- POR ROBERT ARMSTRONG (FT)
El precio del petróleo subió el jueves hasta los 119 dólares por los ataques iraníes a las instalaciones energéticas del Golfo, pero cerró la jornada en 103 dólares después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declarara que Irán ya no podía enriquecer uranio ni producir misiles balísticos. Lo más llamativo fue el aumento de los tipos de interés en gran parte del mundo. En EEUU y Europa, el incremento desde el inicio de la guerra es ya muy considerable.
Los movimientos más significativos se han producido en el tramo corto de la curva de rendimiento. Si observamos el comportamiento de los bonos del Tesoro a dos años de EEUU, podríamos pensar que el mercado ha descartado casi dos recortes de tipos ante la amenaza de una mayor inflación por los precios del petróleo. Sin embargo, la situación es más compleja.
En teoría, no hay razón para que los bancos centrales endurezcan su política monetaria ante una crisis de suministro energético, siempre y cuando los precios de los productos no energéticos se mantengan estables y las expectativas de inflación a largo plazo no varíen.
Laberinto de espejos
Pero los banqueros centrales podrían pensar que solo endureciendo la política monetaria (o amenazando con hacerlo) pueden evitar que la inflación energética se extienda al resto de la economía. Los mercados, a su vez, podrían anticipar esta reacción de los bancos centrales y vender bonos de forma preventiva. Entonces, los bancos centrales podrían sentir que no tienen más remedio que endurecer la política monetaria, por temor a decepcionar a los mercados y provocar más ventas. Y los mercados también podrían anticipar esto. El tira y afloja mental entre los bancos centrales y los mercados puede convertirse (parafraseando a T.S. Eliot ) en un laberinto de espejos.
Calvin Tse, de BNP Paribas, opina que el importante movimiento en los tipos de interés a corto plazo en EEUU refleja la tendencia de la Fed a una política monetaria simétrica, es decir, que considera el riesgo de una mayor inflación con la misma seriedad que el riesgo a la baja para el empleo. Según Tse, un dato clave fue que el gobernador de la Fed, Christopher Waller, no discrepó de la decisión de mantener los tipos sin cambios el miércoles, como sí lo hizo en la reunión de diciembre.
Existe otra interpretación más sencilla: que los mercados de bonos se han adelantado y han sobrevendido bonos a corto plazo. "Creo que los mercados se han precipitado al suponer que el siguiente paso podría ser una subida de tipos", opina Rick Rieder, de BlackRock. Esta es una de las mayores crisis de oferta que hemos visto en una generación y los mercados han tenido que reaccionar con rapidez y de forma exagerada. En Europa y Reino Unido, la reacción (o sobrerreacción) a la guerra ha sido aún más extrema. El BCE elevó su pronóstico de inflación y recortó sus previsiones de crecimiento. El Banco de Inglaterra mantuvo los tipos de interés en el 3,75%, como se esperaba y el banco eliminó su anterior previsión de que el próximo movimiento en los tipos probablemente sería a la baja.
¿Por qué los tipos de interés a corto plazo en Japón -un país que importa casi toda su energía- han quedado al margen? Daniel von Ahlen, de TS Lombard, lo atribuye al hecho de que los bonos del Gobierno japonés se vendieron en exceso antes de la guerra y a que la inflación subyacente en Japón se mantuvo por debajo del objetivo, en contraste con Europa y Estados Unidos.
¿Y qué ocurre con los tipos de interés a largo plazo? Cabría esperar que una crisis geopolítica cada vez más profunda y la búsqueda de activos seguros hubieran mantenido estables dichos tipos. Si bien las crecientes expectativas de inflación a corto plazo se reflejan en la curva de rendimiento, no hay indicios de que estas expectativas aumenten más allá del próximo año o dos. Entonces, ¿por qué han subido los tipos de interés nominales y reales a 10 años en Estados Unidos y Reino Unido?
Podría tratarse simplemente de fluctuaciones; los movimientos no son significativos. Ed Al-Hussainy, de Columbia Threadneedle, señaló que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años estaban en su nivel actual hasta el mes pasado. Tse opina que el movimiento en el extremo largo refleja la preocupación de que, tras cuatro crisis inflacionistas consecutivas -la reapertura tras la pandemia, la invasión rusa de Ucrania, los aranceles y ahora Irán-, las expectativas de inflación a largo plazo puedan repuntar.
Las fuertes fluctuaciones en los tipos de interés a corto plazo han sido inquietantes. Pero la situación será mucho más preocupante, para todo tipo de activos, si los tipos de interés a largo plazo siguen la misma tendencia.
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