En la imagen, un hotel de Melià y otro de Iberostar se superponen con una bandera del país caribeño en descomposición. Arte E. E.
Reportajes FIN DE CICLO Más se perdió en Cuba y más se va a perder: el multimillonario vacío que dejan Meliá, Iberia e Iberostar que explotará TrumpLas sanciones a los negocios vinculados al aparato militar cubano, la crisis energética y el desplome del turismo han convertido la isla en un destino cada vez menos rentable para las empresas españolas
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Julio César Ruiz Aguilar Publicada 8 junio 2026 01:52hMeliá anunció este miércoles la salida inmediata de 15 hoteles en Cuba. La cadena retirará sus marcas de esos establecimientos, dejará de gestionarlos y cortará también los servicios de comercialización asociados a algunos de los nombres más visibles de su presencia histórica en la isla.
La decisión, comunicada a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, llega después del repliegue de Iberostar de 12 hoteles vinculados a Gaviota, la filial hotelera del conglomerado militar cubano Gaesa, y de la suspensión de los vuelos directos de Iberia entre Madrid y La Habana desde este mes de junio.
En pocas semanas, tres símbolos de la presencia española en Cuba han reducido su exposición en la isla. La antigua colonia que España perdió en 1898 vuelve a alejarse, ahora por una vía empresarial: sanciones estadounidenses, caída del turismo, apagones, falta de combustible y un modelo turístico cada vez menos competitivo.
El deterioro de La Habana tras la asfixia económica al país. E. E.
Presión de Washington
La salida de Meliá afecta a hoteles vinculados a Gaesa, el grupo empresarial bajo control de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que gestiona una parte central de la economía cubana. Washington ha endurecido la presión sobre las empresas extranjeras que mantienen negocios con ese conglomerado y fijó como fecha límite este viernes 5 dejunio para cerrar operaciones con entidades bajo su órbita.
Meliá mantendrá en Cuba otros 19 hoteles no vinculados a Gaesa, pero la operación supone un corte relevante en una relación de más de tres décadas. La compañía fue la primera gran hotelera extranjera que apostó por el turismo cubano tras la caída del bloque soviético. En 1990 inauguró el Sol Palmeras en Varadero y abrió el camino a la expansión de las cadenas españolas en la isla.
La empresa ha explicado que muchos de los establecimientos afectados ya estaban cerrados o sin actividad por la crisis energética y la caída de la demanda. El matiz reduce el impacto contable, pero confirma el deterioro del negocio. El problema no es sólo la presión regulatoria de Estados Unidos.
Cuba ha perdido visitantes, conectividad aérea, capacidad de suministro y atractivo frente a otros destinos del Caribe. Un hotel puede operar en un entorno político complejo si hay ocupación y rentabilidad. Resulta mucho más difícil hacerlo con apagones, problemas de combustible, dificultades para desplazar al personal y una demanda internacional en retroceso.
Gran Hotel Bristol Habana Vieja Member of The Meliá Collection.
La retirada de Meliá no llega sola. Iberostar dejó de operar 12 hoteles en Cuba propiedad de Gaviota, también bajo el paraguas de Gaesa. La decisión marca un cambio profundo en el modelo de negocio que permitió a las hoteleras españolas crecer en la isla durante los años noventa y dos mil: los activos seguían siendo cubanos, pero las cadenas aportaban marca, gestión y comercialización internacional.
Ese esquema funcionó mientras Cuba ofrecía una combinación razonable de demanda turística, estabilidad operativa y margen político. Ahora, el mismo socio estatal que facilitó la expansión se ha convertido en el principal foco de riesgo por las sanciones estadounidenses.
"Para quienes trabajamos en hoteles, ver salir marcas españolas de algunos establecimientos es un golpe simbólico. Eran parte del paisaje turístico de Cuba", explica el encargado de un hotel de alta categoría en el centro de La Habana.
¿Qué son Gaviota y Gaesa?
