a pesar de su amplitud y de las luchas internas entre comunistas, socialistas, marxistas islámicos, nacionalistas liberales y partidarios delayatolá Jomeini. El clérigo, exiliado por el Sha en 1964, habló de retirarse a Qom y dejar que el pueblo decidiera cómo quería ser gobernado mediante un referéndum.

Mi siguiente visita a Irán fue en la primavera de 1979. Aunque se había celebrado un referéndum a favor de un concepto vago de república islámica, el nuevo Gobierno aún no había establecido el control que más tarde dio lugar a acusaciones de haber secuestrado la revolución. Las mujeres seguían vistiendo a su antojo. La imposición del hiyab, las ejecuciones masivas, el asalto a la embajada estadounidense, y los horrores desatados por el ataque iraquí a Irán en septiembre de 1980 y después, aguardaban en un futuro inescrutable. Para entonces, mi padre, desilusionado por el giro de los acontecimientos, ya no soportaba ver esos álbumes de recortes. Finalmente, me animaron a tirarlos.

Durante más de un siglo, los iraníes han salido a las calles y arriesgado sus vidas por la reforma democrática y la prosperidad económica: la revolución constitucional de 1905-1911 pretendía limitar los poderes de la monarquía; el primer ministro Mohamed Mosaddegh, quien nacionalizó la industria petrolera a principios de la década de 1950, fue derrocado en un golpe de Estado orquestado por Reino Unido y EEUU; luego llegó la revolución de 1979. Las protestas más recientes demuestran que el anhelo de un Gobierno democrático sigue vivo, sin importar lo que depare el futuro.

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Fuente original: Leer en Expansión
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