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Los efectos especiales de 2025 son peores que los de 2010. Y parte de la culpa la tenemos los espectadores

Los efectos especiales de 2025 son peores que los de 2010. Y parte de la culpa la tenemos los espectadores
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Cuando James Cameron estrenó 'Avatar' en 2009, la industria cinematográfica contempló lo que parecía el futuro de los efectos visuales. La película estableció un estándar técnico que, paradójicamente, el cine actual no solo no ha superado, sino que con frecuencia ni siquiera alcanza. El problema no es tecnológico: las herramientas de software han avanzado exponencialmente desde entonces. Pero la industria ha evolucionado de forma que todo se ve peor que antes. Antes, mejor. No hace falta ir a la cima indiscutible de la imagen digital que supuso la película de Cameron. 'Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto' presentaba con Davy Jones y su barba de tentáculos una de las mejores integraciones de CGI con imagen real jamás vista. 'Interstellar' contó con la participación del astrofísico Kip Thorne para sus secuencias espaciales. Basta comparar la textura fotorrealista de los Na'vi o de Jones con los acabados plastificados de Marvel o DC para constatar que algo fundamental ha cambiado en la forma de producir efectos especiales. El denominador común en todas ellas era el tiempo. En este análisis sobre la crisis de los efectos visuales, se explica que las producciones de esa década contaban con calendarios de postproducción que oscilaban entre 18 y 24 meses. 'Avatar' dispuso de dos años completos para la fase de efectos. Sus secuelas han partido de tiempos comparables. Las espectaculares imágenes en 'Inception' de la ciudad plegándose sobre sí misma, otro hito de la época, llevaron meses de planificación. Lujos que hoy resultan prácticamente impensables. En Xataka He revisado 'Avatar' por primera vez desde que la vi en el cine y creo que estos 13 años le han sentado estupendamente Cada vez más. El problema es la cantidad. Los últimos estudios indican que mientras una película comercial de 2010 contenía aproximadamente 600 planos con efectos visuales, las producciones actuales superan habitualmente los 3.000 planos. Este incremento del 400% no ha venido acompañado de presupuestos o calendarios proporcionales. Todo lo contrario: efectos apresurados, composiciones poco trabajadas y una homogeneización digital que resta personalidad a las imágenes. Tremendas expectativas En su análisis de la situación, Treehouse Detective explica el caso de la precuela de 'La cosa', que en 2011 rehizo el clásico de John Carpenter de 1982. El equipo de efectos especiales Studio ADI, liderado por Alec Gillis y Tom Woodruff Jr., construyó criaturas físicas con animatrónicos y prótesis a lo largo de varios meses de preproducción. Tras las proyecciones de prueba, Universal Pictures tomó una decisión que Gillis calificaría como devastadora: casi todo el trabajo práctico fue sustituido por CGI en postproducción. El público esperaba ver efectos digitales en una película de terror y ciencia ficción y consideraba los efectos prácticos "anticuados". Cambio de paradigma. Este caso ilustra un cambio cultural profundo en las expectativas. Durante la década de 2010, el CGI pasó de ser una herramienta excepcional para lo que se pensaba inalcanzable con efectos prácticos a convertirse en el estándar. La ironía es que la grandeza de películas como 'Alien' o 'Jurassic Park' (donde se mezclaba CGI con efectos prácticos) se construyó precisamente sobre la tangibilidad de sus criaturas. Pero la industria, y con ella la audiencia, desarrolló una dependencia del acabado digital que se asocia con prestigio y calidad, independientemente de si el resultado final es mejorable con efectos tradicionales. La economía de los efectos. La proliferación de las plataformas de streaming ha reconfigurado radicalmente la economía de los efectos especiales. Las películas producidas directamente para Netflix, Amazon Prime o Disney+ operan con presupuestos significativamente inferiores a los de las producciones destinadas a cines, mientras el público mantiene sus expectativas visuales. Esta ecuación imposible ha generado presión sobre toda la cadena de producción de FX. La era de las subastas. El sistema de adjudicación de contratos ha evolucionado hacia un modelo de subasta que prioriza el coste y la velocidad sobre la calidad. Los estudios ponen proyectos a concurso entre múltiples empresas de efectos. La que ofrece completar el trabajo en menos tiempo y por menos dinero obtiene el contrato. Este proceso genera una espiral competitiva en la que pequeños estudios aceptan condiciones insostenibles con la esperanza de mantener su posición en el mercado. Estudios que cierran. Es un sistema que a veces tiene consecuencias extremas. Caso de 'Sonic the Hedgehog': tras el rechazo del público al diseño original del personaje, Paramount ordenó un rediseño completo. Moving Picture Company, el estudio responsable de los efectos, tuvo que rehacer cientos de planos sin extensión de plazo ni presupuesto adicional significativo. El estudio cerró su sede de Vancouver poco después, con múltiples fuentes indicando que el proyecto había contribuido significativamente a sus problemas financieros. No es un caso aislado: Rhythm & Hues, ganador del Oscar por los efectos de 'Vida de Pi' en 2013, se declaró en bancarrota semanas antes de la ceremonia de premios. La empresa había aceptado completar el trabajo con pérdidas para mantener su reputación, un patrón que medios como VFX Voice han documentado. Los artistas y técnicos de efectos visuales operan frecuentemente en modo crunch para cumplir plazos que desde el inicio eran irrealizables. La menor tasa de sindicación en el sector de efectos visuales, a diferencia de otros departamentos técnicos del cine, deja a estos profesionales sin protección frente a condiciones laborales abusivas. En Xataka El creador de los efectos de 'Matrix' nos desvela su significado: "cuando Neo esquiva las balas, te está explicando la película" Las causas. El deterioro en la calidad de los efectos especiales no responde a una causa única, sino a presiones desde dos direcciones opuestas. Los estudios cinematográficos han optimizado sus estructuras de producción para maximizar márgenes de beneficio, externalizando el trabajo de efectos visuales a empresas que compiten en una carrera salvaje. El público ha desarrollado expectativas inflexibles sobre la omnipresencia del CGI, rechazando alternativas. Mientras la tecnología avanza, el tiempo y el dinero disponibles para aplicarla disminuyen. Solo hay que comparar presupuestos: 'Avatar' operó con un presupuesto total de 237 millones de dólares, de los cuales una porción sustancial se destinó específicamente a desarrollo tecnológico y efectos visuales durante varios años. Mientras tanto, una producción del MCU distribuye un presupuesto similar entre múltiples partidas (salarios, marketing) mientras comprime los calendarios de postproducción a apenas seis u ocho meses para cumplir fechas de estreno inamovibles, establecidas con años de antelación. En Xataka | O los diseñadores de CGI se ponen las pilas o nuestros televisores seguirán poniendo sus películas contra las cuerdas - La noticia Los efectos especiales de 2025 son peores que los de 2010. Y parte de la culpa la tenemos los espectadores fue publicada originalmente en Xataka por John Tones .
Los efectos especiales de 2025 son peores que los de 2010. Y parte de la culpa la tenemos los espectadores

