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Sarah Schleper y su hijo Lasse Gaxiola en brazos en 2011. EFE/Raffael Regen JJOO Milán-Cortina | Esquí Madre, hijo y espíritu olímpicoSarah Schleper y su hijo Lasse Gaxiola, primera madre e hijo que compiten juntos en los Juegos de Invierno
Miércoles, 11 de febrero 2026, 11:02
... y el acento del país que eligió como destino. Ahora, a los 46 años -casi 47- la esquiadora mexicana está a punto de lanzarse otra vez por una ladera olímpica, por séptima y última vez, pero esta vez no lo hará sola. A su lado, con el mismo dorsal y un temblor parecido en las piernas, estará su hijo Lasse Gaxiola, de 18. Por primera vez en la historia de los Juegos de invierno, una madre y su hijo competirán en la misma disciplina. Milán-Cortina 2026 será para ellos algo más que un evento deportivo: el cierre de un círculo que comenzó cuando el niño aún no sabía caminar y ya deslizaba los esquís como si fueran parte de su cuerpo.Ver esta publicación en InstagramUna publicación compartida por VictoryMe (@victorymedia.oficial)
En diciembre de 2011, Sarah Schleper -que entonces competía con Estados Unidos- se retiró en un slalom en Lienz (Austria) esquiando en minifalda y con su hijo Lasse, de cuatro años, en brazos. Aquella escena, mitad travesura mitad despedida, se convirtió en una imagen icónica e inolvidable del esquí. «Siempre hacemos bromas con la idea de que Lasse compitió en un Mundial a los cuatro años. Yo era la única mamá del equipo», recuerda entre risas. El niño no recuerda el momento, pero el vídeo le acompaña como un talismán: «Aprendí a esquiar antes que a caminar, me cuenta mi madre. Lo de la Copa del Mundo no lo recuerdo, pero lo he visto decenas de veces».
Siete Juegos Olímpicos
Quince años después, aquella anécdota adquiere un peso casi simbólico. Lasse debutará en unos Juegos Olímpicos el próximo sábado -el día de San Valentín- y su madre disputará, desde el jueves 12, los séptimos de una carrera que parece desobedecer al calendario. Schleper fue figura del equipo estadounidense, con el que ganó el eslalon de Lenzerheide en 2005, y con el que participó en Nagano 1998, Salt Lake City 2002, Turín 2006 y Vancouver 2010. Luego se retiró, se casó con el mexicano Federico Gaxiola, obtuvo la nacionalidad en 2014 -un mes antes de los Juegos de Sochi que no pudo disputar- y regresó del retiro para vestir los colores de un país sin tradición alpina. Desde entonces ha competido en PyeongChang 2018, Pekín 2022 y ahora en Milán-Cortina, donde pondrá el punto final a su carrera deportiva de forma denitiva.
«No tenemos ni servicio de esquí, recibimos poco apoyo y en México casi nunca hay nieve», admite con tono reivindicativo. «Será difícil competir contra quienes lo tienen todo», añade. Bien lo saben madre e hijo que persiguen el invierno como nómadas para poder entrenar y alcvanzar el nivel necesario para brillar en la cita olímpica. «Cuando hace calor viajamos a países con frío. Austria, Italia, Argentina, Chile… vamos detrás de la nieve para poder seguir», confesaba.
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Lasse ha crecido dentro de esa caravana en busca del frío y la nieve. Sabe que el apellido de su madre pesa, aunque lo asume con tranquilidad. «Es mucha presión. Toda mi vida he escuchado: 'tu madre es campeona del mundo'. Antes me ponía nervioso; ahora ya no tanto. Siento que estamos separados, pero a la vez vamos juntos. Solo tenemos que esquiar… eso es todo lo que podemos hacer», dice con un un tono que mezcla gratitud y desafío ante lo que le espera.
Madre y entrenadora
México se ha plantado con cinco depostistas en Milán-Cortina. Una delegación mínima para un país de volcanes y playas. Sarah y Lasse se han llevado todos los focos, pero también estarán Donovan Carrillo en patinaje artístico y Regina Martínez y Allan Corona en esquí de fondo.
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Para Sarah, estos serán los últimos Juegos. Para Lasse, los primeros. Madre e hijo comparten entrenador, rutinas y obsesiones, aunque ella admite que la frontera entre ambos papeles es imposible de borrar. «Sí, soy su entrenadora, pero también soy su mamá. No hay manera de quitar el deseo de que tu hijo gane. Era mi sueño ir juntos y él lo cumplió para mí. Qué honor poder competir a su lado».
El muchacho, en cambio, es más práctico y evita las emociones para centrarse en loq ue debe mejorar para estar lo más arriba posible: «Tengo que ser más paciente en las curvas».
Las pistas de Cortina d'Ampezzo serán testigo esta semana de una madre y un hijo deslizándose sobre la misma nieve, persiguiendo el mismo instante y habiendo entrado en la historia como la primera madre e hijo que participan en unos Juegos Olímpicos de invierno. Ambos siguen la senda de tiradora georgiana Nino Salukvadze y su vástago Tsotne Machavariani que fueron la primera pareja madre e hijo que competían en unos mismos Juegos Olímpicos. Fue en Río 2016. Una década después se repite la historia.
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