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Los rehenes de Ormuz

Los rehenes de Ormuz
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Pese a los avances diplomáticos y al anuncio de su reapertura, la crisis continúa. Mientras se hace efectiva y Estados Unidos e Irán estiran el conflicto geopolítico, más de 20.000 marinos siguen atrapados en la zona. Esta es su singular situación

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Soldados iraníes patrullando en el estrecho de Ormuz. AFP Los rehenes de Ormuz

Pese a los avances diplomáticos y al anuncio de su reapertura, la crisis continúa. Mientras se hace efectiva y Estados Unidos e Irán estiran el conflicto geopolítico, más de 20.000 marinos siguen atrapados en la zona. Esta es su singular situación

Ixone Díaz Landaluce

Sábado, 18 de abril 2026, 13:21

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La incertidumbre de los primeros días ha dado paso, seis semanas después, a cierta cotidianidad a bordo, incluso a una paradójica tranquilidad pese a que, técnicamente, están varados en una zona de guerra. «Mi día a día no es muy distinto de lo que era antes. Cumplo mis dos guardias en el puente y hago mis labores de mantenimiento. Una ventaja es que una guardia con el buque fondeado es mucho menos estresante y exigente que navegando. Tanto en la sala de máquinas como en el puente, la vida es más tranquila. Además, sin el meneo y el ruido de la máquina, dormimos como nunca», explica el tripulante español de un gasero atrapado en el golfo Pérsico desde el cierre del estrecho de Ormuz el pasado 2 de marzo. «La tripulación se encuentra bien, aprovechamos que el barco está fondeado para pescar y jugar a pimpón». Pese a que el viernes Irán anunció la reapertura del estrecho, la inestabilidad sigue dominando la situación en la zona.

Los primeros días después del inicio de la crisis, cuando Irán dejó claro que cualquier buque que tratara de cruzar el estrecho sin permiso sería «destruido», sí vivieron algunos momentos de tensión. «Una noche vimos misiles y hace poco, un avión Hércules volando bajo. Más tarde nos enteramos de que estaban buscando a dos pilotos estadounidenses derribados. Por suerte, no hemos vivido ninguna situación complicada. Ahora mismo, desde nuestra posición, solo vemos plataformas petrolíferas y más barcos fondeados», relata sobre las vistas desde cubierta.

Uno de esos barcos es el petrolero 'Monte Urbasa', de la compañía bilbaína Ibaizabal Tankers. Con capacidad para transportar 150.000 toneladas de crudo, la nave está gestionada por un equipo internacional del que forman parte tres españoles. «La tripulación está bien y tranquila pese a que la situación es complicada», explican fuentes de la compañía a este periódico que precisan que el buque es autónomo, tiene capacidad de abastecimiento a largo plazo y no reanudará su tránsito hasta que haya plenas garantías de seguridad.

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Soldados americanos en el crucero lanzamisiles USS Princeton. Reuters

La Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF) ha descrito el escenario, que afecta a más de 20.000 profesionales y a alrededor de 2.000 barcos entre gaseros, petroleros y buques de mercancías, como una «crisis humanitaria» en el mar. De hecho, ya han recibido más de mil peticiones de ayuda de marinos de más de 300 embarcaciones. Muchos de ellos piden la repatriación; otros están sufriendo crisis psicológicas derivadas del confinamiento, pero también del miedo que produce estar rodeados de minas marinas. No es un temor infundado: desde que empezó el conflicto, se han registrado una treintena de incidentes y, al menos, una decena de muertos. Mientras tanto, el tráfico en el estrecho ha sido residual: los pocos afortunados que han logrado salir de la ratonera marina son, en su mayoría, barcos indios, chinos y algún japonés.

«Ganas de volver a casa tenemos todos, pero no veo a nadie deprimido o ansioso», explica el tripulante español sobre la situación en su gasero. Sin embargo, muchos profesionales están recurriendo a las líneas telefónicas de ayuda psicológica como la de ISWAN (International Seafarers' Welfare and Assistance Network), una suerte de «teléfono de la esperanza» para los profesionales del mar, pero también para sus familias, que no solo funciona durante las crisis, pero que, obviamente, intensifica su actividad en estas situaciones. «Hemos recibido entre un 15 y 20% más de llamadas y mensajes. Un tercio tienen que ver con peticiones de repatriaciones: los marinos nos contactan para conocer sus derechos. También hemos gestionado casos de marinos que están experimentando estrés», explican a este periódico desde la organización.

Según establece la ITF, operar en una zona de guerra debe compensarse con el doble del salario repatriaciones difíciles

«Ahora, muchos oficiales y capitanes reciben apoyo psicológico», confirma Barkala. Pablo Asla coincide en que las condiciones han cambiado mucho en los últimos años: «Cada vez se cuida más el factor humano. Son tripulaciones muy cualificadas y profesionales: hay formaciones, entrenamientos, análisis médicos… Son gente dura preparada para afrontar condiciones complicadas».

