Martin Parr (1952-2025) es uno de los fotógrafos documentales más destacados e influyentes de las últimas décadas. Entre 1970 y 1973 estudió fotografía en Manchester Polytechnic. El color, una de sus características más reconocibles, no aparecería aún en sus primeros años, utilizando entonces ... un blanco y negro próximo a la tradición documental británica.
Será ya a principios de los 80 cuando comienza a trabajarlo, influido por norteamericanos como William Eggleston o Stephen Shore. Fue también miembro de Magnum Photos, de la que incluso llegó a ser presidente.
Su personal modo de usar los registros cromáticos, muy saturados, será una de sus principales señas de identidad. También el empleo del flash con el que aplana los volúmenes y endurece las superficies, creando una especie de hiperrealismo sorprendentemente atractivo.
Imágenes 'familiares' en la Bienal Xavier Miserachs
Las composiciones, en muchos casos a base de primeros planos y encuadres quebrados y forzados, recogen una amplia diversidad temática: comida, desperdicios, piel quemada por el sol, uñas pintadas, souvenirs, helados, coches, objetos de consumo... Una suerte de arqueología visual del capitalismo cotidiano, que hacen sus obras reconocibles.
Trabajó en tres grandes ejes: el ocio, el consumo y la comunicación. Y para representarlos recurrió a armas tan poderosas y sutiles como el humor y la ironía. El humor usado como un escalpelo –un auténtico instrumento de conocimiento– que disecciona y analiza los comportamientos sociales.
La exposición 'A Matter of Taste' (Cuestión de gustos), concebida también como homenaje tras su fallecimiento en la galería Marc Bibiloni, presenta una cuidada selección de sus obras, divididas en dos espacios. En una primera sala se exhiben de forma transversal fotos pertenecientes a distintas etapas vinculadas a su trayectoria documental. Entre ellas, destacaría 'The Last Resort' y 'Common Sense'. En el primer caso, se trata del gran punto de inflexión de su obra.
Retrata, con mirada crítica pero también empática, el veraneo 'a la británica' de familias trabajadoras en New Brighton, localidad costera cerca de Liverpool: playas saturadas, niños comiendo helados que se derriten, basura, familias sudorosas, comida rápida y arena... Consigue reflejar una especie de 'comédie humaine', bañada –nunca mejor dicho– por la pátina del ocio turísti-co. Un trabajo que le acarrearía inicialmente grandes críticas al acusarle de ridiculizar a la clase obrera.
'Common Sense' es un magistral –y literal– ejercicio de acercamiento conceptual y formal. Aquí el protagonismo no es tanto la gente como sus objetos y fragmentos: bocas, manos, comida, joyas, uñas, souvenirs, piel... Consumo, deseo, abundancia y vulgaridad en plano detalle y macro para representar la sociedad como naturaleza muerta.
La otra sala alberga su relación de casi tres décadas con la moda. Un maridaje singular, aparentemente contradictorio, en el que a través de sus colaboraciones con grandes firmas, 'Vogue' o 'Gucci', consigue que sea la moda, y no a la inversa, la que se adentre en su universo creativo, manteniendo ese estilo de saturación cromática, uso de flash, voluntaria imperfección y humor en contraste con la obviedad de los cuerpos idealizados y el glamour.
En realidad, esta sección plantea algo interesante: cómo la moda descubre que la crítica al consumo puede convertirse en consumo. La estética 'anti-fashion' podía vender moda. Parr se convierte paradójicamente en el fotógrafo perfecto.
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