De la edad dorada del CGI a la era del plástico digital: así hemos arruinado los efectos especiales en 15 años

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John Tones

Editor Senior - Entretenimiento

John Tones

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Cuando James Cameron estrenó 'Avatar' en 2009, la industria cinematográfica contempló lo que parecía el futuro de los efectos visuales. La película estableció un estándar técnico que, paradójicamente, el cine actual no solo no ha superado, sino que con frecuencia ni siquiera alcanza. El problema no es tecnológico: las herramientas de software han avanzado exponencialmente desde entonces. Pero la industria ha evolucionado de forma que todo se ve peor que antes.

Antes, mejor. No hace falta ir a la cima indiscutible de la imagen digital que supuso la película de Cameron. 'Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto' presentaba con Davy Jones y su barba de tentáculos una de las mejores integraciones de CGI con imagen real jamás vista. 'Interstellar' contó con la participación del astrofísico Kip Thorne para sus secuencias espaciales. Basta comparar la textura fotorrealista de los Na'vi o de Jones con los acabados plastificados de Marvel o DC para constatar que algo fundamental ha cambiado en la forma de producir efectos especiales.

El denominador común en todas ellas era el tiempo. En este análisis sobre la crisis de los efectos visuales, se explica que las producciones de esa década contaban con calendarios de postproducción que oscilaban entre 18 y 24 meses. 'Avatar'dispuso de dos años completos para la fase de efectos. Sus secuelas han partido de tiempos comparables. Las espectaculares imágenes en 'Inception' de la ciudad plegándose sobre sí misma, otro hito de la época, llevaron meses de planificación. Lujos que hoy resultan prácticamente impensables.

En XatakaHe revisado 'Avatar' por primera vez desde que la vi en el cine y creo que estos 13 años le han sentado estupendamente

Cada vez más. El problema es la cantidad. Los últimos estudios indican que mientras una película comercial de 2010 contenía aproximadamente 600 planos con efectos visuales, las producciones actuales superan habitualmente los 3.000 planos. Este incremento del 400% no ha venido acompañado de presupuestos o calendarios proporcionales. Todo lo contrario: efectos apresurados, composiciones poco trabajadas y una homogeneización digital que resta personalidad a las imágenes.

