Manifestantes, incluyendo simpatizantes de Hezbolá, corean consignas durante una protesta contra las negociaciones directas entre Israel y el Líbano, en Beirut. Adnan Abidi Reuters
Oriente Próximo Los libaneses chiíes rechazan la tregua con Israel: "Si Hezbolá acepta la paz con Netanyahu, yo mismo lucharé contra Hezbolá"Los simpatizantes del Partido de Dios cargan contra el Gobierno del primer ministro Nawaf Salam por su decisión de negociar con Israel bajo la mediación de EEUU.
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María Inmaculada Balbás Beirut Publicada 14 abril 2026 02:50hLas claves nuevo Generado con IA
Israel y el Gobierno libanés se encontrarán esta semana en Washington para negociar un alto el fuego. En las negociaciones, Beirut tratará de imponer una tregua definitiva, mientras que Tel Aviv trata de forzar el desarme de Hezbolá.
El ministro libanés de Asuntos Exteriores, Yusef Rayyi, argumentó este lunes que las negociaciones servirán para desvincular el conflicto de Líbano de la guerra en Irán y reiteró que el Estado es el único con capacidad para hablar en nombre del país.
Netanyahu anuncia "negociaciones directas" con Líbano para un plan de paz que incluya desarmar a HezboláMientras tanto, el descontento y la desconfianza a las instituciones son palpables en las calles de Beirut tras el "miércoles negro" en el que al menos 350 personas murieron y 1.223 resultaron heridas después de que Israel lanzara 160 bombas en menos de diez minutos en todo el país.
En la manifestación convocada el sábado para protestar contra las negociaciones con Israel se podían ver pancartas llamando "sionista" al primer ministro libanés, Nawaf Salam, expresidente de la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
Las tiendas de campaña llenan el Waterfront, la continuación del paseo marítimo de Zaitouna Bay. Así, las tiendas de campaña y los yates conviven en la misma panorámica, reflejando los contrastes de la sociedad libanesa.
En él, runners corren todas las mañanas entre las tiendas de campaña en las que viven desplazados en un polígono industrial donde se encuentran las mayores discotecas de la capital.
Allí es donde Um Haidar, de 33 años y madre de seis hijos, cuya casa se encuentra en el Dahie —es decir, los suburbios de Beirut que son atacados casi a diario—, cuenta a EL ESPAÑOL desde la tienda de campaña en la que vive con sus hijos que no cree ni en la tregua, ni en Israel, ni en el Gobierno libanés.
"Israel es traicionero y nuestro Gobierno también. A nadie le importa la gente. Nadie está con el pueblo. No hemos visto a ningún ministro ni a ningún diputado venir a nuestro lado. Dicen que tenemos un Estado, pero ¿dónde está?", brama con enfado con el más pequeño de sus hijos, un bebé de cuatro meses, en brazos.
Explica también que su marido es miembro del Ejército libanés, pero que su sueldo de 120 dólares mensuales "no alcanza para nada", especialmente para ella, ya que uno de sus hijos tiene problemas en las piernas por el que ha recibido cuatro operaciones, por lo que necesita tratamiento médico y fisioterapia.
Por si no tuviese suficientes problemas, en caso de ataque, ella y sus hijos están totalmente indefensos y sin lugar adonde ir: "Vivimos con miedo constante: estás en la calle y puede caer una bomba en cualquier momento".
Además del riesgo de morir asesinados, también está el hambre: "Un adulto puede aguantar uno o dos días sin comer, pero un bebé no entiende que no hay leche".
Para Mohamed, musulmán chií de 29 años, negociar con Israel tampoco es una opción. "Si Hezbolá acepta la paz con Israel, yo mismo lucharé contra Hezbolá. No puede haber paz con Israel. Sólo entienden el idioma de la guerra", dice con convicción.
"No habrá acuerdo. Lo mejor para nosotros es incluirnos en el acuerdo con Irán de alto el fuego. Porque Irán ha salido victorioso, bajo el paraguas de Teherán podremos salir del paso. Pero nuestro querido Gobierno ha decidido que ellos tienen que negociar directamente con Israel", lamenta.
Pero sus críticas no acaban ahí: "Yo creo que nuestro Gobierno quiere mostrar que si somos buenos y nos dejamos matar sin resistencia, Israel no nos bombardeará más", relata con ironía.
Pero él no sólo desconfía de la capacidad del Gobierno libanés, también de la diplomacia israelí: "Es cuando hay acuerdos de paz cuando estás perdido, porque ellos, los israelíes, son muy buenos escondiendo términos".
