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Los votantes han perdido el miedo al lobo

Los votantes han perdido el miedo al lobo
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Los castellano-leoneses han optado por repetir la experiencia de un Gobierno de PP y Vox. Leer
AnálisisLos votantes han perdido el miedo al lobo
  • IÑAKI GARAY
15 MAR. 2026 - 23:27Mañueco supera con nota la reválida al crecer tras más de media legislatura gobernando con Vox.Europa Press

Los castellano-leoneses han optado por repetir la experiencia de un Gobierno de PP y Vox.

Parece ser que todo el recorte de derechos que la izquierda pronosticaba que traería una alianza de la derecha y la "ultraderecha" no se ha materializado en la medida que advirtieron. Y los votantes no solo no se han asustado sino que han decidido depositar de nuevo su confianza en lo que ya había, incluso con más fuerza. En las pasadas elecciones la suma de PP y Vox aglutinaba el 49% del voto mientras que ayer ese porcentaje creció hasta el 54%.

El gran ganador de las elecciones es Mañueco, que es el que más voto gana y al que no le ha pasado factura gobernar más de la mitad de la pasada legislatura con Vox. Como ocurría en la fábula de El pastorcillo mentiroso de Esopo, traducida más tarde como Pedro y el lobo, cuando Serguéi Prokópiev la convirtió en musical, la disuasión contra la derecha y la ultraderecha no funciona porque no es creíble. A estas alturas del relato y con el clima político tan radicalizado, la mayor parte de los ciudadanos desconfía de las advertencias por creer que se trata solo de meros intentos de manipulación emocional. Al final, el votante nota que las alarmas que siguen haciendo sonar el PSOE, los sindicatos y algunas organizaciones sociales vinculadas a la izquierda sobre el retroceso en derechos democráticos, igualdad de género y libertades son falsas y no están basadas en la realidad, sino en el deseo de desprestigiar al adversario para desactivarlo. Son tan solo lo que el filósofo alemán Jürgen Habermas, fallecido este mismo fin de semana, habría identificado como intentos irracionales para degradar la esfera pública.

Evidentemente siempre hay una parte de la población alineada, que compra, sin comprobar la calidad del material, la mercancía que le vende el partido con el que se identifica. Pero ocurre que cada vez son menos los votantes que se dejan llevar por el factor emocional, cansados de tanto eslogan. Cada vez son más los que relativizan el griterío de la política para eludir el estrés y, en vez de acudir a mítines, van en masa al estreno de Torrente Presidente, porque asumen que se ajusta más al rigor la caricatura que la realidad.

Las elecciones en Castilla y León han demostrado que este mensaje del advenimiento de la ultraderecha al que ha recurrido la izquierda sistemáticamente está ya más agotado que nunca.Ya no mete miedo. De ahí que el Gobierno esté intentando encontrar algo que sirva para reactivarlo. Para ello recurre a todo. Desde denunciar una ola de hipotética violencia política y física, que cuesta percibir en la calle, en la que personajes de la izquierda serían las víctimas agredidas y miembros de la ultraderecha los agresores, hasta reeditar el "No a la guerra", aprovechando el conflicto de Irán.

A la vista de lo ocurrido ayer en las urnas en Castilla y León no parece que el votante esté en estas claves. Sin ir más lejos, las concentraciones convocadas este fin de semana contra la guerra en muchos lugares de España apenas tuvieron seguidores. Alrededor de 4.500 en Madrid y apenas decenas en otras capitales. Un bagaje demasiado insignificante como para pensar que el ataque de Estados Unidos e Israel al régimen de los ayatolás pueda ser el gran revulsivo que necesita Pedro Sánchez de cara a unas hipotéticas elecciones generales.

Es verdad que ayer el PSOE se consolidó al aglutinar todo el voto de la izquierda en Castilla y León, pero los creativos que rodean al presidente van a tener que seguir pensando en algo con lo que frenar su deriva antes de que se agote la legislatura. Con los salarios perdiendo poder adquisitivo y con la vivienda cada vez más inaccesible, el "No a la guerra" suena demasiado lejano.

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Fuente original: Leer en Expansión
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