Gaviota es la gran sociedad hotelera del conglomerado militar cubano Gaesa, el grupo empresarial controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias. A través de Gaviota, el aparato militar gestiona una parte decisiva del negocio turístico de la isla: hoteles, complejos vacacionales, marinas, agencias de viaje y servicios asociados. El modelo habitual con las cadenas extranjeras, incluidas las españolas, ha sido el de gestión. Es decir, el Estado cubano conserva la propiedad de los activos y las hoteleras aportan marca, comercialización internacional y administración diaria.
Ese esquema permitió durante décadas la expansión de Meliá, Iberostar y otras compañías españolas en Cuba. El problema es que Gaesa está bajo el foco de Washington por su vínculo con el Ejército cubano. Estados Unidos considera que las empresas extranjeras que operan con entidades de ese conglomerado pueden estar beneficiando al aparato militar de la isla. Por eso Gaviota se ha convertido ahora en el punto más sensible del negocio: lo que antes era la puerta de entrada al turismo cubano es hoy el principal riesgo legal y financiero para las cadenas españolas. Iberia completó el cuadro al suspender temporalmente su ruta directa entre Madrid y La Habana. La compañía venía operando tres frecuencias semanales, redujo primero a dos en mayo y canceló la conexión desde junio, con previsión de retomarla en noviembre si las condiciones lo permiten.
Iberia completó el cuadro al suspender temporalmente su ruta directa entre Madrid y La Habana. La compañía venía operando tres frecuencias semanales, redujo primero a dos en mayo y canceló la conexión desde junio, con previsión de retomarla en noviembre si las condiciones lo permiten.
La aerolínea alegó la situación excepcional del país y la caída de la demanda. Desde febrero, además, sus vuelos de regreso a Madrid tenían que realizar una escala técnica en Santo Domingo para repostar combustible. La suspensión tiene un efecto práctico y otro simbólico: complica el viaje del turista español y rompe, aunque sea temporalmente, uno de los últimos puentes directos entre España y Cuba.
Iberia suspenderá temporalmente sus vuelos directos a Cuba desde junio por la crisis energética de la islaDestino histórico
Durante décadas, Cuba fue uno de los grandes mercados naturales de la empresa turística española. Meliá, Iberostar, Barceló, Globalia y otros grupos ocuparon una posición central en la isla. Para La Habana, las cadenas españolas aportaban acceso a Europa, estándares de gestión y capacidad de comercialización.
Para las empresas, Cuba ofrecía un destino de enorme fuerza histórica, idioma compartido y una ubicación privilegiada en el Caribe. El Estado mantenía la propiedad de los activos y las cadenas extranjeras gestionaban los hoteles. La fórmula permitía atraer divisas sin renunciar al control público del sector.
El modelo dio resultados. En 1990 Cuba recibía unos 340.000 turistas internacionales. Antes de la pandemia, el país superaba los cuatro millones de visitantes anuales. El turismo se convirtió en una de las principales fuentes de ingresos de la economía cubana y en una apuesta estratégica del Gobierno.
Las cadenas españolas llegaron a administrar una parte sustancial de la planta hotelera. Meliá operó más de 30 establecimientos y cerca de 15.000 habitaciones. Iberostar se consolidó como la segunda gran hotelera española del país. Barceló mantuvo también presencia en el mercado.
Hotel de Iberostar en Cuba.
Ese ciclo empezó a romperse tras la Covid. Cuba no ha recuperado el ritmo de otros destinos caribeños. En 2022 recibió alrededor de 1,6 millones de visitantes internacionales. En 2023 subió hasta 2,4 millones, pero el rebote fue insuficiente.
En 2024 volvió a caer hasta unos 2,2 millones. En 2025 cerró con 1,8 millones de visitantes internacionales, su peor registro desde 2002 si se excluyen los años de la pandemia. La caída golpea directamente a las empresas españolas porque reduce ocupaciones, limita ingresos y obliga a concentrar operaciones en menos hoteles.
España sigue siendo un mercado relevante, pero también se ha debilitado. En 2024 fue el quinto emisor de turistas hacia Cuba, con algo más de 65.000 visitantes. La suspensión de la ruta directa de Iberia dificulta la recuperación.
"Desde dentro se vive con preocupación, pero también con pragmatismo. Las empresas están tomando decisiones que tienen que ver con sanciones, demanda y viabilidad", expresa otra gerente, española, de uno de los hoteles que recién cierra.