"Mira lo que pasó con los acuerdos de Oslo", continúa Mohamed, recordando los acuerdos entre la OLP y el Gobierno de Israel firmados en 1995 y en los que se establecía el reparto de poder en la Cisjordania ocupada.
Dolores Rubio, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, tiene muy claro el principal fallo en estas negociaciones: "Quien tiene que sentarse a negociar es Hezbolá, que ni se va a sentar a negociar ni se va a desarmar, porque ni reconoce al Gobierno libanés ni el Gobierno libanés reconoce a Hezbolá".
Además, añade Rubio, en este momento, el mediador, Washington, "no se puede considerar imparcial, ya que está directamente implicado en este conflicto".
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en una rueda de prensa en Jerusalén. Reuters
Hezbolá, un arma contra Israel
El joven chií continúa explicando que la gente corriente que vota a Hezbolá o apoya a la milicia, muchas veces no lo hace por motivos políticos.
"A ellos no les importa si manda Naim Qasem u otra persona. Lo que le interesa es tener esta arma con la que defendernos. Hemos sacrificado nuestra bella tierra por tener a Hezbolá, por tener esta arma para poder defendernos de Israel", apunta.
Preguntado sobre la posibilidad de una guerra civil, él lo tiene claro: "Yo creo que lo mejor es que el Ejército libanés incluya a Hezbolá. Pero para ello, necesitas un Gobierno patriótico".
Ali, taxista de unos 50 años, tampoco ve acuerdo a la vista: "Desarmar a Hezbolá es imposible. El Gobierno no puede lograrlo".
Nino, cristiano y dueño de una coctelería en la calle armenia afirma que, para él, el mayor problema del país son los refugiados palestinos.
"Llevadlos a España, que os gustan tanto. Después de tenerlos 30 años comiendo, bebiendo y recibiendo sin dar nada a cambio, hablamos", dice con indignación.
Pero si al hostelero le gustan poco los palestinos, el Gobierno libanés aún menos. La ira se hace visible en su mirada cuando le pregunto por el primer ministro Salam, y afirma que prefiere no hacer comentarios al respecto.
El presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam asisten discuten los esfuerzos para poner todas las armas del país bajo el control del Estado, en el Palacio Presidencial de Baabda, Líbano. Emilie Madi Reuters
Contra un Gobierno "sionista"
El rechazo de la sociedad a las negociaciones con Israel es palpable en las calles de Beirut, donde se han realizado distintas manifestaciones a lo largo del fin de semana.
Sin ir más lejos, cientos de personas marcharon el pasado sábado frente de la sede del Gobierno en Beirut, el Grand Serail, para respaldar a Hezbolá y, como recoge el diario L'Orient le Jour, la marcha estuvo caracterizada también por gritos contra Nawaf Salam, al que han acusado de ser un "sionista".
Esta crisis de legitimidad provocó que el primer ministro libanés decidiera aplazar su viaje a Estados Unidos para resolver su situación interna.
"En vista de las actuales condiciones internas, y con el fin de cumplir plenamente con mi deber de preservar la seguridad de los libaneses y su unidad, he decidido posponer mi viaje a las Naciones Unidas y a los Estados Unidos, para seguir el trabajo del gobierno desde Beirut", declaró el pasado viernes.
Como vemos, una parte de la sociedad libanesa apoya a Hezbolá. Según reveló una encuesta realizada por el instituto Washington en 2023, el apoyo a Hezbolá es mayoritario entre los chiíes, con un 93% que tiene una visión positiva de la milicia, así como el 34% de los sunitas y el 29% de los cristianos.
La postura del Gobierno libanés y de la milicia es totalmente opuesta.
Mientras que los amarillos —apodo informal que reciben por el color de su bandera— siguen luchando contra Israel sin tregua ni descanso a pesar de las negociaciones en curso, el Gobierno libanés opta por el diálogo con el Estado hebreo.
Por poner un ejemplo, el ministerio de Información en Líbano advirtió a los medios de que no pueden utilizar la palabra "enemigo" para referirse a Israel ni "resistencia" para hablar de Hezbolá al hacer la cobertura de esta guerra, según el medio Al Araby.
Padre Pierre, el mártir de Kleya: se negó a evacuar cuando Israel invadió Líbano y murió bajo las bombas ayudando a sus vecinosEn cualquier caso, los libaneses lo tienen claro: se sienten abandonados y desconfían de las instituciones del Estado, al que consideran débil e incapaz de lidiar con los problemas internos.
"Si quieres negociar, necesitas algo potente, algo fuerte que ofrecer para negociar. Nosotros no tenemos nada", concluye Mohamed.