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Los seguidores de Trump le perdonan todo y asumen el coste de su agenda. Reuters Los norteamericanos siguen enamorados de DonaldLos votantes que llevaron a Trump de vuelta al poder aún ven en él al líder que promete romper el sistema
Domingo, 18 de enero 2026, 00:15
En las elecciones de noviembre de 2024, Trump obtuvo dos millones de sufragios más que Kamala Harris, gracias a una mayor participación de los conservadores y un reparto salomónico del voto independiente, que en las anteriores se había llevado Joe Biden por nueve puntos de ventaja. Es en ese sector donde se encuentra el punto flaco del mandatario, porque en una sociedad polarizada por su figura y la inquina de los algoritmos, la aprobación del presidente es marcadamente partidista.
El 89% de los republicanos aprobaban su gestión hasta el 15 de diciembre, frente al 3% de los demócratas y un 25% de independientes, según una encuesta de Gallup. El éxito militar de la 'Operación Resolución Absoluta' en Venezuela, que ha puesto a Nicolás Maduro frente a un tribunal de Nueva York, probablemente eleve su aprobación a corto plazo. Al menos hasta que se vea cómo funciona el experimento del tutelaje en la estructura del chavismo.
La caída de Maduro ha sido especialmente celebrada por los votantes hispanos que daban por perdida la suerte de sus países y contemplan ahora la posibilidad de que EE UU vaya a poner orden. No son solo los que huían de Cuba o Nicaragua, «Ojalá entre en México y arregle el desmadre que hay ahí», suspira esperanzado Javier Barajas, un hostelero de Las Vegas.
En agosto de 2024 la campaña de Trump eligió su restaurante Il Toro e la Capra para un acto de campaña, como lo había hecho Biden el mes anterior en El Lindo de Michoacán. Pero a diferencia de Trump, que le dedicó diez minutos de abrazos y compadreo, el entonces presidente ni le miró. En el tú a tú el magnate inmobiliario le prometió que sus «deportaciones masivas» sólo afectarían a los pandilleros y delincuentes que se habían colado «por millones» aprovechando la frontera porosa de Biden y el asilo político que recibían fácilmente haitianos, venezolanos y colombianos. «Inclusive me dijo que él mismo contrata a trabajadores hispanos en sus negocios y sabe lo importante que son», recuerda.
Consultado por este periódico dos meses después de que Trump fuese investido por segunda vez, Barajas seguía convencido de que su cruzada migratoria sería selectiva y ponía en duda las «exageraciones de la prensa». A los seis meses, sus propios empleados empezaron a caer en las redadas. Y en diciembre, su cuñado fue deportado a El Salvador, un país que nunca había visitado en su vida adulta.
«¡Pero si él llegó aquí a los 13 años y habla inglés mejor que español!», se queja. Casado con su hermana y padre de tres hijos entre 11 y 21 años, fue detenido en el restaurante italiano en el que trabajaba como chef, sin que sus familiares lograran impedir su deportación. «Estoy muy descontento con la actuación de ICE. Como empresario, sé perfectamente que los trabajadores son indispensables. Pensé que Trump iba a manejar mejor este tema».
Le votó porque es republicano, «cansado» de apoyar a demócratas como Barack Obama o Biden, «puras promesas y nada». Se acordaba de la amnistía de Reagan y albergaba la esperanza de que Trump abriese otra. «Pero cada día lo veo más difícil», admite. No solo ha perdido familiares y trabajadores, también clientes. «No hay negocio, la gente tiene miedo a salir. Los restaurantes están quebrando». Con todo, sigue apoyando su agenda, entusiasmado con la caída de Maduro y esperanzado de que acabe con el narcotráfico mexicano, que permea las esferas del poder y destruye su lindo Michoacán.
A Bekim Asani, un cerrajero albanés de Nueva York, las deportaciones no le afectan porque su familia se ha beneficiado del asilo político. Sin embargo, a partir del miércoles ya no podrán traer a más parientes, porque Albania está en la lista de 75 nacionalidades a las que el gobierno de Trump acaba de suspender la tramitación de visados, al considerarlos más propensos a beneficiarse de programas sociales.
SIN SORPRESAS«Trump está haciendo exactamente lo que dijo que iba a hacer», advierten sus incondicionales
Eso le parece injusto. Sumado a la inflación que ha desatado los aranceles en los materiales de construcción, «un 10% o 20% más caros», asegura, la revolución de Trump no ha traído la bonanza económica que esperaba y ya no cree posible. Cusinamo, menos transaccional que Asani, arquea las cejas. «Arreglar las cosas lleva tiempo. La gente no es paciente. Por loco que parezca lo que está haciendo, necesitábamos hacer algo dramáticamente diferente». En lo que ambos coinciden es que «por malo que pueda ser Trump», nunca preferirían haber votado por Kamala Harris.
«¡Están hipnotizados!»
Tampoco Bruce Bernstein, un jubilado de Florida que siempre ha votado por el Partido Demócrata, volvería a votar por Harris. Está convencido de que la vicepresidenta nunca hubiera estado en las papeletas si el partido hubiera seguido en 2024 el curso habitual de primarias, que boicoteó para asegurar la reelección de Biden. Culpa al entorno del presidente de haber encubierto su senilidad, precipitando la debacle que forzó su retirada tras el primer debate.
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El republicano desata la locura en sus intervenciones públicas. ReutersNo le sorprende nada de lo que está viendo. «Trump está haciendo exactamente lo que dijo que iba a hacer». Lo que le sorprende es que el Congreso republicano le deje «salirse con la suya y le ceda tanto poder». Su hija, una estilista de Brooklyn, es uno de los miles de estadounidenses que está haciendo las maletas para mudarse a España. Le preocupa el devenir autoritario de este gobierno y no reconoce ya en EE UU al país de las libertades individuales en el que quiere educar a su hija. Eso, pese a que la educación es el apartado que más complace a Juan Berresueta, un portero ecuatoriano de Nueva York. «Se acabó lo de influir a los niños para que tomen hormonas y cambien de sexo», dice satisfecho. «Hay que proteger a la infancia».
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