- BEATRIZ TRECEÑO @beatriztreceno
En estos once años las compañías españolas han pasado de utilizarlos como elementos reputacionales a incluirlos en las decisiones estratégicas del negocio.
El viernes se celebra el 11 aniversario de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de la Agenda 2030. Aprobados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2015, marcaron un antes y un después en la lucha contra el cambio climático y, en el caso de las empresas, han supuesto una transformación que empezó por unos departamentos y ha terminado calando a todas las áreas del negocio hasta la alta dirección. Once años después la sostenibilidad empresarial está plenamente integrada en el negocio. Pero, ¿cómo empezó todo?
"Nos dieron algo que hasta entonces no teníamos con esa claridad: un lenguaje común y una hoja de ruta compartida", recuerda Cristina Sánchez, directora ejecutiva del Pacto Mundial de la ONU España. Empresas, gobiernos, inversores y sociedad, "empezamos a hablar de los mismos grandes retos (cambio climático, biodiversidad, desarrollo económico) y, sobre todo, a entender que estaban directamente relacionados con la actividad empresarial".
La normalización
El primer gran avance fue pasar del desconocimiento a la normalización. En 2018, el 69% de las empresas españolas conocía los ODS; en 2020 ya era el 81% y en 2022 alcanzaba el 86%. Hoy la Agenda 2030 ya forma parte del lenguaje habitual de la sostenibilidad empresarial.
Poco después llegó el paso realmente importante, del conocimiento a la acción. Aunque los ODS no son jurídicamente vinculantes han ayudado a orientar políticas públicas y prioridades de desarrollo sostenible. "Durante estos años hemos visto cómo criterios ambientales y sociales se incorporaban a subvenciones, contratación pública, fondos europeos o mecanismos de financiación", añade Sánchez.
Entre tanto, la respuesta de las empresas españolas fue siempre receptiva, positiva y proactiva pero el gran cambio se ha producido en los últimos años en los que han pasado de utilizarlos como marco de actuación y de iniciativas más reputacionales a una mayor profesionalización y de estar concentrada en departamentos especializados a entrar cada vez más en las decisiones de negocio.
Más del 90% del tejido empresarial ya vincula indisolublemente sostenibilidad y competitividad, según datos de Forética. Como detalló su director general, Germán Granda, durante el 14º encuentro empresarial de Forética hace unos días, "es preciso integrar los factores sociales y ambientales como ejes estratégicos, destacándolos como un elemento fundamental de resiliencia capaz de abrir nuevos mercados e impulsar una competitividad real basada en la inclusión, la tecnología y la confianza".
Durante el mismo encuentro, el presidente de la CNMV, Carlos San Basilio, declaró que se debe incorporar la sostenibilidad como normalidad, como elemento central y transversal de la gestión empresarial.
Prácticamente todos los sectores empresariales han conseguido realizar ese vínculo con la competitividad de sus negocios. Es el caso de Leroy Merlin donde aseguran que la Agenda 2030 y los ODS "han contribuido a consolidar una transformación profunda en su forma de entender el negocio, que se ha traducido en avances en ámbitos como la descarbonización y la economía circular, impulsando una transformación cultural y cambios organizativos relevantes, como la incorporación del área de Impacto y Sostenibilidad al Comité de Dirección".
Para CaixaBank, alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 ha exigido movilizar recursos a gran escala y reforzar la colaboración entre empresas, administraciones públicas, inversores y sociedad.
Otros aceleradores
Si bien la Agenda 2030 ha sido un acelerador y un marco común muy útil, junto a ella han sido determinantes el Acuerdo de París, el desarrollo regulatorio, la evolución de los mercados financieros y las crecientes expectativas de inversores y clientes. La transformación que vemos hoy es el resultado de todo eso. Pero, ¿qué pasará de aquí a 2030? "No será el final de la sostenibilidad empresarial. Será el final del horizonte temporal de esta Agenda". En parte porque muchos de los cambios que hemos vivido durante estos años ya están incorporados a la manera en que las empresas gestionan sus riesgos, sus costes, sus inversiones, sus cadenas de suministro, su talento o su innovación.
Algo que sí cambiando, especialmente en el contexto geopolítico actual, es el lenguaje. Algunas compañías utilizan menos términos como ODS o ESG. "Puede cambiar la forma de denominarlo, pero el trabajo sigue estando ahí", concluye Sánchez.
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