Cuando cualquier ruta o zona de tránsito es declarada 'Zona de Operaciones Bélicas', como ha ocurrido con Ormuz y el golfo Pérsico, los marinos tienen derecho a desembarcar y los costes de repatriación deben correr a cargo de la naviera. Otra cosa es que eso sea realmente posible. «Tú siempre puedes pedir la cuenta si quieres terminar el contrato y viene un relevo. Te liquidan y no pasa nada. Es una relación puramente comercial. Lo que ocurre es que, quizá, las autoridades locales en Bahrein o Arabia Saudí cierran la terminal y no existe la posibilidad física de desembarcar», explica Asla.

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Militar de la Guardia Revolucionaria en una maniobra en Ormuz. AFP

En el buque del marino español ningún tripulante ha solicitado la repatriación. «Nadie ha pedido desembarcar, entre otras cosas, por la incertidumbre de los vuelos comerciales», explica el marino, que señala que la comunicación con las familias ha sido ininterrumpida y que tienen acceso ilimitado y gratuito a internet. Tampoco tienen problemas de abastecimiento y, recientemente, han recibido provisiones a través de un bote de suministros. «Ninguna autoridad se ha puesto en contacto con nosotros, pero tampoco lo echamos de menos. La compañía nos envía actualizaciones de la situación».

Salarios duplicados

Sin embargo, todo depende de la embarcación y la naviera. En los buques que no pertenecen a las grandes flotas internacionales, la comida fresca y las medicinas empiezan a ser un bien escaso. Lo mismo pasa con las comunicaciones. Y luego, están los salarios. Según establece la ITF, cuando un profesional se ve obligado a operar en una zona de conflicto, debe recibir el doble del salario diario. Además, la compensación por muerte o discapacidad duplica su cuantía. Según informaba 'The Guardian', las navieras que tienen que reemplazar a aquellos marinos que quieren desembarcar están encontrando candidatos entre los profesionales ucranianos que no pueden volver a casa. Pero nada de todo esto se aplica a las llamadas 'dark fleet', o flotas fantasma, en las que la precariedad es la norma, igual que los salarios bajos y, en ocasiones, la falta de seguros. «Según la nacionalidad, según la bandera, según el armador… Depende de muchas cosas. Además, la vida no tiene precio», señala Barkala sobre las compensaciones económicas que reciben.

Los marinos tienen derecho a desembarcan si lo desean. Otra cosa es que eso sea posible

Seis semanas después del inicio del conflicto, nadie sabe cuánto puede durar esta crisis y si el bloqueo que mantiene retenidos a miles de profesionales del mar en el golfo Pérsico está realmente a punto de resolverse. «Sigo las noticias en Al Jazeera, CNN, CNBC o BBC y, lo más importante de todo, los posts de Donald Trump en Truth Social. Al leer cualquier noticia, instantáneamente la traduzco a cuánto se va a alargar o acortar la guerra, pensando en volver a casa. Pero ahora mismo solo podemos especular. Estos días, el tráfico en Ormuz está aumentando y esa es buena señal», señalaba esperanzado el marino español poco antes del anuncio de la reapertura de Ormuz por parte de Irán. Ese mismo día, Estados Unidos anunciaba que, pese a todo, su bloqueo a los puertos iraníes continuaría.

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El petrolero Callisto fondeado cerca de Mascate, Omán. Reuters

Los sindicatos, como ITF, que en España colabora con UGT, han pedido la repatriación de quienes quieran abandonar sus buques. Y la Organización Marítima Internacional ha exigido que se establezca un corredor humanitario. «En la primera Guerra del Golfo hubo barcos americanos de guerra que escoltaban a petroleros. Pero mientras oficialmente siga siendo una zona de guerra, yo creo que los barcos no se van a atrever a moverse», vaticina Asla.

Mientras tanto, los marinos esperan. Algunos juegan al pimpón y se distraen pescando. Otros necesitan ayuda psicológica. «Como decía la canción: 'Pobres marinos, pobres pedazos de corazón'. Ahora mismo son personas indefensas flotando en un cascarón al albur de las decisiones que se toman, no se sabe por qué intereses y que les pueden costar la vida», denuncia Barkala. Pablo Asla, capitán de buques mercantes y marino durante más de 20 años, coincide: «La sensación de libertad es increíble y las cosas que puedes ver, espectaculares, pero los sacrificios también son muy grandes. La mar es bonita verla desde tierra, pero cuando estás ahí, estás deseando volver a casa».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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