Tremendas expectativas En su análisis de la situación, Treehouse Detective explica el caso de la precuela de 'La cosa', que en 2011 rehizo el clásico de John Carpenter de 1982. El equipo de efectos especiales Studio ADI, liderado por Alec Gillis y Tom Woodruff Jr., construyó criaturas físicas con animatrónicos y prótesis a lo largo de varios meses de preproducción. Tras las proyecciones de prueba, Universal Pictures tomó una decisión que Gillis calificaría como devastadora: casi todo el trabajo práctico fue sustituido por CGI en postproducción. El público esperaba ver efectos digitales en una película de terror y ciencia ficción y consideraba los efectos prácticos "anticuados".

Cambio de paradigma. Este caso ilustra un cambio cultural profundo en las expectativas. Durante la década de 2010, el CGI pasó de ser una herramienta excepcional para lo que se pensaba inalcanzable con efectos prácticos a convertirse en el estándar. La ironía es que la grandeza de películas como 'Alien' o 'Jurassic Park' (donde se mezclaba CGI con efectos prácticos) se construyó precisamente sobre la tangibilidad de sus criaturas. Pero la industria, y con ella la audiencia, desarrolló una dependencia del acabado digital que se asocia con prestigio y calidad, independientemente de si el resultado final es mejorable con efectos tradicionales.

La economía de los efectos. La proliferación de las plataformas de streaming ha reconfigurado radicalmente la economía de los efectos especiales. Las películas producidas directamente para Netflix, Amazon Prime o Disney+ operan con presupuestos significativamente inferiores a los de las producciones destinadas a cines, mientras el público mantiene sus expectativas visuales. Esta ecuación imposible ha generado presión sobre toda la cadena de producción de FX.

La era de las subastas. El sistema de adjudicación de contratos ha evolucionado hacia un modelo de subasta que prioriza el coste y la velocidad sobre la calidad. Los estudios ponen proyectos a concurso entre múltiples empresas de efectos. La que ofrece completar el trabajo en menos tiempo y por menos dinero obtiene el contrato. Este proceso genera una espiral competitiva en la que pequeños estudios aceptan condiciones insostenibles con la esperanza de mantener su posición en el mercado.

Estudios que cierran. Es un sistema que a veces tiene consecuencias extremas. Caso de 'Sonic the Hedgehog': tras el rechazo del público al diseño original del personaje, Paramount ordenó un rediseño completo. Moving Picture Company, el estudio responsable de los efectos, tuvo que rehacer cientos de planos sin extensión de plazo ni presupuesto adicional significativo. El estudio cerró su sede de Vancouver poco después, con múltiples fuentes indicando que el proyecto había contribuido significativamente a sus problemas financieros.

No es un caso aislado: Rhythm & Hues, ganador del Oscar por los efectos de 'Vida de Pi' en 2013, se declaró en bancarrota semanas antes de la ceremonia de premios. La empresa había aceptado completar el trabajo con pérdidas para mantener su reputación, un patrón que medios como VFX Voice han documentado. Los artistas y técnicos de efectos visuales operan frecuentemente en modo crunch para cumplir plazos que desde el inicio eran irrealizables. La menor tasa de sindicación en el sector de efectos visuales, a diferencia de otros departamentos técnicos del cine, deja a estos profesionales sin protección frente a condiciones laborales abusivas.

En XatakaEl creador de los efectos de 'Matrix' nos desvela su significado: "cuando Neo esquiva las balas, te está explicando la película"

Las causas. El deterioro en la calidad de los efectos especiales no responde a una causa única, sino a presiones desde dos direcciones opuestas. Los estudios cinematográficos han optimizado sus estructuras de producción para maximizar márgenes de beneficio, externalizando el trabajo de efectos visuales a empresas que compiten en una carrera salvaje. El público ha desarrollado expectativas inflexibles sobre la omnipresencia del CGI, rechazando alternativas. Mientras la tecnología avanza, el tiempo y el dinero disponibles para aplicarla disminuyen.

Solo hay que comparar presupuestos: 'Avatar' operó con un presupuesto total de 237 millones de dólares, de los cuales una porción sustancial se destinó específicamente a desarrollo tecnológico y efectos visuales durante varios años. Mientras tanto, una producción del MCU distribuye un presupuesto similar entre múltiples partidas (salarios, marketing) mientras comprime los calendarios de postproducción a apenas seis u ocho meses para cumplir fechas de estreno inamovibles, establecidas con años de antelación.

En Xataka | O los diseñadores de CGI se ponen las pilas o nuestros televisores seguirán poniendo sus películas contra las cuerdas

Fuente original: Leer en Xataka
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