Un destino sin vuelo directo pierde capacidad de venta, especialmente frente a competidores como República Dominicana, México o Jamaica, donde muchas de las mismas cadenas españolas operan con mejor conectividad, menos restricciones y una experiencia más previsible para el viajero. Para el turista español medio, Cuba ha dejado de ser una opción evidente dentro del Caribe.
Manifestación en La Habana convocada en protesta por la imputación de Raúl Castro. REUTERS/Norlys Perez
La sombra de Trump
La presión de Estados Unidos ha sido decisiva en el repliegue empresarial. En 2019, durante su primer mandato, Donald Trump activó el Título III de la Ley Helms-Burton, que permite a ciudadanos estadounidenses demandar ante tribunales federales a empresas que se beneficien de propiedades confiscadas tras la Revolución cubana.
La medida abrió la puerta a reclamaciones contra compañías con intereses en la isla, incluidas cadenas españolas como Meliá, Iberostar o Barceló. A ese riesgo se suman ahora las restricciones contra Gaesa y las empresas vinculadas al aparato militar cubano. El mensaje para las compañías es claro: mantener determinados negocios en Cuba puede generar consecuencias fuera de Cuba.
El Gobierno cubano atribuye buena parte del deterioro turístico al bloqueo estadounidense. Las sanciones dificultan las operaciones financieras, el acceso a dólares, la llegada de combustible, la relación con proveedores internacionales y la conectividad aérea.
Las restricciones a los cruceros y a determinados viajes desde Estados Unidos golpearon ya en 2019 una fuente importante de visitantes. La crisis energética actual también está condicionada por las dificultades para importar combustible. Para La Habana, el repliegue de las empresas españolas forma parte de una ofensiva más amplia contra su economía.
GAESA, la red de empresas que oculta la fortuna de los Castro mientras Cuba se enfrenta a la escasez y a los apagonesOtra Cuba
Pero la crisis no se explica sólo por Washington. Cuba arrastra problemas internos que han deteriorado su producto turístico: apagones, escasez, inflación, problemas de transporte, fallos de mantenimiento y una oferta hotelera sobredimensionada para la demanda real.
Durante años, el país siguió invirtiendo en habitaciones mientras otros sectores básicos se deterioraban. El resultado es una planta hotelera difícil de sostener cuando faltan suministros, combustible y visitantes. El atractivo cultural de la isla sigue intacto, pero el negocio turístico exige algo más: energía, conectividad, servicios, seguridad jurídica y estabilidad operativa.
Miguel Díaz-Canel durante una rueda de prensa la pasada semana en La Habana. Alejandro Azcuy Reuters / Presidencia de Cuba
La comparación con otros destinos del Caribe es cada vez más desfavorable. República Dominicana, México o Jamaica ofrecen playa, hoteles de grandes cadenas, paquetes cerrados y vuelos más cómodos. Cuba conserva una potencia simbólica que pocos países pueden igualar, pero esa fuerza ya no basta para compensar la incertidumbre.
Para una cadena hotelera, reducir exposición en Cuba no implica abandonar el Caribe. Puede redirigir inversión y clientes a mercados más rentables. Para un turista, elegir otra isla o una costa mexicana supone evitar escalas, apagones y dudas sobre el servicio.
La dimensión histórica da a este repliegue un peso especial. España no fue un inversor cualquiera en Cuba. Las cadenas hoteleras ocuparon, desde los años noventa, un lugar central en la apertura turística del país. Iberia mantuvo durante años una conexión directa que reforzaba el vínculo con Madrid.
El visitante español encontraba en la isla una mezcla de idioma, historia, cercanía cultural y exotismo caribeño. Esa relación no desaparece, pero se ha debilitado de forma visible. España sigue en Cuba, aunque con menos vuelos, menos hoteles y menos confianza empresarial.
Para La Habana, la retirada parcial de Meliá, Iberostar e Iberia supone un golpe económico y reputacional. Las cadenas españolas aportaban gestión, marca y acceso a mercados internacionales. Su repliegue envía una señal al resto del sector: incluso las empresas que mejor conocen la isla y que más tiempo han resistido sus crisis están reduciendo riesgos.