El ENOS comprende dos fases: La Niña, caracterizada por temperaturas del mar más frías de lo habitual, y El Niño, cuando se registra un calentamiento de la superficie oceánica en las regiones central y oriental del Pacífico tropical. Este fenómeno ocurre, en promedio, cada dos a siete años, tiene una duración aproximada de 12 meses y suele generar su mayor impacto climático global durante el segundo año de desarrollo.
En presencia de esta fase, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la humedad atmosférica sobre el océano Pacífico aumenta. Esto suele asociarse con un incremento de la temperatura global, así como con mayores precipitaciones en algunas zonas del sur de América del Sur, el sur de Estados Unidos, el Cuerno de África y Asia Central.
Según el organismo, “las aguas cálidas debidas a El Niño pueden intensificar los huracanes en las zonas central y oriental del océano Pacífico, mientras que dificultan su formación en la cuenca atlántica”. Este efecto se acentúa conforme aumenta la intensidad del fenómeno, escenario que este año tiene una probabilidad del 25% de materializarse hacia finales de septiembre.
sistemas de alerta temprana, mediante mecanismos de vigilancia permanente respaldados por el SMN, el programa Copernicus y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés).A estas medidas se suman campañas de limpieza, programas de capacitación comunitaria y el desarrollo de infraestructura resiliente. Asimismo, se contempla la impartición de talleres especializados para más de 1,200 integrantes del Sistema Nacional de Protección Civil, con el objetivo de asegurar respuestas ágiles, eficientes y oportunas ante los posibles efectos de la temporada de lluvias y ciclones tropicales.