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En ópera y en la vida, la forma de afrontar cada desafío marca el resultado final. La soprano Marina Monzó sabe que para tener éxito debe creer en sí misma.
No hay ninguna representación de un título de ópera que se precie que no tenga una gran diva en su elenco. "Es algo necesario, imprescindible", confirma la soprano Marina Monzó (Valencia, 1994), que huye del sentido peyorativo que a veces se le da a este término, asociado en demasiadas ocasiones y fuera del mundo operístico a otros como extravagante o engreída, y que prefiere que el público del género lírico lo siga asociando a un persona -hombre o mujer, aunque son ellas las que más han hecho a lo largo de la historia por engrandecer el concepto- con una voz excepcional, tan cerca a la divinidad que no parece de este mundo.
Más allá de la actitud, ¿se puede serlo sin tener un pulmón extraordinario y unas cuerdas vocales asombrosas? "Imposible", responde la joven soprano española, que tras debutar en el género lírico en ABAO Bilbao Ópera en 2016 y formar parte de la Academia Rossiniana de Pesaro en el mismo año ya ha participado en producciones en algunos de los mejores escenarios del mundo como son el Teatro Real, el Teatro di San Carlo de Nápoles, el Teatro del Maggio Musicale de Florencia, el Palau de Les Arts de Valencia o la Royal Opera House de Muscat.
Algunos estudiosos aseguran que el primero en usar la palabra diva fue Théophile Gautier, crítico del siglo XIX para referirse a la cantante Giulia Grisi. ¿Qué se necesita para serlo?Para subirse a un escenario y cantar delante de cientos de personas hay que tener mucha personalidad. Tener actitud de diva sobre el escenario es obligatorio para construir una barrera de seguridad en ti misma, de confianza en tus capacidades. Para afrontar ese proceso, que exige no sólo cantar dando lo mejor de ti, sino también meterse en la piel de mujeres dramáticas, apasionadas y empoderadas, hay que creérselo.Otros sugieren que tras el estreno de 'Norma', de Vincenzo Bellini en 1831, con su aria 'Casta Diva', el término italiano para diosa comenzó a usarse para las sopranos más importantes. ¿Siente que será una de las más grandes?No sé si el público me percibe así, en el sentido estricto del término, pero trabajo mucho para serlo. No creo que ser una diva sea algo malo y no me gusta cuando se asocia a otros conceptos como soberbia, presunción o arrogancia. No tiene nada que ver con eso, es un talante esencial para enfrentarse a una ópera.La intensidad dramática de Maria Callas, la voz luminosa de Renée Fleming, la exquisita técnica de Montserrat Caballé, el carisma de Anna Netrebko, el extraordinario rango de Joan Sutherland o la capacidad para emocionar de Cecilia Bartoli. ¿Cuál cree que es su principal virtud?Una de mis profesoras me dijo una vez que ser cantante de ópera exigía vivir como en un convento. No te puedes permitir ningún momento de flaqueza cuando hay planes familiares o cuando tus amigos quedan para tomarse unas cervezas. Creo que una de mis principales virtudes es que soy muy profesional.¿No puede tomarse un respiro ni en época de ensayos?Un ensayo no es un mero trámite; es el lugar desde donde se construye el éxito. El estreno es la guinda de un pastel que hay que construir con antelación y con pilares muy sólidos. Cuando decidí dedicarme profesionalmente a la ópera ya sabía a lo que iba a renunciar y no me arrepiento. Con doce años formaba parte del coro de Les Arts de Valencia y con veinte ya estaba trabajando como soprano. Procuro descansar un mes al año, pero el resto del tiempo estoy trabajando y estudiando.¿Tan sacrificado es ser soprano?Hay mucha competencia y son muy pocas las cantantes que consiguen hacer una carrera sólida durante muchos años. Es como ser deportista de élite. Llegan sólo unos pocos, pero todos hacen muchos sacrificios. A veces debes asumir que el esfuerzo no es suficiente.Christopher Nolan nos ha recordado en su adaptación cinematográfica de 'La Odisea', de Homero, lo dañinos que pueden llegar a ser los cantos de sirena. ¿Los escucha o prefiere continuar con su viaje tapándose los oídos?Cuando me bajo del escenario soy una persona muy normal, a la que le encanta el anonimato. Pasear sin que nadie te conozca puede verse como algo malo para la ópera porque habla del poco público que tiene si la comparamos con otras formas de ocio como pueden ser el fútbol o el cine, pero en mi caso lo veo como algo muy valioso. Además, soy muy perfeccionista y a veces me cuesta desconectar. Necesito sentir que aprendo algo casi cada día y disfrutar con lo que hago. Procuro no hacer demasiado caso a los haters de la ópera, que también los hay.Su mentora es la soprano Isabel Rey y admira a Mirella Freni o Montserrat Caballé. ¿Qué hace para convivir con la presión de que la comparen cada vez más con las mejores de la historia?Terapia psicológica. Es algo que hago desde hace años y se la recomiendo a todo el mundo porque te ayuda a conocerte mejor, a poner límites, a sentirte mejor con lo que haces. Los artistas sufrimos mucho estrés y ansiedad, viajamos muchísimo, no podemos hacer siempre la vida que nos gustaría después del trabajo y pasamos demasiado tiempo lejos de la gente a la que queremos, pero cuando nos subimos al escenario el público no puede notar que no estás en tu mejor momento.¿Es el aplauso tan importante como parece?Es un intercambio de energía esencial, nos da un chute que nos puede durar días. El ego es necesario cuando te subes al escenario, pero el aplauso es nuestro alimento. Sin él nada de lo que hacemos tendría mucho sentido. Los cantantes somos muy duros con nosotros mismos, nos exigimos mucho y se agradece el reconocimiento del público.Este año ha hecho su primera incursión en el universo 'händeliano' interpretando a Cleopatra en la ópera 'Giulio Cesare in Egitto'. Lo hizo en su tierra natal, en el Palau de Les Arts Reina Sofía de Valencia. ¿Teme que algún día un robot la sustituya sobre el escenario?No creo que haya nunca un robot capaz de acercarse a la pasión y el sufrimiento de Cleopatra. En la ópera todo es real; las emociones sobre el escenario, la necesidad de que el público esté presente, sin consultar el móvil, sintiendo todo lo que el personaje es capaz de expresar. Llorar o reír con lo que le ocurre a uno de nuestros semejantes es una capacidad extraordinaria del ser humano y no creo que ninguna inteligencia artificial consiga emocionarnos como Giuseppe Verdi, Wolfgang Amadeus Mozart, Richard Wagner, Giacomo Puccini o Gioachino Rossini.Albert Boadella vuelve a Cervantes para hablar de la arroganciaDallas, la ciudad que siempre piensa en grandeLa ola a la que se suben Madrid o París Comentar ÚLTIMA HORA